En el 2010 Björk estrenó uno de los álbumes más revolucionarios de todos los tiempos: Biophilia. La obra combinó la música de esta artista con una visión innovadora de la naturaleza y la tecnología para crear un magno proyecto multimedia. Con su álbum/app interactivo, Björk hizo florecer un mini-universo asequible, estético, que se desenvuelve ante nuestros ojos y oídos.

Seis años después, el torbellino Biophilia no ha terminado de detonar transformaciones y su impacto lo ha llevado a infiltrarse en un ámbito inesperado: la educación. La singular propuesta educativa de esta maga musical es orgánica, y se centra en potenciar nuestra comprensión de la naturaleza, y nuestro papel en el universo.

La exploración del cosmos a través de los lazos que nos atan a él debería representar uno de los conocimientos fundamentales de nuestra formación, sin embargo, este se pierde entre las páginas de aburridos libros de texto. Para combatir esto, los pedagogos nórdicos se han sumado a Björk para sacar a los estudiantes del ambiente restrictivo de los salones de clases y demostrándoles esta interconexión universal. El uso de tecnologías multimedia significa que este  es un proyecto que simultáneamente resuena con estudiantes jóvenes y que sacude un sistema educativo anticuado.

El programa ha sido implementado a través de una serie de talleres en Islandia y se mudó a Nueva York en el 2012, mientras que Björk ocupaba su residencia en el Hall of Science de la misma. Hasta la fecha el programa ha sido enseñado exitosamente en París, Oslo, Sao Paulo, Buenos Aires, Manchester, Los Ángeles y San Francisco, y ha sido particularmente exitoso con estudiantes que tienen trastorno de déficit de atención.

Björk es una de esas figuras que resuena y hace resonar el cambio. Fluye de un ámbito al otro y deja tras de sí un camino diferente, que vibra con elementos que siempre debieron estar ahí. Y en este sentido, más que en ninguno de los múltiples rubros en los que se encuentra activa, resulta un personaje ejemplar, una arquitecta del destino individual, y colectivo.

 

 

Imagen: Public Domain

 

En el 2010 Björk estrenó uno de los álbumes más revolucionarios de todos los tiempos: Biophilia. La obra combinó la música de esta artista con una visión innovadora de la naturaleza y la tecnología para crear un magno proyecto multimedia. Con su álbum/app interactivo, Björk hizo florecer un mini-universo asequible, estético, que se desenvuelve ante nuestros ojos y oídos.

Seis años después, el torbellino Biophilia no ha terminado de detonar transformaciones y su impacto lo ha llevado a infiltrarse en un ámbito inesperado: la educación. La singular propuesta educativa de esta maga musical es orgánica, y se centra en potenciar nuestra comprensión de la naturaleza, y nuestro papel en el universo.

La exploración del cosmos a través de los lazos que nos atan a él debería representar uno de los conocimientos fundamentales de nuestra formación, sin embargo, este se pierde entre las páginas de aburridos libros de texto. Para combatir esto, los pedagogos nórdicos se han sumado a Björk para sacar a los estudiantes del ambiente restrictivo de los salones de clases y demostrándoles esta interconexión universal. El uso de tecnologías multimedia significa que este  es un proyecto que simultáneamente resuena con estudiantes jóvenes y que sacude un sistema educativo anticuado.

El programa ha sido implementado a través de una serie de talleres en Islandia y se mudó a Nueva York en el 2012, mientras que Björk ocupaba su residencia en el Hall of Science de la misma. Hasta la fecha el programa ha sido enseñado exitosamente en París, Oslo, Sao Paulo, Buenos Aires, Manchester, Los Ángeles y San Francisco, y ha sido particularmente exitoso con estudiantes que tienen trastorno de déficit de atención.

Björk es una de esas figuras que resuena y hace resonar el cambio. Fluye de un ámbito al otro y deja tras de sí un camino diferente, que vibra con elementos que siempre debieron estar ahí. Y en este sentido, más que en ninguno de los múltiples rubros en los que se encuentra activa, resulta un personaje ejemplar, una arquitecta del destino individual, y colectivo.

 

 

Imagen: Public Domain