¡Oh, rey de todos los árboles del paraíso,

árbol virtuoso, precioso, cuya bendita

operación es la sabiduría!

John Milton, Paradise Lost, Libro IX, vv. 795-797

 

 

¿Cuántas veces hemos tratado de memorizar, sin éxito, unas cuantas palabras, por ejemplo un cotidiano listado de supermercado? Digamos que una lista de compras tiene a lo más unas 20 o 30 palabras… ¿seríamos capaces de memorizar una lista de 60,000?

Esta proeza de memoria fue realizada por el actor John Basinger, quien memorizó los doce libros de El paraíso perdido, poema épico de John Milton, publicado por primera vez en 1667, cuyo tema es la expulsión de Adán y Eva por parte de Dios, así como el papel de Satanás como figura central.

En 1992, a los 58 años, Basinger decidió memorizar pequeños fragmentos del poema mientras realizaba su rutina de ejercicios en el gimnasio, como un mero entretenimiento. Leyendo verso por verso y libro por libro, se estima que Basinger empleó unas 3,000 horas (9 años) en memorizar el texto completo. En 2001, Basinger recitó el texto entero durante tres días, luego de lo cual ofreció recitales más cortos, como en la Universidad Wesleyan, en Connecticut, donde entró en contacto con el psicólogo John Seamon, quien se le acercó para proponerle estudiar su memoria en condiciones de laboratorio.

En 2008, a los 74 años, Basinger se puso en manos de los psicólogos quienes le pusieron una serie de pruebas. Ellos leían un par de líneas sucesivas y Basinger tenía que recitar las 10 siguientes. Esto tuvo un éxito de 88%, porcentaje que aumentó a 98% cuando le pidieron recitar el principio de cada libro.

Sin embargo, a pesar de que se trata de una proeza notable, Seamon y sus colegas no creen que la memoria de Basinger sea muy diferente de la del resto de nosotros. “Su memoria para tareas cotidianas es completamente normal para alguien de su edad. Todavía se le olvida dónde dejó sus llaves.” Los descubrimientos de los investigadores, publicados en la edición de la revista Memory de 2010, están en consonancia con otras investigaciones sobre el tema, “que indican que los memorizadores excepcionales se hacen, no nacen.”

¿Pero qué fue lo que hizo posible que Basinger memorizara un poema tan complejo, con un lenguaje a veces críptico y a veces lírico? Según él, “durante la incesante repetición de las palabras de Milton, realmente comencé a escucharlas, y cada tanto el poema entero comenzó a tomar forma en mi mente, una visión llegaba, una comprensión, una deliciosa posibilidad”, que incluso tomó la forma de un espacio físico, “como una catedral que llevaba en mi mente a todos lados, un lugar al que podía entrar y explorar a voluntad.”

En términos más clínicos, los investigadores atribuyen este mérito a la “codificación profunda”, una estrategia de los actores profesionales que consiste no sólo en memorizar las palabras, sino en atender al fraseo, a la musicalidad, a la emoción contenida en ellas, así como al significado. Según David Thomson, psicólogo de la Universidad de Waterloo, la codificación profunda requiere hacer “complejos juicios semánticos” durante el proceso de memorización.

Como en la expresión francesa para “saber de memoria”, “connaître par coeur”, la memorización de Basinger implicó una interiorización emocional del texto, no sólo de las palabras concretas sino del sentido latente, de un entendimiento de la temperatura emocional de Milton que pudiera ser expresada frente a una audiencia, sustentado no sólo en la voz sino en la expresión corporal y la respuesta emotiva, además del análisis semántico —operaciones capaces de llevar la memoria terrenal a celestiales paraísos de sabiduría.

 

*Imagen: El Paraíso Perdido de John Milton, Gustave Doré, 1866 / Dominio Público.

¡Oh, rey de todos los árboles del paraíso,

árbol virtuoso, precioso, cuya bendita

operación es la sabiduría!

John Milton, Paradise Lost, Libro IX, vv. 795-797

 

 

¿Cuántas veces hemos tratado de memorizar, sin éxito, unas cuantas palabras, por ejemplo un cotidiano listado de supermercado? Digamos que una lista de compras tiene a lo más unas 20 o 30 palabras… ¿seríamos capaces de memorizar una lista de 60,000?

Esta proeza de memoria fue realizada por el actor John Basinger, quien memorizó los doce libros de El paraíso perdido, poema épico de John Milton, publicado por primera vez en 1667, cuyo tema es la expulsión de Adán y Eva por parte de Dios, así como el papel de Satanás como figura central.

En 1992, a los 58 años, Basinger decidió memorizar pequeños fragmentos del poema mientras realizaba su rutina de ejercicios en el gimnasio, como un mero entretenimiento. Leyendo verso por verso y libro por libro, se estima que Basinger empleó unas 3,000 horas (9 años) en memorizar el texto completo. En 2001, Basinger recitó el texto entero durante tres días, luego de lo cual ofreció recitales más cortos, como en la Universidad Wesleyan, en Connecticut, donde entró en contacto con el psicólogo John Seamon, quien se le acercó para proponerle estudiar su memoria en condiciones de laboratorio.

En 2008, a los 74 años, Basinger se puso en manos de los psicólogos quienes le pusieron una serie de pruebas. Ellos leían un par de líneas sucesivas y Basinger tenía que recitar las 10 siguientes. Esto tuvo un éxito de 88%, porcentaje que aumentó a 98% cuando le pidieron recitar el principio de cada libro.

Sin embargo, a pesar de que se trata de una proeza notable, Seamon y sus colegas no creen que la memoria de Basinger sea muy diferente de la del resto de nosotros. “Su memoria para tareas cotidianas es completamente normal para alguien de su edad. Todavía se le olvida dónde dejó sus llaves.” Los descubrimientos de los investigadores, publicados en la edición de la revista Memory de 2010, están en consonancia con otras investigaciones sobre el tema, “que indican que los memorizadores excepcionales se hacen, no nacen.”

¿Pero qué fue lo que hizo posible que Basinger memorizara un poema tan complejo, con un lenguaje a veces críptico y a veces lírico? Según él, “durante la incesante repetición de las palabras de Milton, realmente comencé a escucharlas, y cada tanto el poema entero comenzó a tomar forma en mi mente, una visión llegaba, una comprensión, una deliciosa posibilidad”, que incluso tomó la forma de un espacio físico, “como una catedral que llevaba en mi mente a todos lados, un lugar al que podía entrar y explorar a voluntad.”

En términos más clínicos, los investigadores atribuyen este mérito a la “codificación profunda”, una estrategia de los actores profesionales que consiste no sólo en memorizar las palabras, sino en atender al fraseo, a la musicalidad, a la emoción contenida en ellas, así como al significado. Según David Thomson, psicólogo de la Universidad de Waterloo, la codificación profunda requiere hacer “complejos juicios semánticos” durante el proceso de memorización.

Como en la expresión francesa para “saber de memoria”, “connaître par coeur”, la memorización de Basinger implicó una interiorización emocional del texto, no sólo de las palabras concretas sino del sentido latente, de un entendimiento de la temperatura emocional de Milton que pudiera ser expresada frente a una audiencia, sustentado no sólo en la voz sino en la expresión corporal y la respuesta emotiva, además del análisis semántico —operaciones capaces de llevar la memoria terrenal a celestiales paraísos de sabiduría.

 

*Imagen: El Paraíso Perdido de John Milton, Gustave Doré, 1866 / Dominio Público.

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