Como parte de su proyecto Stainless, el fotógrafo húngaro Adam Magyar filmó la llegada de un tren rápido a una de las plataformas más atestadas de Alexanderplatz, en Berlin, a la estación 42 de Nueva York y a las estaciones de Shinjuku, en Japón. Luego convirtió el metraje a cámara lenta y con ello estrenó un punto de vista para la urbanidad. Lo que se mueve son las luces, que parpadean como fantasmas al fondo, y lo que escuchamos es la progresión del tren mientras todas esas personas están paralizadas en su exigua soledad.

Quizás poner alguno de sus videos en pantalla completa mientras entras en duermevela o dibujas, o escribes, sea cadencioso y tranquilizador. Todas esas personas distintas disecadas en la actitud y el pensamiento que tuvieron allí, en ese momento, podrían ser las estatuas que definen a la humanidad. La galería completa de gestos –o al menos sus categorías- está dispuesta en un video horizontal y blanquinegro como un pasaje de efigies cotidianas. Magyar, quien fotografió Stainless desde el metro, explica:

Una fila interminable de esculturas vivientes reunidas por la misma línea del metro, la misma dirección, la misma intención de tomar el tren para dejarse atrapar y llevar por el flujo urbano. Todos sus movimientos retardados, son graciosos e inoxidables aguantando el aire esperando a que el tren llegue a la estación.

La dificultad de estos videos reside en que el observador necesita saber estar quieto y simplemente mirar el flujo de la vida pasar frente a él. Un ejercicio comparable al de meditar y dejar transcurrir los pensamientos en su flujo natural sin evaluarlos. Magyar mismo alguna vez pasó seis meses estudiando el movimiento del río en Varanasi, la antigua capital hindú en el Ganges, para entrenarse en el tao de la circulación. Stainless, como su nombre sugiere, no se oxida porque se mueve. La horizontalidad sugiere el paso del tiempo. En el momento que ves algo ya no está ahí, es pasado.

El blanco y negro de sus secuencias es esencial para no caer en el tono de un carnaval; es un filtro de melancolía para una historia en la que todos van hacia el mismo lugar, hacia una especie de muerte, quizás. Ya sea como ejercicio de quietud y reflexión o como apreciación estética, cada uno de los minutos de esta serie son minutos bien empleados.

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Como parte de su proyecto Stainless, el fotógrafo húngaro Adam Magyar filmó la llegada de un tren rápido a una de las plataformas más atestadas de Alexanderplatz, en Berlin, a la estación 42 de Nueva York y a las estaciones de Shinjuku, en Japón. Luego convirtió el metraje a cámara lenta y con ello estrenó un punto de vista para la urbanidad. Lo que se mueve son las luces, que parpadean como fantasmas al fondo, y lo que escuchamos es la progresión del tren mientras todas esas personas están paralizadas en su exigua soledad.

Quizás poner alguno de sus videos en pantalla completa mientras entras en duermevela o dibujas, o escribes, sea cadencioso y tranquilizador. Todas esas personas distintas disecadas en la actitud y el pensamiento que tuvieron allí, en ese momento, podrían ser las estatuas que definen a la humanidad. La galería completa de gestos –o al menos sus categorías- está dispuesta en un video horizontal y blanquinegro como un pasaje de efigies cotidianas. Magyar, quien fotografió Stainless desde el metro, explica:

Una fila interminable de esculturas vivientes reunidas por la misma línea del metro, la misma dirección, la misma intención de tomar el tren para dejarse atrapar y llevar por el flujo urbano. Todos sus movimientos retardados, son graciosos e inoxidables aguantando el aire esperando a que el tren llegue a la estación.

La dificultad de estos videos reside en que el observador necesita saber estar quieto y simplemente mirar el flujo de la vida pasar frente a él. Un ejercicio comparable al de meditar y dejar transcurrir los pensamientos en su flujo natural sin evaluarlos. Magyar mismo alguna vez pasó seis meses estudiando el movimiento del río en Varanasi, la antigua capital hindú en el Ganges, para entrenarse en el tao de la circulación. Stainless, como su nombre sugiere, no se oxida porque se mueve. La horizontalidad sugiere el paso del tiempo. En el momento que ves algo ya no está ahí, es pasado.

El blanco y negro de sus secuencias es esencial para no caer en el tono de un carnaval; es un filtro de melancolía para una historia en la que todos van hacia el mismo lugar, hacia una especie de muerte, quizás. Ya sea como ejercicio de quietud y reflexión o como apreciación estética, cada uno de los minutos de esta serie son minutos bien empleados.

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