Uno de los aspectos más oscuros de la historia del derecho es el juicio por ordalía, utilizado tanto por sociedades antiguas en contextos de iniciación como por legislaciones occidentales al lidiar con aquello que no conocen: al igual que en la población de Salem, Massachusetts, donde tuvo lugar una de las más sangrientas cacerías de supuestas brujas, en la lejana provincia de Vardø, Noruega, se registró una historia similar.

Vardø está más cerca de Rusia que de Suecia, pero tan solo en el condado de Finmark 135 personas fueron acusadas de ejercer la brujería durante el siglo XVII, y 91 de ellas fueron encontradas culpables y ejecutadas.

Aquellos acusados de brujería se enfrentaban al juicio del agua: eran atados de pies y manos y lanzados a la corriente de un río, lago o cuerpo de agua. Si la persona flotaba, era culpable, puesto que el agua —signo del bautismo— la rechazaba; si en cambio la persona se ahogaba, se trataba de la “voluntad de Dios”, y la muerte probaba la inocencia de la víctima.

En 2011, la reina de Noruega inauguró un monumento para recordar a las víctimas de estos procedimientos. Los diseñadores fueron los artistas Peter Zumthor, de Suiza, y Louise Bourgeois, francoestadunidense. Conocido como el Memorial Steilneset, fue construido en el lugar donde se cree que pudieron haber tenido lugar las ordalías.

Se trata de un largo corredor frente a la playa que contiene 91 lámparas, cada una de las cuales ilumina una ventana y una placa conmemorativa con la historia de los juicios de Vardø; la otra parte de la instalación es una caja negra de vidrio donde se encuentra una silla y una antorcha quemándose perpetuamente, rodeada de espejos.

El Memorial nos recuerda que incluso elementos tan simples como el agua y el fuego pueden ser instrumentos de la crueldad humana si son usados por códigos judiciales criminales, pero también pueden ser herramientas de memoria, dignidad e incluso belleza.

Uno de los aspectos más oscuros de la historia del derecho es el juicio por ordalía, utilizado tanto por sociedades antiguas en contextos de iniciación como por legislaciones occidentales al lidiar con aquello que no conocen: al igual que en la población de Salem, Massachusetts, donde tuvo lugar una de las más sangrientas cacerías de supuestas brujas, en la lejana provincia de Vardø, Noruega, se registró una historia similar.

Vardø está más cerca de Rusia que de Suecia, pero tan solo en el condado de Finmark 135 personas fueron acusadas de ejercer la brujería durante el siglo XVII, y 91 de ellas fueron encontradas culpables y ejecutadas.

Aquellos acusados de brujería se enfrentaban al juicio del agua: eran atados de pies y manos y lanzados a la corriente de un río, lago o cuerpo de agua. Si la persona flotaba, era culpable, puesto que el agua —signo del bautismo— la rechazaba; si en cambio la persona se ahogaba, se trataba de la “voluntad de Dios”, y la muerte probaba la inocencia de la víctima.

En 2011, la reina de Noruega inauguró un monumento para recordar a las víctimas de estos procedimientos. Los diseñadores fueron los artistas Peter Zumthor, de Suiza, y Louise Bourgeois, francoestadunidense. Conocido como el Memorial Steilneset, fue construido en el lugar donde se cree que pudieron haber tenido lugar las ordalías.

Se trata de un largo corredor frente a la playa que contiene 91 lámparas, cada una de las cuales ilumina una ventana y una placa conmemorativa con la historia de los juicios de Vardø; la otra parte de la instalación es una caja negra de vidrio donde se encuentra una silla y una antorcha quemándose perpetuamente, rodeada de espejos.

El Memorial nos recuerda que incluso elementos tan simples como el agua y el fuego pueden ser instrumentos de la crueldad humana si son usados por códigos judiciales criminales, pero también pueden ser herramientas de memoria, dignidad e incluso belleza.

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