El mar tiene su propia música. Y si le das un instrumento hablará a través de él por todas las horas y las olas que le queden de vida. No es extraño, además, que los sonidos que produce cuando entra y sale de las pipas de un órgano sean tan parecidos a los cantos melancólicos de las ballenas. El mar es sus criaturas y habla por medio de ellas. Quizá entonces este órgano, al igual que el Órgano de olas de San Francisco y el Órgano de marea alta de Inglaterra, sea ya una más de sus criaturas.

Escondido bajo unos enormes escalones blancos en el pueblo de Zadar, en Croacia, se encuentra este majestuoso Órgano del mar. El instrumento consiste en una serie de 35 tubos y una gran cavidad acústica en la que tocan el viento y las olas. Fue diseñado por el arquitecto Nikola Bašić como un lugar para sentarse a escuchar la armonía del océano mientras se mete el sol tras el horizonte o mientras simplemente pasa el tiempo frente a uno.

A pesar de lo impredecible de cada nota, lo que se escucha es sorprendentemente armónico. Esto sucede porque los distintos tubos del órgano han sido cuidadosamente afinados para producir sólo ciertas notas musicales que suenan bien juntas. Mientras uno se mueve a lo largo de la instalación, los sonidos y las armonías cambian como si hubiera más de un músico produciendo acordes debajo de nuestros pies.

Gracias a este proyecto los habitantes de Zadar han recuperado una vez más su relación con el mar. La caótica reconstrucción que se llevó a cabo ahí para reparar los daños de la Segunda Guerra Mundial había dejado el frente marino como una ruina de escombros y un muro monótono de concreto y metal. El “Órgano del mar” es, hasta hoy, el único lugar en esta parte de la costa donde se puede fácilmente acceder al mar, mientras se escucha su canto.

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El mar tiene su propia música. Y si le das un instrumento hablará a través de él por todas las horas y las olas que le queden de vida. No es extraño, además, que los sonidos que produce cuando entra y sale de las pipas de un órgano sean tan parecidos a los cantos melancólicos de las ballenas. El mar es sus criaturas y habla por medio de ellas. Quizá entonces este órgano, al igual que el Órgano de olas de San Francisco y el Órgano de marea alta de Inglaterra, sea ya una más de sus criaturas.

Escondido bajo unos enormes escalones blancos en el pueblo de Zadar, en Croacia, se encuentra este majestuoso Órgano del mar. El instrumento consiste en una serie de 35 tubos y una gran cavidad acústica en la que tocan el viento y las olas. Fue diseñado por el arquitecto Nikola Bašić como un lugar para sentarse a escuchar la armonía del océano mientras se mete el sol tras el horizonte o mientras simplemente pasa el tiempo frente a uno.

A pesar de lo impredecible de cada nota, lo que se escucha es sorprendentemente armónico. Esto sucede porque los distintos tubos del órgano han sido cuidadosamente afinados para producir sólo ciertas notas musicales que suenan bien juntas. Mientras uno se mueve a lo largo de la instalación, los sonidos y las armonías cambian como si hubiera más de un músico produciendo acordes debajo de nuestros pies.

Gracias a este proyecto los habitantes de Zadar han recuperado una vez más su relación con el mar. La caótica reconstrucción que se llevó a cabo ahí para reparar los daños de la Segunda Guerra Mundial había dejado el frente marino como una ruina de escombros y un muro monótono de concreto y metal. El “Órgano del mar” es, hasta hoy, el único lugar en esta parte de la costa donde se puede fácilmente acceder al mar, mientras se escucha su canto.

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