En esencia, el hombre no parece haber cambiado mucho desde las primeras civilizaciones hasta hoy. Artes, agricultura, intercambio económico, asombro ante la existencia, pero también odio, guerra y pillaje, parecen servir como rasgos definitorios de cualquier sociedad elegida al azar en un rango de miles de años. La visión del pasado remoto como una Arcadia feliz, parece no sostenerse en vista de los nuevos datos aportados por la investigación. Y esto es precisamente lo que ha sucedido con el Rig Veda, parte fundamental de los cuatro vedas (conocimientos) de la tradición religiosa hindú.

De una primera visión que otorgaba a los himnos del Rig Veda una ingenuidad propia de un pueblo pastoril y ajeno a cualquier mal civilizatorio, los investigadores y estudiosos fueron pasando a la idea de una sociedad menos idílica y más compleja. El orientalista francés Abel Begaigne (1838-1888) fue el primero en darse cuenta del grado de refinamiento intelectual y complejidad conceptual que encierran sus cantos —versos cantados, en su mayoría, en invocación de dioses como Indra, Parvatti o Angi, pero también con la finalidad de dejar constancia de la propia situación o pensamiento del poeta al que le eran encargados los versos a cambio de una remuneración—.

Así, por ejemplo, encontramos estrofas en las que el poeta se queja de su irregular paga, u otras en las que se hace crítica sutil del poder excesivo de los brahamanes. Cuestiones, como vemos, esencialmente humanas, y que junto a la admiración por la periodicidad de la aurora o la fabricación ritual del soma, bebida sagrada, conviven en un texto compuesto por nada menos que 1028 himnos.

Pero entre todos estos himnos destaca uno realmente extraordinario, el IX.119, considerado por los especialistas como la primera pieza poética dedicada exclusivamente a la embriaguez. Este delirante fragmento es sólo una pequeña parte del Rig Veda, al que el sabio hindú Shri Aurobindo dedicó estas palabras: “sus cantos son los episodios de la epopeya lírica del alma en su ascensión inmortal”.

Estoy pensando en lanzarme
A conquistar vacas y caballos.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Como vientos impetuosos,
Las copas de Soma, que he bebido,
Me están arrastrando hacia arriba.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Como caballos que jalan un carro,
Las copas de Soma, que he bebido
Me están arrastrando hacia arriba.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Como mugientes vacas hacia sus amados terneros,
Las ideas se agolpan hacia mí.
¿Habré bebido demasiado Soma?

En mi corazón doy vueltas a mis pensamientos,
Como carpintero que da vueltas
Al asiento del carro, que está arreglando.
¿Habré bebido demasiado Soma?


Nada me importan
Las cinco razas de los hombres.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Los dos mundos no se comparan
A uno solo de mis brazos.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Yo supero en grandeza
Al cielo y a la enorme tierra.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Ah, cargaré a la tierra
Y a otro lugar la llevaré.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Destrozaré, de un solo golpe,
Este o aquel costado de la tierra.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Parte de mí está en el cielo,
Parte la he jalado hacia la tierra.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Soy inmenso,
Y llego hasta las nubes.
¿Habré bebido demasiado Soma?

 

 

 

Imagen: Dominio público

En esencia, el hombre no parece haber cambiado mucho desde las primeras civilizaciones hasta hoy. Artes, agricultura, intercambio económico, asombro ante la existencia, pero también odio, guerra y pillaje, parecen servir como rasgos definitorios de cualquier sociedad elegida al azar en un rango de miles de años. La visión del pasado remoto como una Arcadia feliz, parece no sostenerse en vista de los nuevos datos aportados por la investigación. Y esto es precisamente lo que ha sucedido con el Rig Veda, parte fundamental de los cuatro vedas (conocimientos) de la tradición religiosa hindú.

De una primera visión que otorgaba a los himnos del Rig Veda una ingenuidad propia de un pueblo pastoril y ajeno a cualquier mal civilizatorio, los investigadores y estudiosos fueron pasando a la idea de una sociedad menos idílica y más compleja. El orientalista francés Abel Begaigne (1838-1888) fue el primero en darse cuenta del grado de refinamiento intelectual y complejidad conceptual que encierran sus cantos —versos cantados, en su mayoría, en invocación de dioses como Indra, Parvatti o Angi, pero también con la finalidad de dejar constancia de la propia situación o pensamiento del poeta al que le eran encargados los versos a cambio de una remuneración—.

Así, por ejemplo, encontramos estrofas en las que el poeta se queja de su irregular paga, u otras en las que se hace crítica sutil del poder excesivo de los brahamanes. Cuestiones, como vemos, esencialmente humanas, y que junto a la admiración por la periodicidad de la aurora o la fabricación ritual del soma, bebida sagrada, conviven en un texto compuesto por nada menos que 1028 himnos.

Pero entre todos estos himnos destaca uno realmente extraordinario, el IX.119, considerado por los especialistas como la primera pieza poética dedicada exclusivamente a la embriaguez. Este delirante fragmento es sólo una pequeña parte del Rig Veda, al que el sabio hindú Shri Aurobindo dedicó estas palabras: “sus cantos son los episodios de la epopeya lírica del alma en su ascensión inmortal”.

Estoy pensando en lanzarme
A conquistar vacas y caballos.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Como vientos impetuosos,
Las copas de Soma, que he bebido,
Me están arrastrando hacia arriba.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Como caballos que jalan un carro,
Las copas de Soma, que he bebido
Me están arrastrando hacia arriba.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Como mugientes vacas hacia sus amados terneros,
Las ideas se agolpan hacia mí.
¿Habré bebido demasiado Soma?

En mi corazón doy vueltas a mis pensamientos,
Como carpintero que da vueltas
Al asiento del carro, que está arreglando.
¿Habré bebido demasiado Soma?


Nada me importan
Las cinco razas de los hombres.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Los dos mundos no se comparan
A uno solo de mis brazos.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Yo supero en grandeza
Al cielo y a la enorme tierra.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Ah, cargaré a la tierra
Y a otro lugar la llevaré.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Destrozaré, de un solo golpe,
Este o aquel costado de la tierra.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Parte de mí está en el cielo,
Parte la he jalado hacia la tierra.
¿Habré bebido demasiado Soma?

Soy inmenso,
Y llego hasta las nubes.
¿Habré bebido demasiado Soma?

 

 

 

Imagen: Dominio público