Músculo y metáfora, palabra y objeto. Ya sea en un emblema religioso, en una tarjeta de San Valentín o en un mensaje de texto, el corazón tiene un lugar preponderante, arquetípico, en nuestra psique. Es, de hecho, el único órgano humano que es representado consistentemente en casi cada aspecto de nuestro imaginario. Tanto sus diversas representaciones gráficas, como su simbolismo hablan, en un lenguaje casi primitivo, de la vida emocional y espiritual del hombre.

Las representaciones más antiguas que se conocen del corazón datan de la Era del Hielo y, a lo largo de la historia, varias culturas —la egipcia (para quienes el corazón era un depósito del saber), la griega, la romana e incluso las culturas nativas americanas— lo consideraron un órgano vital, sostén de la vida y hogar del alma o el espíritu.

El Medievo europeo vio una transformación del símbolo del corazón, en parte, gracias a las innumerables referencias a este órgano que aparecen en la Biblia. Así, a partir del año 1000 de nuestra era, el corazón aparece en representaciones cristianas como el símbolo del amor de Cristo, casi siempre emitiendo rayos luminosos y, en ocasiones, marcado por heridas que simbolizaban el sufrimiento que padeció antes de morir. Durante este periodo, el corazón puede encontrarse frecuentemente en la heráldica, como símbolo de la claridad y la verdad y, muchas veces, del Santo Grial. Además, y especialmente durante las Cruzadas, nació la práctica de enterrar el corazón por separado del cuerpo. Si se trataba, por ejemplo, de un guerrero que había muerto lejos de su hogar, su corazón era llevado a casa, para que ahí pudiera descansar. Esto refleja el papel de este órgano como una de las partes más esenciales (contenedoras de esencia) del cuerpo humano. Finalmente, en esta época, el corazón era considerado como una suerte de talismán.

Fue hasta a partir del siglo XVIII que el corazón se convirtió en un símbolo romántico, sinónimo o, mejor dicho, hogar del sentimiento amoroso y protagonista de tarjetas y otra parafernalia relacionada con el Día de San Valentín y los enamorados.

Algunos expertos y estudiosos de símbolos especulan que fue la forma del corazón lo que generó su relación con el amor; estas teorías sostienen que su silueta es parecida a la de una hoja de hiedra, que es un símbolo de la fidelidad; otros lo relacionan con la forma del silfio, planta hoy extinta que tuvo usos comestibles y medicinales (como anticonceptivo, principalmente) en el mundo grecolatino. Otros creen que el simbolismo del corazón nació con algunos escritos de Aristóteles, populares en la Edad Media, sobre su anatomía; en ellos, el filósofo señalaba que el órgano tendría tres cámaras con una melladura en el centro.

Hoy sabemos que este órgano (con infinitas propiedades metafísicas) no es el lugar donde nuestras emociones ocurren, y es curioso que haya sido designado el contenedor de los sentimientos humanos en su faceta más luminosa y también en la más oscura. Aún así, el corazón se rompe, se ofrece, da vuelcos, se hincha de emoción, puede ser valeroso o puro, y una parte de él puede pertenecer a otros.

Esta es una pequeña colección compartida por The Public Domain Review de representaciones del corazón humano::

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Imágenes: Public Domain Review

Músculo y metáfora, palabra y objeto. Ya sea en un emblema religioso, en una tarjeta de San Valentín o en un mensaje de texto, el corazón tiene un lugar preponderante, arquetípico, en nuestra psique. Es, de hecho, el único órgano humano que es representado consistentemente en casi cada aspecto de nuestro imaginario. Tanto sus diversas representaciones gráficas, como su simbolismo hablan, en un lenguaje casi primitivo, de la vida emocional y espiritual del hombre.

Las representaciones más antiguas que se conocen del corazón datan de la Era del Hielo y, a lo largo de la historia, varias culturas —la egipcia (para quienes el corazón era un depósito del saber), la griega, la romana e incluso las culturas nativas americanas— lo consideraron un órgano vital, sostén de la vida y hogar del alma o el espíritu.

El Medievo europeo vio una transformación del símbolo del corazón, en parte, gracias a las innumerables referencias a este órgano que aparecen en la Biblia. Así, a partir del año 1000 de nuestra era, el corazón aparece en representaciones cristianas como el símbolo del amor de Cristo, casi siempre emitiendo rayos luminosos y, en ocasiones, marcado por heridas que simbolizaban el sufrimiento que padeció antes de morir. Durante este periodo, el corazón puede encontrarse frecuentemente en la heráldica, como símbolo de la claridad y la verdad y, muchas veces, del Santo Grial. Además, y especialmente durante las Cruzadas, nació la práctica de enterrar el corazón por separado del cuerpo. Si se trataba, por ejemplo, de un guerrero que había muerto lejos de su hogar, su corazón era llevado a casa, para que ahí pudiera descansar. Esto refleja el papel de este órgano como una de las partes más esenciales (contenedoras de esencia) del cuerpo humano. Finalmente, en esta época, el corazón era considerado como una suerte de talismán.

Fue hasta a partir del siglo XVIII que el corazón se convirtió en un símbolo romántico, sinónimo o, mejor dicho, hogar del sentimiento amoroso y protagonista de tarjetas y otra parafernalia relacionada con el Día de San Valentín y los enamorados.

Algunos expertos y estudiosos de símbolos especulan que fue la forma del corazón lo que generó su relación con el amor; estas teorías sostienen que su silueta es parecida a la de una hoja de hiedra, que es un símbolo de la fidelidad; otros lo relacionan con la forma del silfio, planta hoy extinta que tuvo usos comestibles y medicinales (como anticonceptivo, principalmente) en el mundo grecolatino. Otros creen que el simbolismo del corazón nació con algunos escritos de Aristóteles, populares en la Edad Media, sobre su anatomía; en ellos, el filósofo señalaba que el órgano tendría tres cámaras con una melladura en el centro.

Hoy sabemos que este órgano (con infinitas propiedades metafísicas) no es el lugar donde nuestras emociones ocurren, y es curioso que haya sido designado el contenedor de los sentimientos humanos en su faceta más luminosa y también en la más oscura. Aún así, el corazón se rompe, se ofrece, da vuelcos, se hincha de emoción, puede ser valeroso o puro, y una parte de él puede pertenecer a otros.

Esta es una pequeña colección compartida por The Public Domain Review de representaciones del corazón humano::

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Imágenes: Public Domain Review