El espíritu del movimiento Occupy, esa fiebre colectiva, proactiva y callejera, se desdobla en una vertiente crítica del sistema alimenticio dominante. Edible City: Grow the Revolution es un documental open-source sobre la comunidad de productores de comida orgánica en San Francisco y en su fascinante filosofía de vida.

Este movimiento orgánico de protesta propositiva cuenta con un estimulante “subsuelo” ideológico, el cual que busca germinar una transformación no solo de la manera en la que crecemos nuestros alimentos, también en cómo los pensamos. La comida es nuestra conexión con la Tierra y en cierta forma es un vehículo prístino de la conciencia. De este acercamiento a la tierra para cultivar alimentos con una clara intención de nutrición surge una fraternidad, un sentido de pertenencia. Más que protestar o lamentar las prácticas que llevan a cabo las grandes compañías del llamado Big Food, se trata de ir creando poco a poco un espacio sostenible e independiente, donde se pueda desarrollar una economía local. La exigencia es solamente la posibilidad de crecer estos apriscos: el derecho no solo a proveer comida sino los recursos que las personas necesitan para tener comida: tierra, semillas (locales, no modificadas) agua y educación.

Inspirados por ese modelo en el que la comunidad que aprende de los procesos naturales de crecimiento de los alimentos, los creadores de Edible City proponen la creación de una red para compartir los conocimientos. Esto se puede extrapolar a un nuevo (y a la vez primario) paradigma económico basado en el intercambio. Acaso similar a los que plantea Charles Eisenstein en su libro Economía Sagrada: Dinero, Regalo y Sociedad en Era de Transición.

La idea revolucionaria, y a la vez tan sencilla y antigua, es que la abundancia no tiene que ver con la acumulación sino con la circulación en la forma del regalo. Si un agricultor tiene una gran cosecha un año y en vez de guardarla celosamente la comparte con su comunidad, este acto genera gratitud. Lo anterior fertiliza el tejido social y es a su vez una semilla para el futuro: cuando ese agricultor no se vea favorecido por las vicisitudes de la cosecha, seguramente será resguardado por los demás.

En pocas palabras, Edible City busca crear una ciudad comestible donde el ambiente, y todo lo que nos rodea, pueda nutrirnos.

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El espíritu del movimiento Occupy, esa fiebre colectiva, proactiva y callejera, se desdobla en una vertiente crítica del sistema alimenticio dominante. Edible City: Grow the Revolution es un documental open-source sobre la comunidad de productores de comida orgánica en San Francisco y en su fascinante filosofía de vida.

Este movimiento orgánico de protesta propositiva cuenta con un estimulante “subsuelo” ideológico, el cual que busca germinar una transformación no solo de la manera en la que crecemos nuestros alimentos, también en cómo los pensamos. La comida es nuestra conexión con la Tierra y en cierta forma es un vehículo prístino de la conciencia. De este acercamiento a la tierra para cultivar alimentos con una clara intención de nutrición surge una fraternidad, un sentido de pertenencia. Más que protestar o lamentar las prácticas que llevan a cabo las grandes compañías del llamado Big Food, se trata de ir creando poco a poco un espacio sostenible e independiente, donde se pueda desarrollar una economía local. La exigencia es solamente la posibilidad de crecer estos apriscos: el derecho no solo a proveer comida sino los recursos que las personas necesitan para tener comida: tierra, semillas (locales, no modificadas) agua y educación.

Inspirados por ese modelo en el que la comunidad que aprende de los procesos naturales de crecimiento de los alimentos, los creadores de Edible City proponen la creación de una red para compartir los conocimientos. Esto se puede extrapolar a un nuevo (y a la vez primario) paradigma económico basado en el intercambio. Acaso similar a los que plantea Charles Eisenstein en su libro Economía Sagrada: Dinero, Regalo y Sociedad en Era de Transición.

La idea revolucionaria, y a la vez tan sencilla y antigua, es que la abundancia no tiene que ver con la acumulación sino con la circulación en la forma del regalo. Si un agricultor tiene una gran cosecha un año y en vez de guardarla celosamente la comparte con su comunidad, este acto genera gratitud. Lo anterior fertiliza el tejido social y es a su vez una semilla para el futuro: cuando ese agricultor no se vea favorecido por las vicisitudes de la cosecha, seguramente será resguardado por los demás.

En pocas palabras, Edible City busca crear una ciudad comestible donde el ambiente, y todo lo que nos rodea, pueda nutrirnos.

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