En 1895, un grupo de escaladores bautizó varias montañas de la Sierra de California con los nombres de los apóstoles de la evolución. Los picos más altos fueron, naturalmente, Darwin, Mendel y Agassiz. El siguiente en altura fue nombrado Ernst Haeckel. Por aquellos años, éste último, zoólogo y médico alemán, se encontraba en la cúspide de su carrera, y era uno de los científicos más famosos del mundo. Pero es preciso decir que Haeckel no sólo fue un brillante hombre de ciencia y un importante defensor del evolucionismo darwiniano, también fue un artista notable, cuya obra gráfica captó como ninguna otra el esplendor de muchos de los seres que habitan la Tierra, sus fascinantes geometrías y extravagantes siluetas.

Haeckel (1834-1919) estudió medicina, pero nunca quiso dedicarse a ella. Sin embargo, los conocimientos que adquirió en la carrera sobre teorías celulares habrían de servirle más adelante, cuando dos acontecimientos lo llevaron hacia el camino que habría de seguir el resto de su vida. El primero fue su encuentro con un mecenas, el experto en morfología y anatomía Carl Gegenbaur, quien lo introdujo en la Universidad de Jena, un lugar donde Haeckel permanecería toda su vida como investigador y profesor. El segundo fue un viaje que el alemán hizo al sur de Italia en el que estudió y describió a cientos de invertebrados marinos (específicamente radiolarios) —los primeros seres vivos en sugerirle la posible relación entre la biología y el arte.

Un tercer momento crucial en la vida de Haeckel fue su lectura, en 1860, de la traducción al alemán del Origen de las especies de Charles Darwin, un libro que influenciaría su pensamiento el resto de sus vida, y sentaría las bases para una teoría evolutiva propia, que combinaba elementos de las doctrinas de Darwin, Lamarck, algunos principios filosóficos de Humboldt, e incluso de Goethe. Su sistema filosófico fue bautizado por él mismo como “monismo”, y años más tarde habría de derivar, entre otras cosas, en un proto-fascismo que fue utilizado por el Nacionalsocialista en Alemania.

Durante años, Haeckel se dedicó al estudio de los seres vivos, su morfología y anatomía, nombró a miles de nuevas especies (mayormente marinas) y acuñó una buena cantidad de términos que hasta hoy se utilizan en la biología —como célula madre y ecología. Pero, a pesar de su brillante carrera como científico, varias de sus teorías y observaciones han sido desmentidas por la ciencia moderna, y ésta es quizá una de las razones por las que Haeckel es recordado (si lo es) más por su impresionante destreza gráfica. Este científico, también un artista, plasmó por primera vez en la historia del arte la geometría de los cuerpos de la naturaleza; para algunos expertos, estas imágenes fueron el resultado de observaciones embellecidas e idealizadas por el propio Haeckel, algo que para efectos artísticos resultó en una poética propia y espectacular.

Formas de arte en la naturaleza (Kunstformen der Natur) fue uno de sus libros más importantes de Ernst Haeckel. Publicado en partes entre 1899 y 1904, se trata de una colección de 100 láminas que no sólo muestran la prodigiosa destreza del alemán como artista plástico, sino que también reflejan su concepción entera del universo —nociones sobre la perfección, la simetría y el orden natural que, a su vez, permearon su pensamiento filosófico. Este libro, además, tuvo un lugar importante en el desarrollo del arte europeo a principios del siglo XX, y representó un puente entre arte y ciencia esencial, por ejemplo, para el surgimiento del vocabulario estético del Art Nouveau y el Jugensdstil. Incluso el surrealismo abrevó de Haeckel, especialmente en el caso del artista Max Ernst, además de pintores de la Bauhaus como Paul Klee y Wassily Kandinsky.

Poco artistas han hablado de los seres que habitan nuestro planeta con tanto cuidado y respeto como Ernst Haeckel, y al hacerlo, sugirió que la naturaleza es arte, es diseño, es ciencia: que la belleza es una prueba de la sabiduría natural. Si sus representaciones tenían elementos de idealización, quizá sus exageraciones terminaron siendo más verdaderas que la verdad. Barrocas medusas, constelaciones de plancton y colecciones de caracoles marinos cuidadosamente acomodados cuestionan, aún hoy, las distinciones categóricas entre el arte y la ciencia. La de Haeckel fue el ejemplo perfecto de una mente en la que la ciencia y el arte convivieron y tal vez hasta se confundieron (con resultados espectaculares).

 

1-12 
 

2-5 
 

3-5
 

4-5
 

5-5
 

6-5
 

7-4
 

8-3
 

9-3
 

10-3 
 

 

 

Imágenes: Wikimedia Commons

En 1895, un grupo de escaladores bautizó varias montañas de la Sierra de California con los nombres de los apóstoles de la evolución. Los picos más altos fueron, naturalmente, Darwin, Mendel y Agassiz. El siguiente en altura fue nombrado Ernst Haeckel. Por aquellos años, éste último, zoólogo y médico alemán, se encontraba en la cúspide de su carrera, y era uno de los científicos más famosos del mundo. Pero es preciso decir que Haeckel no sólo fue un brillante hombre de ciencia y un importante defensor del evolucionismo darwiniano, también fue un artista notable, cuya obra gráfica captó como ninguna otra el esplendor de muchos de los seres que habitan la Tierra, sus fascinantes geometrías y extravagantes siluetas.

Haeckel (1834-1919) estudió medicina, pero nunca quiso dedicarse a ella. Sin embargo, los conocimientos que adquirió en la carrera sobre teorías celulares habrían de servirle más adelante, cuando dos acontecimientos lo llevaron hacia el camino que habría de seguir el resto de su vida. El primero fue su encuentro con un mecenas, el experto en morfología y anatomía Carl Gegenbaur, quien lo introdujo en la Universidad de Jena, un lugar donde Haeckel permanecería toda su vida como investigador y profesor. El segundo fue un viaje que el alemán hizo al sur de Italia en el que estudió y describió a cientos de invertebrados marinos (específicamente radiolarios) —los primeros seres vivos en sugerirle la posible relación entre la biología y el arte.

Un tercer momento crucial en la vida de Haeckel fue su lectura, en 1860, de la traducción al alemán del Origen de las especies de Charles Darwin, un libro que influenciaría su pensamiento el resto de sus vida, y sentaría las bases para una teoría evolutiva propia, que combinaba elementos de las doctrinas de Darwin, Lamarck, algunos principios filosóficos de Humboldt, e incluso de Goethe. Su sistema filosófico fue bautizado por él mismo como “monismo”, y años más tarde habría de derivar, entre otras cosas, en un proto-fascismo que fue utilizado por el Nacionalsocialista en Alemania.

Durante años, Haeckel se dedicó al estudio de los seres vivos, su morfología y anatomía, nombró a miles de nuevas especies (mayormente marinas) y acuñó una buena cantidad de términos que hasta hoy se utilizan en la biología —como célula madre y ecología. Pero, a pesar de su brillante carrera como científico, varias de sus teorías y observaciones han sido desmentidas por la ciencia moderna, y ésta es quizá una de las razones por las que Haeckel es recordado (si lo es) más por su impresionante destreza gráfica. Este científico, también un artista, plasmó por primera vez en la historia del arte la geometría de los cuerpos de la naturaleza; para algunos expertos, estas imágenes fueron el resultado de observaciones embellecidas e idealizadas por el propio Haeckel, algo que para efectos artísticos resultó en una poética propia y espectacular.

Formas de arte en la naturaleza (Kunstformen der Natur) fue uno de sus libros más importantes de Ernst Haeckel. Publicado en partes entre 1899 y 1904, se trata de una colección de 100 láminas que no sólo muestran la prodigiosa destreza del alemán como artista plástico, sino que también reflejan su concepción entera del universo —nociones sobre la perfección, la simetría y el orden natural que, a su vez, permearon su pensamiento filosófico. Este libro, además, tuvo un lugar importante en el desarrollo del arte europeo a principios del siglo XX, y representó un puente entre arte y ciencia esencial, por ejemplo, para el surgimiento del vocabulario estético del Art Nouveau y el Jugensdstil. Incluso el surrealismo abrevó de Haeckel, especialmente en el caso del artista Max Ernst, además de pintores de la Bauhaus como Paul Klee y Wassily Kandinsky.

Poco artistas han hablado de los seres que habitan nuestro planeta con tanto cuidado y respeto como Ernst Haeckel, y al hacerlo, sugirió que la naturaleza es arte, es diseño, es ciencia: que la belleza es una prueba de la sabiduría natural. Si sus representaciones tenían elementos de idealización, quizá sus exageraciones terminaron siendo más verdaderas que la verdad. Barrocas medusas, constelaciones de plancton y colecciones de caracoles marinos cuidadosamente acomodados cuestionan, aún hoy, las distinciones categóricas entre el arte y la ciencia. La de Haeckel fue el ejemplo perfecto de una mente en la que la ciencia y el arte convivieron y tal vez hasta se confundieron (con resultados espectaculares).

 

1-12 
 

2-5 
 

3-5
 

4-5
 

5-5
 

6-5
 

7-4
 

8-3
 

9-3
 

10-3 
 

 

 

Imágenes: Wikimedia Commons