A un poco más de diez kilómetros de la ciudad de Vitoria, en el País Vasco español, hay un castillo cuya sobrevivencia es un homenaje al tiempo. La zona donde se encuentra esta antigua edificación, la Sierra Brava de Badaya, es hogar de miles de especies de animales y plantas. Es el paisaje perfecto para estas ruinas que hace poco y gracias al trabajo de muchas personas, entre ellas el paisajista Eduardo Álvarez de Arcaya, fueron convertidas en un jardín botánico, centro cultural y observatorio astral llamado Santa Catalina.

Este legendario lugar fue hogar de un señor feudal de nombre Martínez de Iruña en el siglo XIV, también fue un convento de monjes agustinos y más tarde, en el siglo XIX, fue el refugio de tropas absolutistas españolas, época alrededor de la cual el lugar se incendió para ser, finalmente, abandonado a su suerte. Con el paso de los años, la naturaleza se encargó de devorar el castillo hasta que, a finales de la década de los noventa, Álvarez de Arcaya y su equipo se dieron a la tarea de rescatarlo de su inminente destrucción.

Uno de los obstáculos más grandes para revivir Santa Catalina fue el hecho de que no existían caminos que llevaran hasta ahí; así que todo comenzó con la construcción de vías que permitieran el acceso a este remoto paraje de la sierra vasca. Durante la reconstrucción del viejo castillo, se dio trabajo a mucha gente de la localidad, especialmente a desempleados y gente de bajos recursos, un gesto que determina las políticas actuales de este jardín: hasta el día de hoy el mantenimiento del viejo castillo es realizado por personas en riesgo de ser excluidas o marginadas.

El centro cultural que es parte de este magnífico espacio organiza talleres de toda clase que van desde exposiciones y conciertos, hasta la fabricación de jabones, clases de yoga y ciclos de cine. Además, Santa Catalina se ha convertido en el primer “parque estelar” de España. Esto quiere decir que se trata de un espacio que, durante la noche, funciona como observatorio y ha sido reconocido por la Fundación Satrlight, una entidad sin fines de lucro dedicada a defender el derecho a ver la luz de las estrellas y resguardar la belleza del cielo nocturno. Por su parte, el Jardín Botánico de Santa Catalina resguarda especies de tres microclimas: umbría, zona de valle y solana, y despliega una colección de plantas provenientes de los cinco continentes; se trata, probablemente, de uno de los jardines botánicos más bellos del mundo.

En su tremenda imponencia, Santa Catalina es un espacio generoso y multidisciplinario. Ahí, el pasado y el presente convergen y dan como resultado uno de los lugares más espectaculares de la costa ibérica, uno que siempre estuvo predestinado a estar lleno de magia.

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Imágenes: 1) Basotxerri – Creative Commons 2) Dominio público

A un poco más de diez kilómetros de la ciudad de Vitoria, en el País Vasco español, hay un castillo cuya sobrevivencia es un homenaje al tiempo. La zona donde se encuentra esta antigua edificación, la Sierra Brava de Badaya, es hogar de miles de especies de animales y plantas. Es el paisaje perfecto para estas ruinas que hace poco y gracias al trabajo de muchas personas, entre ellas el paisajista Eduardo Álvarez de Arcaya, fueron convertidas en un jardín botánico, centro cultural y observatorio astral llamado Santa Catalina.

Este legendario lugar fue hogar de un señor feudal de nombre Martínez de Iruña en el siglo XIV, también fue un convento de monjes agustinos y más tarde, en el siglo XIX, fue el refugio de tropas absolutistas españolas, época alrededor de la cual el lugar se incendió para ser, finalmente, abandonado a su suerte. Con el paso de los años, la naturaleza se encargó de devorar el castillo hasta que, a finales de la década de los noventa, Álvarez de Arcaya y su equipo se dieron a la tarea de rescatarlo de su inminente destrucción.

Uno de los obstáculos más grandes para revivir Santa Catalina fue el hecho de que no existían caminos que llevaran hasta ahí; así que todo comenzó con la construcción de vías que permitieran el acceso a este remoto paraje de la sierra vasca. Durante la reconstrucción del viejo castillo, se dio trabajo a mucha gente de la localidad, especialmente a desempleados y gente de bajos recursos, un gesto que determina las políticas actuales de este jardín: hasta el día de hoy el mantenimiento del viejo castillo es realizado por personas en riesgo de ser excluidas o marginadas.

El centro cultural que es parte de este magnífico espacio organiza talleres de toda clase que van desde exposiciones y conciertos, hasta la fabricación de jabones, clases de yoga y ciclos de cine. Además, Santa Catalina se ha convertido en el primer “parque estelar” de España. Esto quiere decir que se trata de un espacio que, durante la noche, funciona como observatorio y ha sido reconocido por la Fundación Satrlight, una entidad sin fines de lucro dedicada a defender el derecho a ver la luz de las estrellas y resguardar la belleza del cielo nocturno. Por su parte, el Jardín Botánico de Santa Catalina resguarda especies de tres microclimas: umbría, zona de valle y solana, y despliega una colección de plantas provenientes de los cinco continentes; se trata, probablemente, de uno de los jardines botánicos más bellos del mundo.

En su tremenda imponencia, Santa Catalina es un espacio generoso y multidisciplinario. Ahí, el pasado y el presente convergen y dan como resultado uno de los lugares más espectaculares de la costa ibérica, uno que siempre estuvo predestinado a estar lleno de magia.

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Imágenes: 1) Basotxerri – Creative Commons 2) Dominio público