Durante las últimas 4 décadas, el trabajo del artista Wendell Castle (Kansas, 1932) ha barrido la virtual frontera que existe entre el arte y el diseño de muebles. Sus piezas, extrañas y singulares, son verdaderos seres mobiliarios, tan pertinentes en un museo como en una simple sala de estar.

Castle es considerado uno de los padres de la escuela American studio furniture movement. Junto a Sam Malouf (que fue maestro de Castle), el estadounidense es creador de piezas que funden la gracia y la funcionalidad, muebles que irradian una personalidad que jamás pasa desapercibida.

Sus obras, hechas en su mayoría de madera y fibra de vidrio, desafían las convenciones del diseño y en muchos casos tienen formas y siluetas orgánicas que podrían recordar contornos de la naturaleza como los de un animal o una planta y, por lo mismo, adquieren un cierto halo totémico, como si se tratase de ritos condensados en materia palpable. Sus trabajos en madera son suntuosos y llenos de personalidad. Castle ha desarrollado técnicas propias; una de las más famosas es adherir varias piezas de madera y esculpirlas como una sola.

Cada uno de los muebles de Wendell Castle tiene una identidad irrepetible dictada, entre otros elementos, por sus sugerentes nombres. Muse (musa), code (código), alchemist (alquimista) sorcerer (hechicero) y karma son algunos de los fantásticos nombres de sus piezas, los cuales complementan la presencia de cada obra.

Más allá del evidente virtuosismo de Castle, sus muebles incurren en una suerte de autotrascendencia, es decir, rebasan los límites prácticos, e incluso los estéticos, que podrían esperarse del mobiliario, y terminan obsequiándonos, al igual que los muebles-fantasma del diseñador escocés Charles Mackintosh, un precioso recordatorio: los límites entre la cotidianidad y la fantasía son mucho más endebles de lo que muchos creemos; por eso, el más ordinario de los objetos puede fungir como un portal a otro mundo, o al menos así lo sugiere cada obra de este mago del mobiliario.

*Imagen: efpeditor – video

Durante las últimas 4 décadas, el trabajo del artista Wendell Castle (Kansas, 1932) ha barrido la virtual frontera que existe entre el arte y el diseño de muebles. Sus piezas, extrañas y singulares, son verdaderos seres mobiliarios, tan pertinentes en un museo como en una simple sala de estar.

Castle es considerado uno de los padres de la escuela American studio furniture movement. Junto a Sam Malouf (que fue maestro de Castle), el estadounidense es creador de piezas que funden la gracia y la funcionalidad, muebles que irradian una personalidad que jamás pasa desapercibida.

Sus obras, hechas en su mayoría de madera y fibra de vidrio, desafían las convenciones del diseño y en muchos casos tienen formas y siluetas orgánicas que podrían recordar contornos de la naturaleza como los de un animal o una planta y, por lo mismo, adquieren un cierto halo totémico, como si se tratase de ritos condensados en materia palpable. Sus trabajos en madera son suntuosos y llenos de personalidad. Castle ha desarrollado técnicas propias; una de las más famosas es adherir varias piezas de madera y esculpirlas como una sola.

Cada uno de los muebles de Wendell Castle tiene una identidad irrepetible dictada, entre otros elementos, por sus sugerentes nombres. Muse (musa), code (código), alchemist (alquimista) sorcerer (hechicero) y karma son algunos de los fantásticos nombres de sus piezas, los cuales complementan la presencia de cada obra.

Más allá del evidente virtuosismo de Castle, sus muebles incurren en una suerte de autotrascendencia, es decir, rebasan los límites prácticos, e incluso los estéticos, que podrían esperarse del mobiliario, y terminan obsequiándonos, al igual que los muebles-fantasma del diseñador escocés Charles Mackintosh, un precioso recordatorio: los límites entre la cotidianidad y la fantasía son mucho más endebles de lo que muchos creemos; por eso, el más ordinario de los objetos puede fungir como un portal a otro mundo, o al menos así lo sugiere cada obra de este mago del mobiliario.

*Imagen: efpeditor – video