Para muchas personas, de toda índole, la música es la expresión artística más elevada, aquella en la que se han podido cifrar los mejores elementos de la capacidad que tiene el ser humano para crear e inspirar.

La música nos conmueve, nos tranquiliza, nos ayuda a expresar mejor lo que nuestras palabras no pueden, a veces también puede inspirarnos e incluso darnos fuerza para continuar. En pocas palabras, nos acompaña. Quizá a eso se refería Nietzsche cuando escribió que “la vida sin música sería un error”.

A continuación compartimos algunas ventajas que la música ha traído a nuestra existencia, desde un punto de vista científico pero también filosófico y profundamente vital.

 

El gusto por la música clásica y la evolución

A partir del concepto de “novedad” desde un punto de vista evolutivo, Satoshi Kanazawa, de la London School of Economics and Political Science, encontró que el gusto por la música clásica o meramente instrumental es signo de personas que se adaptan mejor a circunstancias novedosas, esto es, a circunstancias que difieren a aquello que ha sido habitual para las generaciones anteriores.

 

La “piel de gallina”

¿Hay canciones que te provocan escalofríos al grado de ponerte la “piel de gallina”? Un efecto sin duda totalmente previsible de la música, pero que además recientemente se encontró relacionado con un rasgo muy específico del cerebro humano, presente en únicamente algunas personas. De acuerdo con un estudio realizado por Matthew Sachs, de la Universidad de Harvard, ese peculiar efecto de la música sobre el cuerpo está relacionado con una estructura cerebral que, en ciertas personas, conecta con mayor densidad el córtex auditivo con las áreas del cerebro que procesan las emociones, con lo cual la comunicación entre ambas habilidades –escuchar y sentir– ocurre con mayor eficiencia.

 

El efecto inconsciente

La música también un efecto que es posible comprobar fácilmente, sin necesidad de mediciones y aparatos científicos. Basta con recordar la última vez que sentimos una emoción muy viva al escuchar una canción. Alegría, tristeza, nostalgia, melancolía, amor… El espectro es tan amplio como la música misma. Si nos damos cuenta, en este caso ocurre no sólo que la música detona esa emoción, sino además lo hace de tal modo que parece expresar con total precisión lo que sentimos y que, en muchas ocasiones, ni siquiera nosotros mismos podemos poner en palabras. Es como si la música sustituyera esa necesidad y, al hacerlo, se convirtiera en el vehículo idóneo de lo que sentimos. En una secuencia de The Pervert’s Guide to Cinema, Slavoj Zizek ha explicado esto diciendo que dice “con la música nunca se puede estar seguro, pues en la medida en que externaliza nuestras pasiones más profundas, la música es siempre una amenaza”. La música está conectada en nuestro interior con mayor profundidad de lo que solemos creer.

 

Los “gusanos musicales”

A todos nos ha pasado: de pronto, de la nada, tenemos en la mente una canción que no podemos sacarnos de la mente. La escuchamos una y otra vez, a veces a lo largo de muchos días, hasta que llega el momento en que por fin podemos liberarnos de ella. Ese fenómeno tiene en inglés una denominación muy especial y elocuente: “earworms”, “gusanos del oído”, que son a su vez un gran enigma para la neurociencia moderna, que a la fecha no entiende bien a bien por qué surgen, aunque se ha sugerido que podrían ser expresión de la tendencia de nuestro cerebro a formar patrones o un producto de la memoria involuntaria. En Musicophilia, Oliver Sacks comparó los “earworms” con las alucinaciones delirantes que el cerebro es capaz de generar en personas afectadas por la locura.

 

¿La música clásica te hace más inteligente?

Esta es probablemente una de las ideas más extendidas a propósito de la música clásica y, desde hace varios años, algunos estudios científicos han aportado algunos datos que podrían probar su realidad.

Sin embargo, más allá de dichas investigaciones, podríamos tan sólo considerar que la música clásica suele requerir de algunas condiciones para disfrutarla. Lo cierto es que cuando podemos concentrarnos en su escucha y cuando tenemos la curiosidad de saber más sobre una obra en específico (su estructura musical, las circunstancias de su composición, etc.), la experiencia de escuchar música clásica suele ser más agradable y enriquecedora. Y si bien esto lo podemos hacer con casi cualquier género, el genio que suele acompañar la creación de música clásica provoca que dicho esfuerzo de comprensión sea retribuido con mayor generosidad. En este sentido puede aceptarse que escucha música clásica no es sencillo, pero, al mismo tiempo, que dicha dificultad es estimulante.

Concentración, curiosidad y estudio: sin duda tres cualidades que, sabemos bien, nutren la inteligencia de cualquiera.

 

Pero la música sí te hace más creativo, ¿cierto?

Posiblemente. Aunque quizá sólo la música “feliz”. De acuerdo con una investigación llevada a cabo por Simone M. Ritter y Sam Ferguson (de la Universidad Radboud de Nijmegen, Holanda, y de la Universidad Tecnológica de Sydney, respectivamente), la música de ánimo alegre, como la Primavera de Vivaldi, provoca en quien la escucha un efecto de tranquilidad y alegría que a su vez favorece el llamado “pensamiento divergente”, esto es, resolver un problema proponiendo soluciones inesperadas y novedosas.

 

También en Faena Aleph: ¿Quieres saber qué se siente ser libre? Escucha jazz (Sartre lo recomienda)

Para muchas personas, de toda índole, la música es la expresión artística más elevada, aquella en la que se han podido cifrar los mejores elementos de la capacidad que tiene el ser humano para crear e inspirar.

La música nos conmueve, nos tranquiliza, nos ayuda a expresar mejor lo que nuestras palabras no pueden, a veces también puede inspirarnos e incluso darnos fuerza para continuar. En pocas palabras, nos acompaña. Quizá a eso se refería Nietzsche cuando escribió que “la vida sin música sería un error”.

A continuación compartimos algunas ventajas que la música ha traído a nuestra existencia, desde un punto de vista científico pero también filosófico y profundamente vital.

 

El gusto por la música clásica y la evolución

A partir del concepto de “novedad” desde un punto de vista evolutivo, Satoshi Kanazawa, de la London School of Economics and Political Science, encontró que el gusto por la música clásica o meramente instrumental es signo de personas que se adaptan mejor a circunstancias novedosas, esto es, a circunstancias que difieren a aquello que ha sido habitual para las generaciones anteriores.

 

La “piel de gallina”

¿Hay canciones que te provocan escalofríos al grado de ponerte la “piel de gallina”? Un efecto sin duda totalmente previsible de la música, pero que además recientemente se encontró relacionado con un rasgo muy específico del cerebro humano, presente en únicamente algunas personas. De acuerdo con un estudio realizado por Matthew Sachs, de la Universidad de Harvard, ese peculiar efecto de la música sobre el cuerpo está relacionado con una estructura cerebral que, en ciertas personas, conecta con mayor densidad el córtex auditivo con las áreas del cerebro que procesan las emociones, con lo cual la comunicación entre ambas habilidades –escuchar y sentir– ocurre con mayor eficiencia.

 

El efecto inconsciente

La música también un efecto que es posible comprobar fácilmente, sin necesidad de mediciones y aparatos científicos. Basta con recordar la última vez que sentimos una emoción muy viva al escuchar una canción. Alegría, tristeza, nostalgia, melancolía, amor… El espectro es tan amplio como la música misma. Si nos damos cuenta, en este caso ocurre no sólo que la música detona esa emoción, sino además lo hace de tal modo que parece expresar con total precisión lo que sentimos y que, en muchas ocasiones, ni siquiera nosotros mismos podemos poner en palabras. Es como si la música sustituyera esa necesidad y, al hacerlo, se convirtiera en el vehículo idóneo de lo que sentimos. En una secuencia de The Pervert’s Guide to Cinema, Slavoj Zizek ha explicado esto diciendo que dice “con la música nunca se puede estar seguro, pues en la medida en que externaliza nuestras pasiones más profundas, la música es siempre una amenaza”. La música está conectada en nuestro interior con mayor profundidad de lo que solemos creer.

 

Los “gusanos musicales”

A todos nos ha pasado: de pronto, de la nada, tenemos en la mente una canción que no podemos sacarnos de la mente. La escuchamos una y otra vez, a veces a lo largo de muchos días, hasta que llega el momento en que por fin podemos liberarnos de ella. Ese fenómeno tiene en inglés una denominación muy especial y elocuente: “earworms”, “gusanos del oído”, que son a su vez un gran enigma para la neurociencia moderna, que a la fecha no entiende bien a bien por qué surgen, aunque se ha sugerido que podrían ser expresión de la tendencia de nuestro cerebro a formar patrones o un producto de la memoria involuntaria. En Musicophilia, Oliver Sacks comparó los “earworms” con las alucinaciones delirantes que el cerebro es capaz de generar en personas afectadas por la locura.

 

¿La música clásica te hace más inteligente?

Esta es probablemente una de las ideas más extendidas a propósito de la música clásica y, desde hace varios años, algunos estudios científicos han aportado algunos datos que podrían probar su realidad.

Sin embargo, más allá de dichas investigaciones, podríamos tan sólo considerar que la música clásica suele requerir de algunas condiciones para disfrutarla. Lo cierto es que cuando podemos concentrarnos en su escucha y cuando tenemos la curiosidad de saber más sobre una obra en específico (su estructura musical, las circunstancias de su composición, etc.), la experiencia de escuchar música clásica suele ser más agradable y enriquecedora. Y si bien esto lo podemos hacer con casi cualquier género, el genio que suele acompañar la creación de música clásica provoca que dicho esfuerzo de comprensión sea retribuido con mayor generosidad. En este sentido puede aceptarse que escucha música clásica no es sencillo, pero, al mismo tiempo, que dicha dificultad es estimulante.

Concentración, curiosidad y estudio: sin duda tres cualidades que, sabemos bien, nutren la inteligencia de cualquiera.

 

Pero la música sí te hace más creativo, ¿cierto?

Posiblemente. Aunque quizá sólo la música “feliz”. De acuerdo con una investigación llevada a cabo por Simone M. Ritter y Sam Ferguson (de la Universidad Radboud de Nijmegen, Holanda, y de la Universidad Tecnológica de Sydney, respectivamente), la música de ánimo alegre, como la Primavera de Vivaldi, provoca en quien la escucha un efecto de tranquilidad y alegría que a su vez favorece el llamado “pensamiento divergente”, esto es, resolver un problema proponiendo soluciones inesperadas y novedosas.

 

También en Faena Aleph: ¿Quieres saber qué se siente ser libre? Escucha jazz (Sartre lo recomienda)