Cada año desaparecen de instituciones y galerías en todo el mundo cientos de obras de arte.  Muchas de ellas terminan siendo prenda del crimen organizado para sellar alianzas y tratos, algunas otras deben de terminar en el mercado negro y lamentablemente la gran mayoría no podrán ser recuperadas.  Ojalá y algunas de esas obras perdidas pudieran terminar siendo parte de una fantasía como la que nos introduce el director Léo Verrier.

Dripped es un homenaje a Jackson Pollock (1912-1956), creador de la carne informe, el movimiento y la celeridad del expresionismo abstracto. En su animación Verrier nos invita al Nueva York de los cuarentas, en donde un ladrón de arte no desea poseer las obras para su contemplación o beneficio económico, las conserva y las devora porque alteran su cuerpo y espíritu. El personaje principal adquiere los poderes plásticos de las obras que engulle, y gravita en la fantasía que nos remite a los primeros tiempos del arte en que la magia y la obra eran uno.

En su pequeño departamento posee obras clásicas y modernas, después de haberlas devorado se decide a hacer su propia pintura –tal vez aludiendo a las referencias de las que se nutre el artista visual para luego crear–. Después de intentar digerir un bodegón fallido de su autoría, el frustrado creador reacciona violentamente encontrándose con la esencia de su creación: el dripping, sello creativo que Pollock llevó a sus últimas consecuencias.

La obra de Pollock convulsionó Nueva York, la capital del arte en la segunda mitad del siglo XX. Críticos como Clement Greenberg  y Harold Rosenberg escribían sobre la nueva tendencia del arte; la pintura debía de poseer volumen, cuerpo y fuerza que se alejara de la figuración par acercar al espectador a los terrenos indescifrables de la contemplación meditativa. Una pintura que necesitaba del carácter pasional y aguerrido que poseían sus dos principales exponentes Mark Rothko y Jackson Pollock.  Estos dos creadores definieron el curso del arte en el siglo XXI.

Con esta pieza se rinde homenaje a quien alteró el acto vertical de la pintura (en un caballete) y lo llevo a la horizontalidad (sobre el suelo). Conectado con la plástica de la tierra, la gravedad y la viscosidad de la pintura Jackson Pollock transformo el mundo.

Cada año desaparecen de instituciones y galerías en todo el mundo cientos de obras de arte.  Muchas de ellas terminan siendo prenda del crimen organizado para sellar alianzas y tratos, algunas otras deben de terminar en el mercado negro y lamentablemente la gran mayoría no podrán ser recuperadas.  Ojalá y algunas de esas obras perdidas pudieran terminar siendo parte de una fantasía como la que nos introduce el director Léo Verrier.

Dripped es un homenaje a Jackson Pollock (1912-1956), creador de la carne informe, el movimiento y la celeridad del expresionismo abstracto. En su animación Verrier nos invita al Nueva York de los cuarentas, en donde un ladrón de arte no desea poseer las obras para su contemplación o beneficio económico, las conserva y las devora porque alteran su cuerpo y espíritu. El personaje principal adquiere los poderes plásticos de las obras que engulle, y gravita en la fantasía que nos remite a los primeros tiempos del arte en que la magia y la obra eran uno.

En su pequeño departamento posee obras clásicas y modernas, después de haberlas devorado se decide a hacer su propia pintura –tal vez aludiendo a las referencias de las que se nutre el artista visual para luego crear–. Después de intentar digerir un bodegón fallido de su autoría, el frustrado creador reacciona violentamente encontrándose con la esencia de su creación: el dripping, sello creativo que Pollock llevó a sus últimas consecuencias.

La obra de Pollock convulsionó Nueva York, la capital del arte en la segunda mitad del siglo XX. Críticos como Clement Greenberg  y Harold Rosenberg escribían sobre la nueva tendencia del arte; la pintura debía de poseer volumen, cuerpo y fuerza que se alejara de la figuración par acercar al espectador a los terrenos indescifrables de la contemplación meditativa. Una pintura que necesitaba del carácter pasional y aguerrido que poseían sus dos principales exponentes Mark Rothko y Jackson Pollock.  Estos dos creadores definieron el curso del arte en el siglo XXI.

Con esta pieza se rinde homenaje a quien alteró el acto vertical de la pintura (en un caballete) y lo llevo a la horizontalidad (sobre el suelo). Conectado con la plástica de la tierra, la gravedad y la viscosidad de la pintura Jackson Pollock transformo el mundo.

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