El crochet, el punto, el tejido realizado sobre todo por mujeres a través de diferentes tecnologías de tramado, a menudo es menospreciado como un ingrediente ornamental de la vida de la mujer tradicional, esto es, de la mujer doméstica que teje para pasar el rato. A veces se ven intervenciones de crochet en espacios públicos (“yarn bombing”), como las del proyecto La rebelión de los estambres en el transporte colectivo, en árboles y en mobiliario urbano como una forma de dotar de una segunda piel a la aridez del paisaje urbano.

Otro proyecto que demuestra la vitalidad del tejido artesanal como expresión de conciencia colectiva es el que desarrolla Margaret Wertheim en The Institute for Figuring, un ecléctico y excéntrico centro de estudios donde se investiga la relación de modelos matemáticos con proyecciones sobre el calentamiento global, el activismo medioambiental y el arte del crochet.

El proyecto que le dio origen se remonta a 2005, y consistió en tejer criaturas inspiradas en los arrecifes de coral utilizando crochet. Luego de una primera exposición en galería, la obra se volvió un proyecto viral y Wertheim ha aparecido en medios desde entonces para promocionarlo.

Para Margaret, tejer corales de crochet es una respuesta artística de índole colectiva al calentamiento global. Sin dejar de lado su trabajo como profesora y divulgadora científica, el proyecto tomó su propio cauce como una criatura viva y proliferó en aún más exposiciones y sesiones de tejido, con 99% de asistencia de mujeres.

¿Pero por qué hacer arrecifes de coral en crochet y no en mármol, en madera o en papel? La explicación se encuentra en la geometría hiperbólica, desarrollada a finales del siglo XIX, cuyos modelos se pensaba que eran imposibles de representar de manera tridimensional. El paradigma básico de la geometría euclidiana (punto y línea en un plano, líneas paralelas) y el modelo geodésico (figuras tridimensionales) no permiten representar adecuadamente objetos como los corales, las lechugas y otras figuras en la naturaleza. Margaret demostró en su charla TED que el crochet puede ser un medio perfecto para ensayar modelos euclidianos en tercera dimensión.

Coral-reef-home-decor

Los diseños de las tejedoras de coral parten de ecuaciones del “código” en que se trama el crochet; pero pronto se dieron cuenta de que las pequeñas desviaciones del código —desviaciones o variaciones que no obedecían a ningún fin funcional, simplemente expresivo o artístico— tenían resultados sorprendentes e inesperados; un acercamiento lúdico a la noción de código permite tejer diseños mucho más vivos, que parecen menos figuras geométricas que vegetación submarina.

La estirpe de las Penélopes, las Aracnés y las Filomelas, las tejedoras que hablan con las manos y traman el tiempo en sudarios y caudales de colores encuentra una inusitada expresión en el mundo moderno, donde la eficiencia de la máquina podría volver irrelevantes a primera vista este tipo de actividades.

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El crochet, el punto, el tejido realizado sobre todo por mujeres a través de diferentes tecnologías de tramado, a menudo es menospreciado como un ingrediente ornamental de la vida de la mujer tradicional, esto es, de la mujer doméstica que teje para pasar el rato. A veces se ven intervenciones de crochet en espacios públicos (“yarn bombing”), como las del proyecto La rebelión de los estambres en el transporte colectivo, en árboles y en mobiliario urbano como una forma de dotar de una segunda piel a la aridez del paisaje urbano.

Otro proyecto que demuestra la vitalidad del tejido artesanal como expresión de conciencia colectiva es el que desarrolla Margaret Wertheim en The Institute for Figuring, un ecléctico y excéntrico centro de estudios donde se investiga la relación de modelos matemáticos con proyecciones sobre el calentamiento global, el activismo medioambiental y el arte del crochet.

El proyecto que le dio origen se remonta a 2005, y consistió en tejer criaturas inspiradas en los arrecifes de coral utilizando crochet. Luego de una primera exposición en galería, la obra se volvió un proyecto viral y Wertheim ha aparecido en medios desde entonces para promocionarlo.

Para Margaret, tejer corales de crochet es una respuesta artística de índole colectiva al calentamiento global. Sin dejar de lado su trabajo como profesora y divulgadora científica, el proyecto tomó su propio cauce como una criatura viva y proliferó en aún más exposiciones y sesiones de tejido, con 99% de asistencia de mujeres.

¿Pero por qué hacer arrecifes de coral en crochet y no en mármol, en madera o en papel? La explicación se encuentra en la geometría hiperbólica, desarrollada a finales del siglo XIX, cuyos modelos se pensaba que eran imposibles de representar de manera tridimensional. El paradigma básico de la geometría euclidiana (punto y línea en un plano, líneas paralelas) y el modelo geodésico (figuras tridimensionales) no permiten representar adecuadamente objetos como los corales, las lechugas y otras figuras en la naturaleza. Margaret demostró en su charla TED que el crochet puede ser un medio perfecto para ensayar modelos euclidianos en tercera dimensión.

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Los diseños de las tejedoras de coral parten de ecuaciones del “código” en que se trama el crochet; pero pronto se dieron cuenta de que las pequeñas desviaciones del código —desviaciones o variaciones que no obedecían a ningún fin funcional, simplemente expresivo o artístico— tenían resultados sorprendentes e inesperados; un acercamiento lúdico a la noción de código permite tejer diseños mucho más vivos, que parecen menos figuras geométricas que vegetación submarina.

La estirpe de las Penélopes, las Aracnés y las Filomelas, las tejedoras que hablan con las manos y traman el tiempo en sudarios y caudales de colores encuentra una inusitada expresión en el mundo moderno, donde la eficiencia de la máquina podría volver irrelevantes a primera vista este tipo de actividades.

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