Un buen viajero sabe que para encontrar el soberbio refinamiento de Praga debe hurgar a fondo, porque su ahora eterna población flotante esconde –con incontables tiendas de recuerdos y casetas de cambio– la impresionante huella de un pasado insólito y poderoso. El recién hallazgo de un laboratorio de alquimia del siglo XVI bajo los escombros de centro de la ciudad conmemora lo anterior.

En agosto del 2002, la capital de la República Checa se preparó para hacer frente al peor de los escenarios posibles. Se vio obligada a evacuar a miles de personas y a apilar sacos de arena ante el inminente riesgo de inundación provocada por la crecida del río Moldava. El agua penetró en el subsuelo y dañó los cimientos de edificios, que se debieron derrumbar o reconstruir. Fue entonces cuando, en medio de esta labor, se descubrió un pasaje subterráneo que conducía a uno de los edificios más viejos de Praga, que data al menos del siglo XVI. En el interior del túnel de la calle Haštalská encontraron un polvoriento laboratorio de alquimia cuya entrada, hacía siglos, fue herméticamente sellada.

En los tiempos que ese laboratorio estuvo en uso reinaba el emperador Rodolfo II, quien aunque no fue precisamente un líder efectivo, trasladó su interés por la astrología, la magia y la alquimia al Castillo de Praga. Durante su reinado convirtió a la capital checa en el centro europeo de las artes oscuras, y posiblemente creó el periodo más activo de practicas ocultas de la historia. A su alrededor afluyeron astrólogos como Johannes Kepler y Tycho Brahe, alquimistas y otro tipo de magus como Edward Kelley y John Dee.

En el laboratorio alquímico hallaron algunas botellas que contenían brebajes y pócimas supuestamente mágicas, además de un atanor, que era el horno de los alquimistas. Ahora se sabe que ese elixir contiene 77 hierbas medicinales maceradas en alcohol y opio, y por lo tanto se cree que provocaba aturdimiento de los sentidos.

Hoy, el misterioso laboratorio de alquimia que debió recibir la visita de importantes científicos y alquimistas de la época que buscaban no solo transformar metales en oro sino también alterar la percepción cognitiva, ha sido reconvertido en el museo Speculum Alchemiae, que abrió sus puertas en 2012. En su interior se puede adquirir el Elixir de la Juventud, producido según la histórica receta –con excepción de algunos ingredientes hoy prohibidos–.

Un buen viajero sabe que para encontrar el soberbio refinamiento de Praga debe hurgar a fondo, porque su ahora eterna población flotante esconde –con incontables tiendas de recuerdos y casetas de cambio– la impresionante huella de un pasado insólito y poderoso. El recién hallazgo de un laboratorio de alquimia del siglo XVI bajo los escombros de centro de la ciudad conmemora lo anterior.

En agosto del 2002, la capital de la República Checa se preparó para hacer frente al peor de los escenarios posibles. Se vio obligada a evacuar a miles de personas y a apilar sacos de arena ante el inminente riesgo de inundación provocada por la crecida del río Moldava. El agua penetró en el subsuelo y dañó los cimientos de edificios, que se debieron derrumbar o reconstruir. Fue entonces cuando, en medio de esta labor, se descubrió un pasaje subterráneo que conducía a uno de los edificios más viejos de Praga, que data al menos del siglo XVI. En el interior del túnel de la calle Haštalská encontraron un polvoriento laboratorio de alquimia cuya entrada, hacía siglos, fue herméticamente sellada.

En los tiempos que ese laboratorio estuvo en uso reinaba el emperador Rodolfo II, quien aunque no fue precisamente un líder efectivo, trasladó su interés por la astrología, la magia y la alquimia al Castillo de Praga. Durante su reinado convirtió a la capital checa en el centro europeo de las artes oscuras, y posiblemente creó el periodo más activo de practicas ocultas de la historia. A su alrededor afluyeron astrólogos como Johannes Kepler y Tycho Brahe, alquimistas y otro tipo de magus como Edward Kelley y John Dee.

En el laboratorio alquímico hallaron algunas botellas que contenían brebajes y pócimas supuestamente mágicas, además de un atanor, que era el horno de los alquimistas. Ahora se sabe que ese elixir contiene 77 hierbas medicinales maceradas en alcohol y opio, y por lo tanto se cree que provocaba aturdimiento de los sentidos.

Hoy, el misterioso laboratorio de alquimia que debió recibir la visita de importantes científicos y alquimistas de la época que buscaban no solo transformar metales en oro sino también alterar la percepción cognitiva, ha sido reconvertido en el museo Speculum Alchemiae, que abrió sus puertas en 2012. En su interior se puede adquirir el Elixir de la Juventud, producido según la histórica receta –con excepción de algunos ingredientes hoy prohibidos–.

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