Los objetos que crea el hombre, usualmente, llevan en su esencia una parte del espíritu de quien los hace o quien los posee. El caso de los espejos mágicos chinos y japoneses, objetos que han fascinado a la mente occidental desde hace siglos, es uno profundamente especial. Se trata de pequeñas placas circulares hechas de bronce, de entre 15 o 20 centímetros de diámetro, adornados en la parte posterior con distintos motivos de animales plantas o deidades en relieve. Estos diseños, extrañamente, son proyectados cuando se dirige un rayo de luz a la parte frontal del objeto, la cara reflejante (una superficie completamente lisa, en apariencia). Se trata de un fenómeno que fue explicado científicamente hace, relativamente, poco tiempo, lo que mantuvo a estos objetos, durante siglos, bajo la categoría de “mágicos”.

La magia de estos espejos y los fenómenos ópticos que producen (cuya explicación científica nunca pudo robar su esencia maravillosa) toman en aquel conocido como “espejo de Himiko” una cualidad aún más portentosa. Recientemente, un experimento hecho con la réplica de este antiguo espejo de bronce que habita el Museo Nacional de Kioto reveló que el original, específicamente, podría haber sido utilizado como espejo mágico para conjurar imágenes de hechiceros de la montaña y bestias divinas durante rituales solares.

Este objeto fue desenterrado en la tumba Higashinomiya en Aichi, Japón, y pertenece a una categoría de espejos conocidos como sankakubuchi shinjukyo (o “espejos con bordes triangulares decorados con animales”). Se asocia con la reina Himiko, una antigua gobernante cuyos poderes chamánicos sobreviven al tiempo como parte de mitos y leyendas. Se sabe que esta mujer gobernó el reino de Yamatai en el siglo III d. C. porque algunos de los espejos encontrados en la tumba llevaban inscrito el año 239, momento en el que el emperador chino regaló 100 espejos de bronce a la reina chamán (obsequios que se acostumbraba intercambiar entre los nobles a manera de alianza), de acuerdo con algunas crónicas chinas.

Extrañamente, la reina Himiko no aparece en muchos documentos históricos japoneses. Es en la crónica china conocida como Registros de los tres reinos donde es posible encontrar la mención más antigua y completa de este fascinante personaje. Este registro, compilado en 290 d. C., aproximadamente, es uno de los textos históricos más confiables sobre las dinastías chinas. Pero su recuento de este intercambio de regalos no señala claramente dónde fue el reino de Yamatai —imperio que, se dice, controlaba a 30 países localizados en lo que hoy son las islas japonesas.

Los recientes descubrimientos en torno a esta pieza son profundamente relevantes, pues permiten replantear la historia de los espejos mágicos japoneses y sus distintos usos —entre ellos, su posible utilización como objetos adoratorios en ritos dedicados a deidades solares. Estos preciosos espejos, sólo recientemente conocidos en Occidente, se encuentran frecuentemente en excavaciones de antiguos túmulos y se cree que se colocaban en hilera para proyectar varias imágenes. Las investigaciones también apuntan a que los conocidos como “espejos Wei”, una subcategoría de espejos mágicos japoneses con un estilo claramente chino, fueron hechos por artesanos que nacieron en China y que dejaron su país para refugiarse en el archipiélago japonés.

 

 

Imagen: Wikiwikiyarou – Wikimedia Commons

Los objetos que crea el hombre, usualmente, llevan en su esencia una parte del espíritu de quien los hace o quien los posee. El caso de los espejos mágicos chinos y japoneses, objetos que han fascinado a la mente occidental desde hace siglos, es uno profundamente especial. Se trata de pequeñas placas circulares hechas de bronce, de entre 15 o 20 centímetros de diámetro, adornados en la parte posterior con distintos motivos de animales plantas o deidades en relieve. Estos diseños, extrañamente, son proyectados cuando se dirige un rayo de luz a la parte frontal del objeto, la cara reflejante (una superficie completamente lisa, en apariencia). Se trata de un fenómeno que fue explicado científicamente hace, relativamente, poco tiempo, lo que mantuvo a estos objetos, durante siglos, bajo la categoría de “mágicos”.

La magia de estos espejos y los fenómenos ópticos que producen (cuya explicación científica nunca pudo robar su esencia maravillosa) toman en aquel conocido como “espejo de Himiko” una cualidad aún más portentosa. Recientemente, un experimento hecho con la réplica de este antiguo espejo de bronce que habita el Museo Nacional de Kioto reveló que el original, específicamente, podría haber sido utilizado como espejo mágico para conjurar imágenes de hechiceros de la montaña y bestias divinas durante rituales solares.

Este objeto fue desenterrado en la tumba Higashinomiya en Aichi, Japón, y pertenece a una categoría de espejos conocidos como sankakubuchi shinjukyo (o “espejos con bordes triangulares decorados con animales”). Se asocia con la reina Himiko, una antigua gobernante cuyos poderes chamánicos sobreviven al tiempo como parte de mitos y leyendas. Se sabe que esta mujer gobernó el reino de Yamatai en el siglo III d. C. porque algunos de los espejos encontrados en la tumba llevaban inscrito el año 239, momento en el que el emperador chino regaló 100 espejos de bronce a la reina chamán (obsequios que se acostumbraba intercambiar entre los nobles a manera de alianza), de acuerdo con algunas crónicas chinas.

Extrañamente, la reina Himiko no aparece en muchos documentos históricos japoneses. Es en la crónica china conocida como Registros de los tres reinos donde es posible encontrar la mención más antigua y completa de este fascinante personaje. Este registro, compilado en 290 d. C., aproximadamente, es uno de los textos históricos más confiables sobre las dinastías chinas. Pero su recuento de este intercambio de regalos no señala claramente dónde fue el reino de Yamatai —imperio que, se dice, controlaba a 30 países localizados en lo que hoy son las islas japonesas.

Los recientes descubrimientos en torno a esta pieza son profundamente relevantes, pues permiten replantear la historia de los espejos mágicos japoneses y sus distintos usos —entre ellos, su posible utilización como objetos adoratorios en ritos dedicados a deidades solares. Estos preciosos espejos, sólo recientemente conocidos en Occidente, se encuentran frecuentemente en excavaciones de antiguos túmulos y se cree que se colocaban en hilera para proyectar varias imágenes. Las investigaciones también apuntan a que los conocidos como “espejos Wei”, una subcategoría de espejos mágicos japoneses con un estilo claramente chino, fueron hechos por artesanos que nacieron en China y que dejaron su país para refugiarse en el archipiélago japonés.

 

 

Imagen: Wikiwikiyarou – Wikimedia Commons