Existen personajes en el arte que por su insistente presencia pareciera que siempre hemos conocido. Es el caso de quienes, se cree, fueron Giovanni di Nicolao Arnolfini y su esposa Costanza Trenta, retratados en 1434 por el maestro flamenco Jan van Eyck: dos rostros que aún anónimos aparecen todo el tiempo en nuestra memoria visual. Proveniente de Lucca, en la Toscana italiana, Arnolfini vivió casi toda su vida en la ciudad de Brujas, donde se casó y amasó una notable fortuna como comerciante de seda y otros textiles. Este pequeño óleo, que despunta por su sutil belleza y su inverosímil técnica, encierra detalles y simbolismos llenos de misterio, secretos que cuentan historias poco obvias a primera vista, especialmente casi 600 años después.

En un interior lujoso, una pareja parece saludar al espectador, invitándolo a entrar a su opulenta casa; pero en una segunda mirada, estos dos anfitriones parecieran, más bien, estar celebrando una ceremonia, una boda, tal vez. El espacio y su lujo revelan, de entrada, la fortuna de los Arnolfini. Se trata de una sala de estar en la que podemos ver cortinas y, extrañamente, una cama —un mueble costoso y digno de presumirse a los invitados. Los vitrales también eran, en aquella época, signo de poderío económico, y el suntuoso candelabro (cuya vela encendida simboliza, acaso, el ojo único de dios) se conjuga con los abundantes símbolos religiosos que habitan el espacio —como el precioso rosario que cuelga de la pared, los motivos de santos alrededor del espejo y la figura de Santa Margarita en la cabecera de la cama, patrona del alumbramiento.

compleo 
Hasta 1994, se pensó que el hombre retratado en la pintura de van Eyck era Giovanni di Arrigo Arnolfini (primo de Giovanni di Nicolao) y su esposa Giovanna Cenami, pero con el tiempo se descubrió que esta pareja, que también vivió en Brujas, se casó seis años después de la muerte del pintor flamenco. Existen, además, al menos dos Arnolfini más que podrían ser los del retrato que habita hoy la National Gallery de Londres.

En años más recientes, el motivo de la pintura ha sido cuestionado, especialmente porque Costanza, la esposa de Giovanni, murió un año antes de que la pintura se realizara. Esto ha llevado a pensar que se trata de un retrato póstumo; se cree también que la señora Arnolfini podría haber muerto dando a luz, y que este cuadro es un homenaje de su viudo. Otras versiones sostienen que la mujer podría ser la segunda esposa del comerciante (de la que no existe registro alguno), por su apariencia más flamenca que italiana.

De entre los numerosos detalles del cuadro, existen algunos que vale la pena revisar…

Embarazo

embarazo 
Ataviada como una dama adinerada de su época, sosteniendo su hermoso vestido como lo dictaba la moda, la señora Arnolfini no está embarazada como muchos han pensado; en el siglo XV era común retratar mujeres con el vientre abultado, como un símbolo de fertilidad.

Perro 

perro 
Su animal de compañía es un grifón de Bruselas, descendientes de un largo linaje de terrier flamenco y criados para cazar ratas, el habitante perfecto de una casa adinerada.

Sandalias

sandalias 
Otro signo de riqueza, las sandalias de cuero teñido y hebillas de metal eran importaciones raras en Bélgica y una moda entre las mujeres ricas.

Las naranjas y el cerezo

naranjas 
Por la ventana es posible ver un árbol de cerezas, un probable símbolo del amor. Las naranjas iluminadas por el sol (importadas del sur y profundamente costosas en la región) también son un símbolo de fertilidad.

Espejo

espejo 
Como extraño un ojo en el centro de la pintura, este elemento nos presenta dos siluetas en la entrada de la habitación. El efecto es perfecto: el espejo ligeramente convexo comprime y expande la imagen del cuarto, y pone en el centro eso que está afuera, dos siluetas que podrían ser testigos de la boda o, podrían ser un autorretrato de van Eyck, al lado de un acompañante no identificado.

Firma 

firma-1 
Johannes van Eyck fuit hic (Jan van Eyck estuvo aquí).

 

 

 

Imágenes: Public Domain

Existen personajes en el arte que por su insistente presencia pareciera que siempre hemos conocido. Es el caso de quienes, se cree, fueron Giovanni di Nicolao Arnolfini y su esposa Costanza Trenta, retratados en 1434 por el maestro flamenco Jan van Eyck: dos rostros que aún anónimos aparecen todo el tiempo en nuestra memoria visual. Proveniente de Lucca, en la Toscana italiana, Arnolfini vivió casi toda su vida en la ciudad de Brujas, donde se casó y amasó una notable fortuna como comerciante de seda y otros textiles. Este pequeño óleo, que despunta por su sutil belleza y su inverosímil técnica, encierra detalles y simbolismos llenos de misterio, secretos que cuentan historias poco obvias a primera vista, especialmente casi 600 años después.

En un interior lujoso, una pareja parece saludar al espectador, invitándolo a entrar a su opulenta casa; pero en una segunda mirada, estos dos anfitriones parecieran, más bien, estar celebrando una ceremonia, una boda, tal vez. El espacio y su lujo revelan, de entrada, la fortuna de los Arnolfini. Se trata de una sala de estar en la que podemos ver cortinas y, extrañamente, una cama —un mueble costoso y digno de presumirse a los invitados. Los vitrales también eran, en aquella época, signo de poderío económico, y el suntuoso candelabro (cuya vela encendida simboliza, acaso, el ojo único de dios) se conjuga con los abundantes símbolos religiosos que habitan el espacio —como el precioso rosario que cuelga de la pared, los motivos de santos alrededor del espejo y la figura de Santa Margarita en la cabecera de la cama, patrona del alumbramiento.

compleo 
Hasta 1994, se pensó que el hombre retratado en la pintura de van Eyck era Giovanni di Arrigo Arnolfini (primo de Giovanni di Nicolao) y su esposa Giovanna Cenami, pero con el tiempo se descubrió que esta pareja, que también vivió en Brujas, se casó seis años después de la muerte del pintor flamenco. Existen, además, al menos dos Arnolfini más que podrían ser los del retrato que habita hoy la National Gallery de Londres.

En años más recientes, el motivo de la pintura ha sido cuestionado, especialmente porque Costanza, la esposa de Giovanni, murió un año antes de que la pintura se realizara. Esto ha llevado a pensar que se trata de un retrato póstumo; se cree también que la señora Arnolfini podría haber muerto dando a luz, y que este cuadro es un homenaje de su viudo. Otras versiones sostienen que la mujer podría ser la segunda esposa del comerciante (de la que no existe registro alguno), por su apariencia más flamenca que italiana.

De entre los numerosos detalles del cuadro, existen algunos que vale la pena revisar…

Embarazo

embarazo 
Ataviada como una dama adinerada de su época, sosteniendo su hermoso vestido como lo dictaba la moda, la señora Arnolfini no está embarazada como muchos han pensado; en el siglo XV era común retratar mujeres con el vientre abultado, como un símbolo de fertilidad.

Perro 

perro 
Su animal de compañía es un grifón de Bruselas, descendientes de un largo linaje de terrier flamenco y criados para cazar ratas, el habitante perfecto de una casa adinerada.

Sandalias

sandalias 
Otro signo de riqueza, las sandalias de cuero teñido y hebillas de metal eran importaciones raras en Bélgica y una moda entre las mujeres ricas.

Las naranjas y el cerezo

naranjas 
Por la ventana es posible ver un árbol de cerezas, un probable símbolo del amor. Las naranjas iluminadas por el sol (importadas del sur y profundamente costosas en la región) también son un símbolo de fertilidad.

Espejo

espejo 
Como extraño un ojo en el centro de la pintura, este elemento nos presenta dos siluetas en la entrada de la habitación. El efecto es perfecto: el espejo ligeramente convexo comprime y expande la imagen del cuarto, y pone en el centro eso que está afuera, dos siluetas que podrían ser testigos de la boda o, podrían ser un autorretrato de van Eyck, al lado de un acompañante no identificado.

Firma 

firma-1 
Johannes van Eyck fuit hic (Jan van Eyck estuvo aquí).

 

 

 

Imágenes: Public Domain