En años recientes y en buena medida gracias a la capacidad de divulgación de información de Internet, han surgido varias iniciativas que acercan a las grandes audiencias el conocimiento cuyo acceso estaba confinado a espacios específicos como las universidades o las bibliotecas. Gracias a la red ahora es posible, por ejemplo, seguir un curso de literatura mientras se viaja en el transporte público, o elegir entre otras clases de prestigiosas instituciones educativas.

Sin embargo, en otro sentido, esta tendencia también ha propiciado un cambio interesante en la manera en que se presentan y se ofrecen dichos contenidos al público que, por otro lado, se encuentra en la difícil posición de elector y consumidor. Si bien es cierto que, por un lado, una persona puede elegir a qué contenidos de la red darles su atención y su tiempo, por otro esa elección se desarrolla en un campo de rivalidad cruenta en que millones de marcas, plataformas, propuestas y más compiten por dicha atención. En ese contexto, ¿es posible que una persona prefiera dar clic a un contenido “instructivo” en vez del video viral del día?

Esa es en parte la apuesta de Alain de Botton en su proyecto The School of Life. Botton, suizo de origen, es uno de los divulgadores de la filosofía más notables de nuestro tiempo, tanto, que incluso se ha ganado el mote de “filósofo pop”, pues en su trabajo constantemente busca la forma de hacer coincidir su disciplina con la vida corriente del hombre común.

En el caso de The School of Life, el corazón de la iniciativa son videos breves producidos expresamente para las redes sociales, lo cual implica al menos un par de requisitos indispensables: brevedad y atracción. Lo que se tenga que decirlo, es necesario decirlo pronto y con claridad. Y, aunque parezca increíble, eso es posible con la filosofía.

Los videos son introducciones sucintas pero sustanciosas a los sistemas de pensamiento de filósofos como Aristóteles, Platón, Epicuro, Jean-Paul Sartre, Ludwig Wittgenstein y varios otros, todos decisivos en el desarrollo de dicho campo de conocimiento. Pero no solo eso, pues además de su producción ingeniosa de elementos mínimos, las ideas de estos pensadores se exponen desde una narrativa que busca hacerlas sencillas y asequibles a través de la cercanía y la familiaridad, es decir, encontrando el punto en que nociones como la “eudaimonia”, la “doxa” o el “lenguaje privado” se conectan con nuestra vida cotidiana, con nuestras relaciones de todos los días, con las decisiones que podemos tomar a diario. Aquí está Platón:

Se trata, en suma, de un proyecto al que, como decíamos, vale la pena dedicar atención y tiempo, pues además que de que no nos defraudará, probablemente seamos personas más enteras después de ver sus videos.

En años recientes y en buena medida gracias a la capacidad de divulgación de información de Internet, han surgido varias iniciativas que acercan a las grandes audiencias el conocimiento cuyo acceso estaba confinado a espacios específicos como las universidades o las bibliotecas. Gracias a la red ahora es posible, por ejemplo, seguir un curso de literatura mientras se viaja en el transporte público, o elegir entre otras clases de prestigiosas instituciones educativas.

Sin embargo, en otro sentido, esta tendencia también ha propiciado un cambio interesante en la manera en que se presentan y se ofrecen dichos contenidos al público que, por otro lado, se encuentra en la difícil posición de elector y consumidor. Si bien es cierto que, por un lado, una persona puede elegir a qué contenidos de la red darles su atención y su tiempo, por otro esa elección se desarrolla en un campo de rivalidad cruenta en que millones de marcas, plataformas, propuestas y más compiten por dicha atención. En ese contexto, ¿es posible que una persona prefiera dar clic a un contenido “instructivo” en vez del video viral del día?

Esa es en parte la apuesta de Alain de Botton en su proyecto The School of Life. Botton, suizo de origen, es uno de los divulgadores de la filosofía más notables de nuestro tiempo, tanto, que incluso se ha ganado el mote de “filósofo pop”, pues en su trabajo constantemente busca la forma de hacer coincidir su disciplina con la vida corriente del hombre común.

En el caso de The School of Life, el corazón de la iniciativa son videos breves producidos expresamente para las redes sociales, lo cual implica al menos un par de requisitos indispensables: brevedad y atracción. Lo que se tenga que decirlo, es necesario decirlo pronto y con claridad. Y, aunque parezca increíble, eso es posible con la filosofía.

Los videos son introducciones sucintas pero sustanciosas a los sistemas de pensamiento de filósofos como Aristóteles, Platón, Epicuro, Jean-Paul Sartre, Ludwig Wittgenstein y varios otros, todos decisivos en el desarrollo de dicho campo de conocimiento. Pero no solo eso, pues además de su producción ingeniosa de elementos mínimos, las ideas de estos pensadores se exponen desde una narrativa que busca hacerlas sencillas y asequibles a través de la cercanía y la familiaridad, es decir, encontrando el punto en que nociones como la “eudaimonia”, la “doxa” o el “lenguaje privado” se conectan con nuestra vida cotidiana, con nuestras relaciones de todos los días, con las decisiones que podemos tomar a diario. Aquí está Platón:

Se trata, en suma, de un proyecto al que, como decíamos, vale la pena dedicar atención y tiempo, pues además que de que no nos defraudará, probablemente seamos personas más enteras después de ver sus videos.

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