La rotación de la Tierra ofrece cada día dos espectáculos gratuitos: el amanecer y el atardecer. Como sucede en el teatro, cada función es única. La cantidad de horizontes es infinita. Con variar tan solo unos centímetros la posición desde la que se observa, la escenografía de edificios, montañas o praderas cambiará. La alteración en las condiciones atmosféricas, en la cantidad y forma de las nubes, y la transparencia del aire, aseguran que el sol tendrá cada vez una muerte y un nacimiento distintos. Estas son razones de más para proponerse coleccionar amaneceres y atardeceres. Pero existe una más. Hay un fenómeno óptico conocido como el rayo verde que ocurre cada tanto, casi siempre en un horizonte marítimo. Algunas veces, cuando el sol acaba de ponerse o está a punto de surgir del agua, puede verse en el horizonte el destello de un rayo verde, más grande que el mismo sol.

Sucede en todas partes del mundo, debido al contraste del agua cálida con el aire más frío. Sin embargo, ciertas condiciones favorecen su aparición. Es más fácil verlos en verano o en invierno, cuando sube la temperatura después de un día frío, y a latitudes altas. Suelen durar unos pocos segundos, pero en los polos se los ha visto durar varios minutos.

En su novela El rayo verde, Julio Verne lo describió como “de un verde maravilloso, de un verde que ningún pintor ha logrado obtener en su paleta, de un verde que la naturaleza no ha reproducido ni en la tinta diversa de los vegetales, ni en el color de los mares más limpios. Si existe un verde en el Paraíso, no puede ser mas que ese verde, que es, sin duda, el verde de la esperanza”. A esta descripción agrega una leyenda, que asegura que quien observe el rayo verde no volverá a engañarse en los asuntos sentimentales. Dice que su aparición destruye las ilusiones y las mentiras, y que quien lo observa al menos una vez podrá ver con claridad en su propio corazón y el de los otros.

Si no es verdad esta leyenda, su verdad poética es suficiente motivo para coleccionar atardeceres, y esperar un día observar el rayo verde.

* Imagen extraída de un video Juan Guerra / YouTube.

La rotación de la Tierra ofrece cada día dos espectáculos gratuitos: el amanecer y el atardecer. Como sucede en el teatro, cada función es única. La cantidad de horizontes es infinita. Con variar tan solo unos centímetros la posición desde la que se observa, la escenografía de edificios, montañas o praderas cambiará. La alteración en las condiciones atmosféricas, en la cantidad y forma de las nubes, y la transparencia del aire, aseguran que el sol tendrá cada vez una muerte y un nacimiento distintos. Estas son razones de más para proponerse coleccionar amaneceres y atardeceres. Pero existe una más. Hay un fenómeno óptico conocido como el rayo verde que ocurre cada tanto, casi siempre en un horizonte marítimo. Algunas veces, cuando el sol acaba de ponerse o está a punto de surgir del agua, puede verse en el horizonte el destello de un rayo verde, más grande que el mismo sol.

Sucede en todas partes del mundo, debido al contraste del agua cálida con el aire más frío. Sin embargo, ciertas condiciones favorecen su aparición. Es más fácil verlos en verano o en invierno, cuando sube la temperatura después de un día frío, y a latitudes altas. Suelen durar unos pocos segundos, pero en los polos se los ha visto durar varios minutos.

En su novela El rayo verde, Julio Verne lo describió como “de un verde maravilloso, de un verde que ningún pintor ha logrado obtener en su paleta, de un verde que la naturaleza no ha reproducido ni en la tinta diversa de los vegetales, ni en el color de los mares más limpios. Si existe un verde en el Paraíso, no puede ser mas que ese verde, que es, sin duda, el verde de la esperanza”. A esta descripción agrega una leyenda, que asegura que quien observe el rayo verde no volverá a engañarse en los asuntos sentimentales. Dice que su aparición destruye las ilusiones y las mentiras, y que quien lo observa al menos una vez podrá ver con claridad en su propio corazón y el de los otros.

Si no es verdad esta leyenda, su verdad poética es suficiente motivo para coleccionar atardeceres, y esperar un día observar el rayo verde.

* Imagen extraída de un video Juan Guerra / YouTube.

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