En diversas ocasiones David Lynch ha elogiado la meditación trascendental como una técnica que, a lo largo de los 40 años que lleva practicándola, se ha revelado sumamente generosa. Una relación larga que comenzó un día en que el cineasta escuchó una frase muy sencilla, que sin duda muchos de nosotros hemos oído también: “La verdadera felicidad no está afuera. La verdadera felicidad está en el interior”. Para Lynch, esta afirmación tenía sentido pero en ese entonces no sabía bien a bien por qué, cómo ni dónde residía la verdad de las palabras. “Un día se me ocurrió que la meditación podría ser la manera de llegar al interior”, dijo el cineasta.

A decir de Lynch, la meditación trascendental le ha permitido conocer esa posibilidad de trascendencia que es asequible en esta realidad, “reservas ilimitadas de energía, creatividad y felicidad” a las que es posible llegar sin tensión y que, además, residen en el interior de todos: un nivel de “conciencia pura” que es un tesoro, en palabras de Lynch.

El entusiasmo de Lynch por la meditación le llevó a extender su práctica a otras personas, en específico a niños y adultos afectados por el Desorden de Estrés Post Traumático (PTSD, por sus siglas en inglés), un trastorno psicológico con derivaciones somáticas que suele estar asociado con la experiencia de un trauma. Las personas que viven de cerca una guerra, que pasaron una temporada de su vida en condiciones de violencia o que sufrieron maltratos son algunas de las víctimas más frecuentes de dicho síndrome y para el cual Lynch está convencido que la meditación trascendental es una posibilidad de cura.

Con ese propósito, la fundación que lleva su nombre recorre el mundo desde 2005 para compartir la meditación trascendental entre aquellos que más podrían beneficiarse de su práctica y, entre los medios de los que se sirve para sostener esta actividad, se encuentra la venta de joyería adornada con un elocuente símbolo: un ojo de meditación.

Se trata, en cierta forma, de un regalo doble, pues al adquirir alguna de estas piezas se tendrá un recordatorio permanente de la importancia y la generosidad de la meditación y, por otro lado, para la Fundación David Lynch representa un apoyo en sus esfuerzos de llevar a otros el conocimiento de la disciplina.

Después de todo, la esencia del regalo es dar a otros algo verdaderamente invaluable.

También en Faena Aleph: Un método intuitivo para encontrar las respuestas que buscas (cortesía del Agente Dale Cooper)

 

 

Imagen: Creative Commons

En diversas ocasiones David Lynch ha elogiado la meditación trascendental como una técnica que, a lo largo de los 40 años que lleva practicándola, se ha revelado sumamente generosa. Una relación larga que comenzó un día en que el cineasta escuchó una frase muy sencilla, que sin duda muchos de nosotros hemos oído también: “La verdadera felicidad no está afuera. La verdadera felicidad está en el interior”. Para Lynch, esta afirmación tenía sentido pero en ese entonces no sabía bien a bien por qué, cómo ni dónde residía la verdad de las palabras. “Un día se me ocurrió que la meditación podría ser la manera de llegar al interior”, dijo el cineasta.

A decir de Lynch, la meditación trascendental le ha permitido conocer esa posibilidad de trascendencia que es asequible en esta realidad, “reservas ilimitadas de energía, creatividad y felicidad” a las que es posible llegar sin tensión y que, además, residen en el interior de todos: un nivel de “conciencia pura” que es un tesoro, en palabras de Lynch.

El entusiasmo de Lynch por la meditación le llevó a extender su práctica a otras personas, en específico a niños y adultos afectados por el Desorden de Estrés Post Traumático (PTSD, por sus siglas en inglés), un trastorno psicológico con derivaciones somáticas que suele estar asociado con la experiencia de un trauma. Las personas que viven de cerca una guerra, que pasaron una temporada de su vida en condiciones de violencia o que sufrieron maltratos son algunas de las víctimas más frecuentes de dicho síndrome y para el cual Lynch está convencido que la meditación trascendental es una posibilidad de cura.

Con ese propósito, la fundación que lleva su nombre recorre el mundo desde 2005 para compartir la meditación trascendental entre aquellos que más podrían beneficiarse de su práctica y, entre los medios de los que se sirve para sostener esta actividad, se encuentra la venta de joyería adornada con un elocuente símbolo: un ojo de meditación.

Se trata, en cierta forma, de un regalo doble, pues al adquirir alguna de estas piezas se tendrá un recordatorio permanente de la importancia y la generosidad de la meditación y, por otro lado, para la Fundación David Lynch representa un apoyo en sus esfuerzos de llevar a otros el conocimiento de la disciplina.

Después de todo, la esencia del regalo es dar a otros algo verdaderamente invaluable.

También en Faena Aleph: Un método intuitivo para encontrar las respuestas que buscas (cortesía del Agente Dale Cooper)

 

 

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