Para los huicholes o wixárikas, la música es una de las más puras expresiones del mundo espiritual. Esta etnia indígena, habitante del centro-oeste de México, es ampliamente conocida por sus ceremonias y peregrinaciones religiosas que incluyen la ingesta ritual de peyote, cacto alucinógeno que funciona como medio de comunicación con la divinidad; el baile y la música son, igualmente, parte de estas tradiciones que honran a sus deidades. Fueron los sonidos de estos pueblos, tan hermosamente indígenas y únicos, los que inspiraron hace años a Philip Glass a acercarse a esta cultura y sus tradiciones musicales. El resultado fue el álbum Concert of the Sixth Sun, cuyo misticismo y peculiaridad nos describen un universo ritual tan poderoso como sublime, tan humilde y sencillo, como majestuoso.

De acuerdo al calendario de los pueblos prehispánicos maya y tolteca, que divide la historia del universo en soles, el sexto sol comenzó el 21 de diciembre de 2012, tras los 5,125 años que duró el quinto sol. Así, el Concierto del Sexto Sol se celebró un día antes de este cambio de era en Real de Catorce, un pequeño pueblo fantasma (que alguna vez fue una comunidad minera) ubicado en el corazón de la zona huichola. En él participaron, acompañados por el piano de Glass, los músicos espirituales wixárikas Daniel Medina de la Rosa y Roberto Carrillo, que tocaron el violín huichol (raweri) y la guitarra huichola (kanari) respectivamente, además de cantar letras que fueron inspiradas en Daniel durante peregrinaciones y ceremonias religiosas.

A manera de testimonio sonoro de este mágico encuentro, un concierto que fue también un ritual, se hizo el álbum del mismo nombre que consta de cuatro piezas ceremoniales reinterpretadas a través de la inclusión de una voz no indígena (el piano) que, sin embargo, se siente completamente orgánica. A petición de Glass, todas las ganancias de las ventas de este disco serán donadas a la comunidad wixárika de Santa Catarina Cuexcomatitlán (un recordatorio de la grandeza de espíritu del músico estadounidense).

El especial sonido de los instrumentos huicholes —artefactos de origen europeo que, a la llegada de los españoles a América, evolucionaron en instrumentos y sonidos propios de las etnias que los adoptaron— es extraño para un oído acostumbrado a un violín o una guitarra convencionales; pero su voz chirriante, casi desafinada, expresa al tiempo dulzura y fuerza dignas del mensaje sagrado que transmite. Así, las melodías repetitivas de estas piezas (que claramente emulan el trance espiritual) se fusionan con lo que muchos conocen como minimalismo musical, característico de la música de  Philip Glass —cuyo piano se mantiene en un segundo plano y funciona como un soporte de la melodía y voz principales. La aparente sencillez y profundidad de esta música religiosa se fusiona perfectamente con el sonido del músico estadounidense y resulta en una atemporal joya sonora.

La trayectoria de Glass nos ha dado muchos trabajos como este, baste recordar Passages (1990), el disco que hizo a dúo con el gran Ravi Shankar y que vislumbró la India y su cultura musical para un público amplio o, más recientemente, Orion (2004) en el que colaboró con músicos de todo el mundo (China, Australia y Grecia, por ejemplo). Este portentoso músico nacido en Baltimore ha sabido, a lo largo de su deslumbrante y larga carrera, hilvanar la musicalidad de distintos pueblos del mundo recordándonos que, finalmente, la música siempre será un lenguaje universal capaz de exaltar el interior de cualquier persona dispuesta a sentirlo.

Imagen: Creative Commons

Para los huicholes o wixárikas, la música es una de las más puras expresiones del mundo espiritual. Esta etnia indígena, habitante del centro-oeste de México, es ampliamente conocida por sus ceremonias y peregrinaciones religiosas que incluyen la ingesta ritual de peyote, cacto alucinógeno que funciona como medio de comunicación con la divinidad; el baile y la música son, igualmente, parte de estas tradiciones que honran a sus deidades. Fueron los sonidos de estos pueblos, tan hermosamente indígenas y únicos, los que inspiraron hace años a Philip Glass a acercarse a esta cultura y sus tradiciones musicales. El resultado fue el álbum Concert of the Sixth Sun, cuyo misticismo y peculiaridad nos describen un universo ritual tan poderoso como sublime, tan humilde y sencillo, como majestuoso.

De acuerdo al calendario de los pueblos prehispánicos maya y tolteca, que divide la historia del universo en soles, el sexto sol comenzó el 21 de diciembre de 2012, tras los 5,125 años que duró el quinto sol. Así, el Concierto del Sexto Sol se celebró un día antes de este cambio de era en Real de Catorce, un pequeño pueblo fantasma (que alguna vez fue una comunidad minera) ubicado en el corazón de la zona huichola. En él participaron, acompañados por el piano de Glass, los músicos espirituales wixárikas Daniel Medina de la Rosa y Roberto Carrillo, que tocaron el violín huichol (raweri) y la guitarra huichola (kanari) respectivamente, además de cantar letras que fueron inspiradas en Daniel durante peregrinaciones y ceremonias religiosas.

A manera de testimonio sonoro de este mágico encuentro, un concierto que fue también un ritual, se hizo el álbum del mismo nombre que consta de cuatro piezas ceremoniales reinterpretadas a través de la inclusión de una voz no indígena (el piano) que, sin embargo, se siente completamente orgánica. A petición de Glass, todas las ganancias de las ventas de este disco serán donadas a la comunidad wixárika de Santa Catarina Cuexcomatitlán (un recordatorio de la grandeza de espíritu del músico estadounidense).

El especial sonido de los instrumentos huicholes —artefactos de origen europeo que, a la llegada de los españoles a América, evolucionaron en instrumentos y sonidos propios de las etnias que los adoptaron— es extraño para un oído acostumbrado a un violín o una guitarra convencionales; pero su voz chirriante, casi desafinada, expresa al tiempo dulzura y fuerza dignas del mensaje sagrado que transmite. Así, las melodías repetitivas de estas piezas (que claramente emulan el trance espiritual) se fusionan con lo que muchos conocen como minimalismo musical, característico de la música de  Philip Glass —cuyo piano se mantiene en un segundo plano y funciona como un soporte de la melodía y voz principales. La aparente sencillez y profundidad de esta música religiosa se fusiona perfectamente con el sonido del músico estadounidense y resulta en una atemporal joya sonora.

La trayectoria de Glass nos ha dado muchos trabajos como este, baste recordar Passages (1990), el disco que hizo a dúo con el gran Ravi Shankar y que vislumbró la India y su cultura musical para un público amplio o, más recientemente, Orion (2004) en el que colaboró con músicos de todo el mundo (China, Australia y Grecia, por ejemplo). Este portentoso músico nacido en Baltimore ha sabido, a lo largo de su deslumbrante y larga carrera, hilvanar la musicalidad de distintos pueblos del mundo recordándonos que, finalmente, la música siempre será un lenguaje universal capaz de exaltar el interior de cualquier persona dispuesta a sentirlo.

Imagen: Creative Commons