La realidad del mundo puede ser una fuente de angustia. En Bagdad, por ejemplo, las bombas se han vuelto parte del acontecer diario de sus habitantes, que casi se han acostumbrado a su terrible estado de guerra. Recientemente, sin embargo, cuando un carro-bomba detonó en el concurrido barrio Mansour y mató al menos diez personas, ocurrió algo inusual, un acto luminoso.

Karim Wasfi, el renombrado conductor de la Orquesta Sinfónica Nacional de Irak, llegó al sitio de la explosión mientras los soldados aseguraban el área, tomó asiento en una pequeña silla que traía consigo, desenfundó su cello y comenzó a tocar. La escena fue tan poderosa e inesperada que los soldados y civiles callaron, y algunos incluso comenzaron a llorar. ¿Por qué este hombre decidió llegar allí a tocar su cello?

En entrevista, Wasfi apuntó que fue un acto para “tratar de ecualizar las cosas, para llegar a un equilibrio entre el horror, la locura y lo grotesco, los actos indecentes de terror y los actos de belleza, creatividad y refinamiento”.

El músico llegó al lugar del bombardeo para contrarrestar, por medio de la creación musical, la masacre y la muerte con una manifestación vida. “Cuando las cosas están fuera de sí y anormales como esto, tengo la obligación de inspirar a la gente, compartir esperanza, perseverancia, dedicación, y preservar un momentum de vida”, comentó.

Semejante logro de un artista ocurre, desde luego, con muy poca frecuencia; el haberlo presenciado, y más aún, el hecho de que el video se haya viralizado en la red y tantas personas remotas lo hayan visto significa que hay un punto de luz que cambia la “normalidad” de la las cosas. Si la violencia es una constante en Bagdad, no es por fuerza la que debe determinar el sentido de sus historias. De sus declaraciones sobre el mundo.

Karim Wasfi hizo mucho más que consolar al lugar destruido por el carro-bomba y a quienes se encontraban allí; abrió una deslumbrante ventana para cuestionar la costumbre bélica, las muertes, el abuso de la prolongada invasión en Irak y proponer otro tipo de costumbre: la del consuelo del arte. Ante la pregunta de por qué resistía violencia con música, Wasfi dijo:

Porque refina y cultiva. Porque inspira a la gente. Porque desarrolla mejores cerebros. Porque te ayuda con las matemáticas y la física. Porque te ayuda con el arte y la pintura. […] Porque puedes respirar mejor. Porque puedes pensar mejor y más claro. Porque puedes hallar talento dentro de ti. Y, antes que todo eso, porque es un lenguaje internacional de entendimiento mutuo. Es todo.

Después de enterarse de toda la atención internacional que recibió su video, el conductor de orquesta comentó que por mucho tiempo ha querido organizar una iniciativa en contra de la locura y el impacto de la inestabilidad con el arma de la música. Y si la música es eso que tiene la agencia de “hacernos respirar mejor”, de conciliar al mundo con sí mismo, esperemos que así sea. A menudo basta un episodio de luz entre la obscuridad acostumbrada para detonar toda la luz que está enterrada.

La realidad del mundo puede ser una fuente de angustia. En Bagdad, por ejemplo, las bombas se han vuelto parte del acontecer diario de sus habitantes, que casi se han acostumbrado a su terrible estado de guerra. Recientemente, sin embargo, cuando un carro-bomba detonó en el concurrido barrio Mansour y mató al menos diez personas, ocurrió algo inusual, un acto luminoso.

Karim Wasfi, el renombrado conductor de la Orquesta Sinfónica Nacional de Irak, llegó al sitio de la explosión mientras los soldados aseguraban el área, tomó asiento en una pequeña silla que traía consigo, desenfundó su cello y comenzó a tocar. La escena fue tan poderosa e inesperada que los soldados y civiles callaron, y algunos incluso comenzaron a llorar. ¿Por qué este hombre decidió llegar allí a tocar su cello?

En entrevista, Wasfi apuntó que fue un acto para “tratar de ecualizar las cosas, para llegar a un equilibrio entre el horror, la locura y lo grotesco, los actos indecentes de terror y los actos de belleza, creatividad y refinamiento”.

El músico llegó al lugar del bombardeo para contrarrestar, por medio de la creación musical, la masacre y la muerte con una manifestación vida. “Cuando las cosas están fuera de sí y anormales como esto, tengo la obligación de inspirar a la gente, compartir esperanza, perseverancia, dedicación, y preservar un momentum de vida”, comentó.

Semejante logro de un artista ocurre, desde luego, con muy poca frecuencia; el haberlo presenciado, y más aún, el hecho de que el video se haya viralizado en la red y tantas personas remotas lo hayan visto significa que hay un punto de luz que cambia la “normalidad” de la las cosas. Si la violencia es una constante en Bagdad, no es por fuerza la que debe determinar el sentido de sus historias. De sus declaraciones sobre el mundo.

Karim Wasfi hizo mucho más que consolar al lugar destruido por el carro-bomba y a quienes se encontraban allí; abrió una deslumbrante ventana para cuestionar la costumbre bélica, las muertes, el abuso de la prolongada invasión en Irak y proponer otro tipo de costumbre: la del consuelo del arte. Ante la pregunta de por qué resistía violencia con música, Wasfi dijo:

Porque refina y cultiva. Porque inspira a la gente. Porque desarrolla mejores cerebros. Porque te ayuda con las matemáticas y la física. Porque te ayuda con el arte y la pintura. […] Porque puedes respirar mejor. Porque puedes pensar mejor y más claro. Porque puedes hallar talento dentro de ti. Y, antes que todo eso, porque es un lenguaje internacional de entendimiento mutuo. Es todo.

Después de enterarse de toda la atención internacional que recibió su video, el conductor de orquesta comentó que por mucho tiempo ha querido organizar una iniciativa en contra de la locura y el impacto de la inestabilidad con el arma de la música. Y si la música es eso que tiene la agencia de “hacernos respirar mejor”, de conciliar al mundo con sí mismo, esperemos que así sea. A menudo basta un episodio de luz entre la obscuridad acostumbrada para detonar toda la luz que está enterrada.

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