Por extraño que parezca, Brasil se conocía desde mucho tiempo antes del descubrimiento de América. Poco, sin embargo, tenía que ver con el gigante sudamericano. La isla Brasil, también denominada “Hy-Brasil”, había sido localizada al norte del Atlántico, no muy lejos de la costa oeste de Irlanda. Solamente que Hy-Brasil nunca existió.

Aunque aparece en diferentes mapas desde el año de 1325 —en un mapa portulano, aquellos que hicieron posible el uso de la brújula—, es realmente una de las miles de islas fantasmas presentes en la cartografía marina, a veces hasta por siglos, antes de ser desechadas a causa de observaciones precisas y tecnificadas.

En 1497, el diplomático español Pedro de Ayala aseguró que John Cabot, el primer europeo en visitar Norteamérica después de los vikingos, había hecho su viaje con los hombres fundadores de Brasil, provenientes de Bristol. Ayala también menciona en su carta las “Sete Cidades”, una misteriosa colección de siete ciudades (una o más islas en el Atlántico) supuestamente fundadas en el siglo VIII por cristianos que huían de la conquista musulmana sobre Iberia, demostrando así que la inmensidad de los océanos servía como motor para la creación de islas fantasmas.

A veces simplemente es imposible distinguir la realidad de la fantasía. Hy-Brasil, se suponía, permanecía oculto por la niebla excepto por un día cada siete años. Debió ser uno de esos afortunados días, en 1674, cuando John Nisbet ancló en la isla, ordenando una expedición de cuatro marineros a tierra. Los marineros pasaron un día en tierra, acompañados por un hombre mayor —¿quizás un monje irlandés?— que les dio oro y plata.

Posteriormente hubo otra expedición a cargo del capitán Alexander Johnson, quien confirmó los hallazgos de la tripulación de Nisbet. Tiempo después la isla de Hy-Brasil recuperó su forma escurridiza.

A Hy-Brasil se le ha representado normalmente al oeste o suroeste de Irlanda, pero también se le incluyó en las islas portuguesas de las Azores. Refutar la existencia de Hy- Brasil resultaba imposible, así que en lugar de desaparecer del mapa por completo, se fue encogiendo poco a poco hasta convertirse en una roca.

La historia de la isla Hy-Basil, como la de muchas otras islas fantasmas, es una extraña combinación entre leyendas falsas, observaciones bucaneras e ilusiones. Hasta la fecha existe una controversia sobre si el país Brasil debe o no su nombre a esta invención de la cartografía.

Las islas fantasmas comúnmente han servido de escenario para todo tipo de historias de ficción, fantasías que suelen contarse con la ayuda de un buen narrador, por ello la historia de Hy-Brasil se antoja para ser escuchada en una taberna de la campiña irlandesa por un personaje gaélico.

Por extraño que parezca, Brasil se conocía desde mucho tiempo antes del descubrimiento de América. Poco, sin embargo, tenía que ver con el gigante sudamericano. La isla Brasil, también denominada “Hy-Brasil”, había sido localizada al norte del Atlántico, no muy lejos de la costa oeste de Irlanda. Solamente que Hy-Brasil nunca existió.

Aunque aparece en diferentes mapas desde el año de 1325 —en un mapa portulano, aquellos que hicieron posible el uso de la brújula—, es realmente una de las miles de islas fantasmas presentes en la cartografía marina, a veces hasta por siglos, antes de ser desechadas a causa de observaciones precisas y tecnificadas.

En 1497, el diplomático español Pedro de Ayala aseguró que John Cabot, el primer europeo en visitar Norteamérica después de los vikingos, había hecho su viaje con los hombres fundadores de Brasil, provenientes de Bristol. Ayala también menciona en su carta las “Sete Cidades”, una misteriosa colección de siete ciudades (una o más islas en el Atlántico) supuestamente fundadas en el siglo VIII por cristianos que huían de la conquista musulmana sobre Iberia, demostrando así que la inmensidad de los océanos servía como motor para la creación de islas fantasmas.

A veces simplemente es imposible distinguir la realidad de la fantasía. Hy-Brasil, se suponía, permanecía oculto por la niebla excepto por un día cada siete años. Debió ser uno de esos afortunados días, en 1674, cuando John Nisbet ancló en la isla, ordenando una expedición de cuatro marineros a tierra. Los marineros pasaron un día en tierra, acompañados por un hombre mayor —¿quizás un monje irlandés?— que les dio oro y plata.

Posteriormente hubo otra expedición a cargo del capitán Alexander Johnson, quien confirmó los hallazgos de la tripulación de Nisbet. Tiempo después la isla de Hy-Brasil recuperó su forma escurridiza.

A Hy-Brasil se le ha representado normalmente al oeste o suroeste de Irlanda, pero también se le incluyó en las islas portuguesas de las Azores. Refutar la existencia de Hy- Brasil resultaba imposible, así que en lugar de desaparecer del mapa por completo, se fue encogiendo poco a poco hasta convertirse en una roca.

La historia de la isla Hy-Basil, como la de muchas otras islas fantasmas, es una extraña combinación entre leyendas falsas, observaciones bucaneras e ilusiones. Hasta la fecha existe una controversia sobre si el país Brasil debe o no su nombre a esta invención de la cartografía.

Las islas fantasmas comúnmente han servido de escenario para todo tipo de historias de ficción, fantasías que suelen contarse con la ayuda de un buen narrador, por ello la historia de Hy-Brasil se antoja para ser escuchada en una taberna de la campiña irlandesa por un personaje gaélico.

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