The more powerful and original a mind, the more it will incline towards the religion of solitude.

—Aldous Huxley

I went to the woods because I wished to live deliberately…

—Henry David Thoreau

Gothic, Colorado, es uno de los lugares más fríos y solitarios de Estados Unidos. Se trata de un pueblo fantasma abandonado en la década de los veinte, y es también el hogar de billy barr (su nombre en minúsculas, como él lo prefiere), mejor conocido como el “guardián de la nieve”. Este ermitaño de las montañas llegó a este sitio hace 44 años, y un día decidió, para no aburrirse, hacer registros del clima diariamente. Lo que empezó como una curiosidad personal, se ha convertido en un registro que decenas de científicos utilizan hoy para estudiar el cambio climático y sus efectos en nuestro planeta.

Todo comenzó en 1972, cuando billy tenía 21 años. El joven estudiante de ciencias ambientales llegó a Gothic para pasar un verano, y nunca más se fue de ahí (convirtiéndose así en su único habitante); barr trabajó en el cercano Rocky Mountain Biological Laboratory (RMBL), dedicado a hacer estudios sobre el ecosistema y la geografía de esta región de las Montañas Rocallosas. Durante sus primeros meses ahí, vivió en una tienda de campaña, para luego mudarse a una pequeña choza sin luz eléctrica ni agua. Él describe su primer año en las montañas, como la época en la que se acostumbró, como el ermita que es, a la quietud y la soledad.

Un hombre singular, billy barr trabajó en la cocina del RMBL, para luego dedicarse a hacer trabajos de mantenimiento. En la década de los ochenta se convirtió en el contador del laboratorio, y por aquella época construyó la casa que habita hasta hoy. Desde hace más de 40 años, billy barr mide los niveles de nieve dos veces al día (en la mañana y en la noche); también determina la temperatura, el clima y la presencia de animales y plantas, registrando toda esta información en libretas que llena en aproximadamente tres años, y en las que ha desarrollado un código numérico, un lenguaje propio.

Fue hacia finales de la década de los noventa que un científico del RMBL se enteró de la existencia de los cuadernos de billy barr. Esta valiosa información ha sido utilizada en decenas de investigaciones sobre el cambio climático y cómo éste afecta a las poblaciones de plantas y animales de la región; representa un registro precioso, pues cuando barr empezó a hacerlo, el mundo aún no se preocupaba por el calentamiento de la Tierra. Lo que ha encontrado este meteorólogo accidental es preocupante: la temperatura ha aumentado rápidamente, el invierno es mucho más corto y las plantas y animales de las montañas son los más afectados.

the-guardian-of-the-snow-climate-change
La importancia de la singular tarea de billy barr sólo puede compararse con la belleza de la monotonía de su rutina. La casa de este ermita invernal —donde guarda impresionante colección de sombreros y gorros— se encuentra a 16 kilómetros del pueblo más cercano; cada dos semanas, éste recorre la nieve en sus esquís para comprar víveres. Su hermosa cabaña está equipada con paneles solares, un invernadero en el que crece sus verduras, y una sala de cine en la que ve películas de Bollywood, sus preferidas. Los pequeños placeres de barr son envidiables: disfruta de leer y tomar té en las tardes frías (que son casi todas).

Como si hubiese intuido lo que habría de venir, billy barr ha recopilado información vital para el futuro de nuestro planeta, y la preciosa discreción su existencia (que podría recordarnos la del meteorólogo ruso Vyacheslav Korotki, uno de los último meteorólogos in situ del Polo Norte) resulta, de muchas formas, poética: este hombre solitario es, finalmente, un traductor de las señales de la naturaleza, de un lenguaje sagrado que no podemos ignorar.

El siguiente video, dirigido por Morgan Heim, hace un breve retrato de este singular hombre, el guardián de la nieve…

 

*Imágenes: 1) Dru! – flickr / Creative Commons; 2) National Geographic – video

The more powerful and original a mind, the more it will incline towards the religion of solitude.

—Aldous Huxley

I went to the woods because I wished to live deliberately…

—Henry David Thoreau

Gothic, Colorado, es uno de los lugares más fríos y solitarios de Estados Unidos. Se trata de un pueblo fantasma abandonado en la década de los veinte, y es también el hogar de billy barr (su nombre en minúsculas, como él lo prefiere), mejor conocido como el “guardián de la nieve”. Este ermitaño de las montañas llegó a este sitio hace 44 años, y un día decidió, para no aburrirse, hacer registros del clima diariamente. Lo que empezó como una curiosidad personal, se ha convertido en un registro que decenas de científicos utilizan hoy para estudiar el cambio climático y sus efectos en nuestro planeta.

Todo comenzó en 1972, cuando billy tenía 21 años. El joven estudiante de ciencias ambientales llegó a Gothic para pasar un verano, y nunca más se fue de ahí (convirtiéndose así en su único habitante); barr trabajó en el cercano Rocky Mountain Biological Laboratory (RMBL), dedicado a hacer estudios sobre el ecosistema y la geografía de esta región de las Montañas Rocallosas. Durante sus primeros meses ahí, vivió en una tienda de campaña, para luego mudarse a una pequeña choza sin luz eléctrica ni agua. Él describe su primer año en las montañas, como la época en la que se acostumbró, como el ermita que es, a la quietud y la soledad.

Un hombre singular, billy barr trabajó en la cocina del RMBL, para luego dedicarse a hacer trabajos de mantenimiento. En la década de los ochenta se convirtió en el contador del laboratorio, y por aquella época construyó la casa que habita hasta hoy. Desde hace más de 40 años, billy barr mide los niveles de nieve dos veces al día (en la mañana y en la noche); también determina la temperatura, el clima y la presencia de animales y plantas, registrando toda esta información en libretas que llena en aproximadamente tres años, y en las que ha desarrollado un código numérico, un lenguaje propio.

Fue hacia finales de la década de los noventa que un científico del RMBL se enteró de la existencia de los cuadernos de billy barr. Esta valiosa información ha sido utilizada en decenas de investigaciones sobre el cambio climático y cómo éste afecta a las poblaciones de plantas y animales de la región; representa un registro precioso, pues cuando barr empezó a hacerlo, el mundo aún no se preocupaba por el calentamiento de la Tierra. Lo que ha encontrado este meteorólogo accidental es preocupante: la temperatura ha aumentado rápidamente, el invierno es mucho más corto y las plantas y animales de las montañas son los más afectados.

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La importancia de la singular tarea de billy barr sólo puede compararse con la belleza de la monotonía de su rutina. La casa de este ermita invernal —donde guarda impresionante colección de sombreros y gorros— se encuentra a 16 kilómetros del pueblo más cercano; cada dos semanas, éste recorre la nieve en sus esquís para comprar víveres. Su hermosa cabaña está equipada con paneles solares, un invernadero en el que crece sus verduras, y una sala de cine en la que ve películas de Bollywood, sus preferidas. Los pequeños placeres de barr son envidiables: disfruta de leer y tomar té en las tardes frías (que son casi todas).

Como si hubiese intuido lo que habría de venir, billy barr ha recopilado información vital para el futuro de nuestro planeta, y la preciosa discreción su existencia (que podría recordarnos la del meteorólogo ruso Vyacheslav Korotki, uno de los último meteorólogos in situ del Polo Norte) resulta, de muchas formas, poética: este hombre solitario es, finalmente, un traductor de las señales de la naturaleza, de un lenguaje sagrado que no podemos ignorar.

El siguiente video, dirigido por Morgan Heim, hace un breve retrato de este singular hombre, el guardián de la nieve…

 

*Imágenes: 1) Dru! – flickr / Creative Commons; 2) National Geographic – video