En Occidente, los sueños son vistos como subproductos de la razón —excesos indeseables o en todo caso inocuos, de la vida de vigilia, sin más importancia que una película que vemos en estado sonámbulo. Pero en Oriente, especialmente en la rica tradición religiosa tibetana, los sueños poseen un lugar muy especial en la tradición.

Una excelente introducción a esta visión del sueño como complemento —o incluso como vehículo principal— de la práctica espiritual es el libro El yoga de los sueños, del maestro Tenzin Wangyal Rinpoche, un monje tibetano que ha popularizado los principios de los yogas del soñar y del dormir en Occidente, siempre consciente de la brecha histórica y cultural que determina nuestras respectivas estructuras mentales en cada extremo del planeta.

Lo primero que aprendemos es la naturaleza del sueño. Para ello es preciso hacernos una idea un poco más precisa del “karma”, que muchos de nosotros utilizamos como sinónimo de una “revancha” que el universo se juega con nosotros debido a nuestras malas acciones. En realidad el karma es algo mucho más sencillo. Todo lo que hacemos, “bueno” o “malo”, tiene repercusiones en nosotros y en nuestro mundo; el karma no es sino la consecuencia de una acción, y en ese sentido, los sueños (así como todo en el universo, según la cosmología tibetana) participan de los movimientos kármicos y crean algo llamado “huellas kármicas”, que finalmente se proyectan también en nuestro drama onírico.

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Nuestras emociones, pensamientos, sensaciones y acciones son creadores de huellas kármicas, las cuales siguen actuando en el mundo aún después de la muerte del sujeto. Como vehículo espiritual, el sueño tiene la función de ayudarnos a limpiar nuestras huellas kármicas como preparación para el “estado intermedio”, el Bardo, que es el lugar que el alma atraviesa antes de reencarnar nuevamente, cargada de todas sus huellas kármicas —vestigios de ignorancia, de aprehensión y de angustias pasadas— en la siguiente vida.

El yoga de los sueños —que no es lo mismo, pero que podría asemejarse al sueño lúcido como se ha popularizado los últimos años— no es otra cosa que el desarrollo de la conciencia despierta en cada una de nuestras acciones e interacciones, en la vigilia como en el sueño, porque para el budismo tibetano en realidad no existe una diferencia entre uno y otro estado, pues ambos participan de la naturaleza ilusoria de la realidad (Samsara). Citando al gran dramaturgo Calderón de la Barca, “la vida es sueño y los sueños, sueños son”.

Este libro nos enseñará a aceptar y cultivar una relación con nuestras categorías lógicas y dicotómicas para comenzar a trabajar en nuestros sueños no como el psicoanálisis o la magia en el sentido vulgar, sino como un tiempo que es parte de nuestra vida total y que como tal tenemos derecho de aprovechar. Aprenderemos que el miedo y la alegría, que la debilidad y la fortaleza, todo forma parte de nuestra experiencia en el reino humano, y que trabajar sobre las huellas kármicas (ya sea como practicantes laicos o dentro de una práctica espiritual más completa) limpia los bloqueos energéticos, mentales y emocionales.

Los sueños son imágenes de los distintos tipos de bloqueos energéticos que sufrimos, y para incidir en ellos debemos promover la conciencia despierta en la vigilia. Numerosos ejercicios y meditaciones nos ayudarán a observar nuestro alrededor con ojos nuevos y a habitar también con plena conciencia en el mundo de los sueños, ya no para verlo como un reverso o mero complemento de las experiencias de vigilia sino como un sitio privilegiado para el autoconocimiento y la realización espiritual.

Descarga aquí El yoga de los sueños.

Aquí una buena conferencia del maestro Wangyal sobre el yoga de los sueños:

 

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En Occidente, los sueños son vistos como subproductos de la razón —excesos indeseables o en todo caso inocuos, de la vida de vigilia, sin más importancia que una película que vemos en estado sonámbulo. Pero en Oriente, especialmente en la rica tradición religiosa tibetana, los sueños poseen un lugar muy especial en la tradición.

Una excelente introducción a esta visión del sueño como complemento —o incluso como vehículo principal— de la práctica espiritual es el libro El yoga de los sueños, del maestro Tenzin Wangyal Rinpoche, un monje tibetano que ha popularizado los principios de los yogas del soñar y del dormir en Occidente, siempre consciente de la brecha histórica y cultural que determina nuestras respectivas estructuras mentales en cada extremo del planeta.

Lo primero que aprendemos es la naturaleza del sueño. Para ello es preciso hacernos una idea un poco más precisa del “karma”, que muchos de nosotros utilizamos como sinónimo de una “revancha” que el universo se juega con nosotros debido a nuestras malas acciones. En realidad el karma es algo mucho más sencillo. Todo lo que hacemos, “bueno” o “malo”, tiene repercusiones en nosotros y en nuestro mundo; el karma no es sino la consecuencia de una acción, y en ese sentido, los sueños (así como todo en el universo, según la cosmología tibetana) participan de los movimientos kármicos y crean algo llamado “huellas kármicas”, que finalmente se proyectan también en nuestro drama onírico.

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Nuestras emociones, pensamientos, sensaciones y acciones son creadores de huellas kármicas, las cuales siguen actuando en el mundo aún después de la muerte del sujeto. Como vehículo espiritual, el sueño tiene la función de ayudarnos a limpiar nuestras huellas kármicas como preparación para el “estado intermedio”, el Bardo, que es el lugar que el alma atraviesa antes de reencarnar nuevamente, cargada de todas sus huellas kármicas —vestigios de ignorancia, de aprehensión y de angustias pasadas— en la siguiente vida.

El yoga de los sueños —que no es lo mismo, pero que podría asemejarse al sueño lúcido como se ha popularizado los últimos años— no es otra cosa que el desarrollo de la conciencia despierta en cada una de nuestras acciones e interacciones, en la vigilia como en el sueño, porque para el budismo tibetano en realidad no existe una diferencia entre uno y otro estado, pues ambos participan de la naturaleza ilusoria de la realidad (Samsara). Citando al gran dramaturgo Calderón de la Barca, “la vida es sueño y los sueños, sueños son”.

Este libro nos enseñará a aceptar y cultivar una relación con nuestras categorías lógicas y dicotómicas para comenzar a trabajar en nuestros sueños no como el psicoanálisis o la magia en el sentido vulgar, sino como un tiempo que es parte de nuestra vida total y que como tal tenemos derecho de aprovechar. Aprenderemos que el miedo y la alegría, que la debilidad y la fortaleza, todo forma parte de nuestra experiencia en el reino humano, y que trabajar sobre las huellas kármicas (ya sea como practicantes laicos o dentro de una práctica espiritual más completa) limpia los bloqueos energéticos, mentales y emocionales.

Los sueños son imágenes de los distintos tipos de bloqueos energéticos que sufrimos, y para incidir en ellos debemos promover la conciencia despierta en la vigilia. Numerosos ejercicios y meditaciones nos ayudarán a observar nuestro alrededor con ojos nuevos y a habitar también con plena conciencia en el mundo de los sueños, ya no para verlo como un reverso o mero complemento de las experiencias de vigilia sino como un sitio privilegiado para el autoconocimiento y la realización espiritual.

Descarga aquí El yoga de los sueños.

Aquí una buena conferencia del maestro Wangyal sobre el yoga de los sueños:

 

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