Séneca escribió en sus Naturales quaestiones que “el sol carece de público a menos que comience a desaparecer. Nadie mira a la luna a menos que esté eclipsándose. Es entonces que las ciudades gritan juntas y todos hacen un gran alboroto por una tonta superstición”.

Pero las “tontas” supersticiones, como las llamó el filósofo, forman parte de cosmovisiones y religiones muy antiguas y que han dado sentido a la vida de muchas comunidades y naciones en todo el mundo. Incluso Heráclito y Anaximandro postularon ideas sobre los eclipses completamente contrarias a las de la ciencia moderna (como que el hueco del cielo se daba vuelta o la luz del sol pasaba a través del interior de la luna).

eclipse
Además, los eclipses no siempre se viven con un “gran alboroto” en todas las culturas: los miembros de la nación navajo de Fort Defiance, Arizona, creen que la ocurrencia de un eclipse es un momento que debe vivirse en silencio, meditación y recogimiento (una actitud estoica, en suma, muy similar a la pregonada por Séneca).

Esta es, para los navajo, una época de renovación, como reiniciar una computadora, para permitir que lo que ya no sirve se vaya y lo nuevo llegue. Durante este tiempo se trata de no comer, no beber ni hablar, sino meditar en silencio sobre lo que queremos que sea nuestro futuro.

the-scout-in-winter-crow-1908-edward-curtis-remix-jaen-madrid
Esta visión contrasta con la de la nación Cuervo de Montana, donde el eclipse de este año coincide con el baile anual, que marca el año nuevo Cuervo. Para esta cultura, el sol muere y después vuelve a la vida. La celebración actual involucra dar el día libre en las escuelas y lugares de trabajo como forma de respeto para la tradición, aunque para los Cuervo, los eclipses se viven como una especie de tabú: al igual que los científicos aconsejan no ver directamente al sol, los ancestros Cuervo prohíben observar el fenómeno, pues al hacerlo se deja entrar la negatividad a todos los aspectos de la vida.

Esta prohibición tan estricta contrasta, a su vez, con la de la nación Cherokee, donde se viven los eclipses con una gran fiesta y escándalo, suficiente para ahuyentar al mismo Séneca. Para ellos, cuando ocurre un eclipse de sol o de luna es porque una enorme rana está tratando de devorar el cuerpo celeste, por lo que es necesario disparar armas, tocar tambores y hacer mucho ruido para que se vaya. Al terminar el eclipse, se realiza una fiesta para celebrar la derrota de la rana.

Sin importar dónde o cómo vivas este eclipse, piensa que se trata de un fenómeno natural que todas las culturas del mundo se han explicado de diferentes maneras, y todas ellas obedecen a una lógica tradicional. Es un buen momento para hacer una evaluación de nuestra vida y permitirnos renovarnos después de un periodo de oscuridad, al igual que el sol sale de su cautiverio temporal entre las sombras para brillar con nuevas energías.

 

 

*Imágenes: Imagen de un eclipse solar visto por el satélite Hinode – NASA / Creative Commons; 2) El libro de los eclipses, Cyprian Leowitz, 1584; 3) Remix de El explorador en invierno, de Edward S. Curtis, Crow, 1908

Séneca escribió en sus Naturales quaestiones que “el sol carece de público a menos que comience a desaparecer. Nadie mira a la luna a menos que esté eclipsándose. Es entonces que las ciudades gritan juntas y todos hacen un gran alboroto por una tonta superstición”.

Pero las “tontas” supersticiones, como las llamó el filósofo, forman parte de cosmovisiones y religiones muy antiguas y que han dado sentido a la vida de muchas comunidades y naciones en todo el mundo. Incluso Heráclito y Anaximandro postularon ideas sobre los eclipses completamente contrarias a las de la ciencia moderna (como que el hueco del cielo se daba vuelta o la luz del sol pasaba a través del interior de la luna).

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Además, los eclipses no siempre se viven con un “gran alboroto” en todas las culturas: los miembros de la nación navajo de Fort Defiance, Arizona, creen que la ocurrencia de un eclipse es un momento que debe vivirse en silencio, meditación y recogimiento (una actitud estoica, en suma, muy similar a la pregonada por Séneca).

Esta es, para los navajo, una época de renovación, como reiniciar una computadora, para permitir que lo que ya no sirve se vaya y lo nuevo llegue. Durante este tiempo se trata de no comer, no beber ni hablar, sino meditar en silencio sobre lo que queremos que sea nuestro futuro.

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Esta visión contrasta con la de la nación Cuervo de Montana, donde el eclipse de este año coincide con el baile anual, que marca el año nuevo Cuervo. Para esta cultura, el sol muere y después vuelve a la vida. La celebración actual involucra dar el día libre en las escuelas y lugares de trabajo como forma de respeto para la tradición, aunque para los Cuervo, los eclipses se viven como una especie de tabú: al igual que los científicos aconsejan no ver directamente al sol, los ancestros Cuervo prohíben observar el fenómeno, pues al hacerlo se deja entrar la negatividad a todos los aspectos de la vida.

Esta prohibición tan estricta contrasta, a su vez, con la de la nación Cherokee, donde se viven los eclipses con una gran fiesta y escándalo, suficiente para ahuyentar al mismo Séneca. Para ellos, cuando ocurre un eclipse de sol o de luna es porque una enorme rana está tratando de devorar el cuerpo celeste, por lo que es necesario disparar armas, tocar tambores y hacer mucho ruido para que se vaya. Al terminar el eclipse, se realiza una fiesta para celebrar la derrota de la rana.

Sin importar dónde o cómo vivas este eclipse, piensa que se trata de un fenómeno natural que todas las culturas del mundo se han explicado de diferentes maneras, y todas ellas obedecen a una lógica tradicional. Es un buen momento para hacer una evaluación de nuestra vida y permitirnos renovarnos después de un periodo de oscuridad, al igual que el sol sale de su cautiverio temporal entre las sombras para brillar con nuevas energías.

 

 

*Imágenes: Imagen de un eclipse solar visto por el satélite Hinode – NASA / Creative Commons; 2) El libro de los eclipses, Cyprian Leowitz, 1584; 3) Remix de El explorador en invierno, de Edward S. Curtis, Crow, 1908