Para las mujeres de la aristocracia inglesa durante el siglo XIX no era fácil escapar del rol que la sociedad les había impuesto. Las aristócratas debían cargar con una enorme cantidad de expectativas e intereses que resultaban casi imposibles de eludir. Lady Ottoline Morrell, sin embargo, logró encontrar dentro del restringido espacio que se le había asignado, maneras de trascender los límites, y de repercutir de manera definitiva en el mundo del arte y la política del siglo XX inglés.

En Londres, en Gower Street, hay una placa azul que dice “Lady Ottoline Morrell, 1873-1938, Literary Hostess and Patron of the Arts, lived here.” Además de ser compradora, y una de las principales promotoras del post-impresionismo en Inglaterra, durante años ofreció techo, comida y dinero a autores como Virginia Woolf, Henry James, T.S. Eliot, Aldous Huxley, Katherine Mansfield, Robert Graves y Bertrand Russell.

Sus inquietudes artísticas se dirigieron hacia su vocación de anfitriona. Alguien, probablemente Oscar Wilde, dijo alguna vez que quien no pudiera hacer arte debía serlo. Ese fue el precepto que Lady Ottoline siguió toda su vida. Volcó su creatividad a su arreglo, su atuendo y su papel de anfitriona.

mujer arte B

En su casa de Garsington Manor organizaba veladas míticas, bailes de máscaras, picnics y fiestas en los jardines. A pesar de provenir de una familia adinerada, este tipo de gastos eran tan excesivos que la fueron llevando poco a poco a la quiebra.

Garsington Manor tuvo un papel primordial durante la Primera Guerra Mundial. Allí Lady Ottoline recibió y protegió a muchos objetores de conciencia y pacifistas, que trabajaban en la granja que montaron como coartada, ya que el gobierno consideraba que las granjas eran esenciales en el desarrollo del país durante la guerra. Ottoline fue amante de Bertrand Russell (entre muchos otros) y estaba casada con Philip Morrell, un político que escuchó las ideas pacifistas de Ottoline, y las llevó hasta el Parlamento.

No es extraño, dadas las circunstancias y su personalidad excéntrica, que Lady Ottoline se volviera objeto de un sinnúmero de obras de arte, de retratos y relatos de ficción. Muchos de los escritores a los que apoyó la volvieron una caricatura en sus obras, un objeto de burla. Graham Greene, Aldous Huxley y D. H. Lawrence escribieron novelas en donde la retrataban como una mujer frívola y ridícula. Se dice también que Lawrence se inspiró en ella para escribir Lady Chatterley’s Lover. Tanto la protagonista de esta novela como Lady Ottoline fueron amantes de su jardinero. Lady Ottoline estaba profundamente enamorada del jardinero Tiger, que por desgracia murió muy joven.

Conforme Ottoline envejeció y fue perdiendo su fortuna, sus amigos fueron abandonándola. Un par de ellos, como Virginia Woolf y T.S. Eliot, se mantuvieron a su lado hasta el final. Cuando murió, estos dos escritores se encargaron de su epitafio, que dice: “A brave spirit, unbroken, Delighting in beauty and goodness, And the love of her friends.” Quizás esa fue la mayor virtud de Lady Ottoline, más allá de su filantropía y su generosidad, su capacidad para perdonar y ayudar a sus amigos; su oficio y obra, después de todo, fue la amistad.

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Imágenes:

Geoffrey Nelson; Hon. Dorothy Eugénie Brett; Lady Ottoline Morrell; Mr Blay; Mark Gertler… / National Portrait Gallery

 ‘T.S.’ Eliot with his sister and his cousin, by Lady Ottoline Morrell (1934) / National Portrait Gallery

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Para las mujeres de la aristocracia inglesa durante el siglo XIX no era fácil escapar del rol que la sociedad les había impuesto. Las aristócratas debían cargar con una enorme cantidad de expectativas e intereses que resultaban casi imposibles de eludir. Lady Ottoline Morrell, sin embargo, logró encontrar dentro del restringido espacio que se le había asignado, maneras de trascender los límites, y de repercutir de manera definitiva en el mundo del arte y la política del siglo XX inglés.

En Londres, en Gower Street, hay una placa azul que dice “Lady Ottoline Morrell, 1873-1938, Literary Hostess and Patron of the Arts, lived here.” Además de ser compradora, y una de las principales promotoras del post-impresionismo en Inglaterra, durante años ofreció techo, comida y dinero a autores como Virginia Woolf, Henry James, T.S. Eliot, Aldous Huxley, Katherine Mansfield, Robert Graves y Bertrand Russell.

Sus inquietudes artísticas se dirigieron hacia su vocación de anfitriona. Alguien, probablemente Oscar Wilde, dijo alguna vez que quien no pudiera hacer arte debía serlo. Ese fue el precepto que Lady Ottoline siguió toda su vida. Volcó su creatividad a su arreglo, su atuendo y su papel de anfitriona.

mujer arte B

En su casa de Garsington Manor organizaba veladas míticas, bailes de máscaras, picnics y fiestas en los jardines. A pesar de provenir de una familia adinerada, este tipo de gastos eran tan excesivos que la fueron llevando poco a poco a la quiebra.

Garsington Manor tuvo un papel primordial durante la Primera Guerra Mundial. Allí Lady Ottoline recibió y protegió a muchos objetores de conciencia y pacifistas, que trabajaban en la granja que montaron como coartada, ya que el gobierno consideraba que las granjas eran esenciales en el desarrollo del país durante la guerra. Ottoline fue amante de Bertrand Russell (entre muchos otros) y estaba casada con Philip Morrell, un político que escuchó las ideas pacifistas de Ottoline, y las llevó hasta el Parlamento.

No es extraño, dadas las circunstancias y su personalidad excéntrica, que Lady Ottoline se volviera objeto de un sinnúmero de obras de arte, de retratos y relatos de ficción. Muchos de los escritores a los que apoyó la volvieron una caricatura en sus obras, un objeto de burla. Graham Greene, Aldous Huxley y D. H. Lawrence escribieron novelas en donde la retrataban como una mujer frívola y ridícula. Se dice también que Lawrence se inspiró en ella para escribir Lady Chatterley’s Lover. Tanto la protagonista de esta novela como Lady Ottoline fueron amantes de su jardinero. Lady Ottoline estaba profundamente enamorada del jardinero Tiger, que por desgracia murió muy joven.

Conforme Ottoline envejeció y fue perdiendo su fortuna, sus amigos fueron abandonándola. Un par de ellos, como Virginia Woolf y T.S. Eliot, se mantuvieron a su lado hasta el final. Cuando murió, estos dos escritores se encargaron de su epitafio, que dice: “A brave spirit, unbroken, Delighting in beauty and goodness, And the love of her friends.” Quizás esa fue la mayor virtud de Lady Ottoline, más allá de su filantropía y su generosidad, su capacidad para perdonar y ayudar a sus amigos; su oficio y obra, después de todo, fue la amistad.

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Imágenes:

Geoffrey Nelson; Hon. Dorothy Eugénie Brett; Lady Ottoline Morrell; Mr Blay; Mark Gertler… / National Portrait Gallery

 ‘T.S.’ Eliot with his sister and his cousin, by Lady Ottoline Morrell (1934) / National Portrait Gallery

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