El té es una religión del arte de la vida.

Kakuzo Okakura

El Libro del té de Kakuzo Okakura fue escrito para revelar al mundo occidental una de las prácticas más sofisticadas del Japón, la ceremonia del té. Publicado en 1906 en Nueva York y escrito originalmente en inglés, este volumen describe el minucioso ritual que, para su autor, implicaba toda una filosofía para la vida y el arte —una que se relaciona íntimamente con la disciplina mental y el amor por el mundo natural.

Después de un breve recorrido por la historia del y las prácticas que lo rodean, Okakura plantea la existencia de un movimiento llamado chadō o teísmo. Éste, descrito por el escritor como un “taoísmo disfrazado”, implica un culto a la belleza que, a su vez, permea el arte, la arquitectura e incluso la jardinería dentro de la cultura japonesa. Así también, Okakura relaciona la ceremonia del té con el zen y uno de sus conceptos más complejos: la importancia del vacío (sintetizada en el término japonés ma y una de las semillas teóricas del minimalismo en el arte). La asimetría (cuya naturaleza se materializa en el wabi-sabi) también juega un papel importante en la estética del teísmo por representar la estética de la naturaleza y sus formas.

Más adelante en el libro, Okakura describe las casas de té tradicionales; ahí, el concepto de vacío es igualmente primordial. Este espacio, influenciado por los monasterios zen, debiera representar una especie de pobreza refinada, cuya estética refleja la humildad, la paz y, sobre todo, la discreción. El escritor termina el libro con un capítulo sobre los maestros del té, personajes clave dentro de esta ceremonia y toda la filosofía que emerge de ella.

Habiendo sido escrito para un público occidental El libro del té también plantea la posibilidad de una convivencia armónica entre Occidente y Oriente. Para Okakura, el té y la profunda belleza de su simplicidad son uno de los regalos más grandes que estos dos mundos podrían compartir. El libro, finalmente, refleja la propia dualidad de Okakura quien, habiendo nacido en Japón, fue educado por voluntad de su padre a la manera inglesa y, eventualmente, fue a vivir a Estados Unidos —donde, por cierto, entabló una importante relación amistosa e intelectual con el poeta y estudioso de la cultura japonesa Ernest Fenollosa. Así, a pesar de que leer caracteres japoneses le era casi imposible, durante su vida en América, Okakura siempre vistió un kimono, como una forma de conservar la esencia de su cultura y mostrársela al mundo (como lo hizo también con sus escritos). Esta dualidad se ve también reflejada, aunque a veces de manera subrepticia, en algunos comentarios dentro del libro, que reflejan un claro desagrado por la forma en que Japón y su cultura habían sido tratados por Occidente hasta entonces.

El libro del té, que vino después de dos tratados previos que Okakura escribió sobre la cultura nipona, fue una pieza clave dentro del movimiento orientalista en la Europa de principios del siglo XX, y habitó el imaginario y obra de grandes artistas y escritores del periodo, entre ellos T.S. Eliot y Ezra Pound. El escritor vertió, entre las páginas de este curioso volumen, dos grandes lecciones: la primera que explica, con una minuciosidad propia de su espíritu oriental, que la ceremonia del té es una forma de vida, más aún, una manera de pensar y ser; por otro lado y en un segundo plano, este maestro japonés supo que la generosa traducción de este ritual y su filosofía para otra cultura representa un regalo invaluable para todo amante de la belleza proveniente de cualquier lugar y época.

 

 

 

Imagen: Dominio público

El té es una religión del arte de la vida.

Kakuzo Okakura

El Libro del té de Kakuzo Okakura fue escrito para revelar al mundo occidental una de las prácticas más sofisticadas del Japón, la ceremonia del té. Publicado en 1906 en Nueva York y escrito originalmente en inglés, este volumen describe el minucioso ritual que, para su autor, implicaba toda una filosofía para la vida y el arte —una que se relaciona íntimamente con la disciplina mental y el amor por el mundo natural.

Después de un breve recorrido por la historia del y las prácticas que lo rodean, Okakura plantea la existencia de un movimiento llamado chadō o teísmo. Éste, descrito por el escritor como un “taoísmo disfrazado”, implica un culto a la belleza que, a su vez, permea el arte, la arquitectura e incluso la jardinería dentro de la cultura japonesa. Así también, Okakura relaciona la ceremonia del té con el zen y uno de sus conceptos más complejos: la importancia del vacío (sintetizada en el término japonés ma y una de las semillas teóricas del minimalismo en el arte). La asimetría (cuya naturaleza se materializa en el wabi-sabi) también juega un papel importante en la estética del teísmo por representar la estética de la naturaleza y sus formas.

Más adelante en el libro, Okakura describe las casas de té tradicionales; ahí, el concepto de vacío es igualmente primordial. Este espacio, influenciado por los monasterios zen, debiera representar una especie de pobreza refinada, cuya estética refleja la humildad, la paz y, sobre todo, la discreción. El escritor termina el libro con un capítulo sobre los maestros del té, personajes clave dentro de esta ceremonia y toda la filosofía que emerge de ella.

Habiendo sido escrito para un público occidental El libro del té también plantea la posibilidad de una convivencia armónica entre Occidente y Oriente. Para Okakura, el té y la profunda belleza de su simplicidad son uno de los regalos más grandes que estos dos mundos podrían compartir. El libro, finalmente, refleja la propia dualidad de Okakura quien, habiendo nacido en Japón, fue educado por voluntad de su padre a la manera inglesa y, eventualmente, fue a vivir a Estados Unidos —donde, por cierto, entabló una importante relación amistosa e intelectual con el poeta y estudioso de la cultura japonesa Ernest Fenollosa. Así, a pesar de que leer caracteres japoneses le era casi imposible, durante su vida en América, Okakura siempre vistió un kimono, como una forma de conservar la esencia de su cultura y mostrársela al mundo (como lo hizo también con sus escritos). Esta dualidad se ve también reflejada, aunque a veces de manera subrepticia, en algunos comentarios dentro del libro, que reflejan un claro desagrado por la forma en que Japón y su cultura habían sido tratados por Occidente hasta entonces.

El libro del té, que vino después de dos tratados previos que Okakura escribió sobre la cultura nipona, fue una pieza clave dentro del movimiento orientalista en la Europa de principios del siglo XX, y habitó el imaginario y obra de grandes artistas y escritores del periodo, entre ellos T.S. Eliot y Ezra Pound. El escritor vertió, entre las páginas de este curioso volumen, dos grandes lecciones: la primera que explica, con una minuciosidad propia de su espíritu oriental, que la ceremonia del té es una forma de vida, más aún, una manera de pensar y ser; por otro lado y en un segundo plano, este maestro japonés supo que la generosa traducción de este ritual y su filosofía para otra cultura representa un regalo invaluable para todo amante de la belleza proveniente de cualquier lugar y época.

 

 

 

Imagen: Dominio público