A menudo confundimos la palabra “educación” con un sistema escolarizado: es un chiste que se cuenta a menudo en los jardines de niños decir que éstos deben ir a la escuela “ya educados”, es decir, con valores formativos que habrán aprendido de la práctica de la repetición (o mímesis, como le gustaba llamarla a Aristóteles), y que en la escuela aprenden conocimientos del orden de lo práctico, científico y hasta hace poco tiempo, también filosófico. Una buena escuela no garantiza una “buena” educación, así se trate de la Academia de Platón o de Harvard, pues la sociedad donde tal educación impacta está cambiando todo el tiempo, por lo que los modelos educativos deben transformarse a su vez, aprovechando para mejorar.

En 1971, el filósofo y sacerdote Ivan Illich publicó un libro que lleva la polémica desde el nombre, Deschooling Society (Desescolarizando a la sociedad), una premisa desafiante que recuerda cierto tipo de anarquía, en el sentido de libertad ejercida con conciencia. Para Illich, el objetivo de alcanzar la “educación universal” no es factible mediante el sistema escolarizado donde la enseñanza y el aprendizaje son centralizados y administrados por especialistas, además de que no toda la gente tiene los recursos materiales para asistir a la escuela ni tener acceso a tecnologías educativas.

Simon PradesCon un aire visionario, Illich recomendaba sustituir la educación institucional por “redes educativas”, que podían echarse a andar a través de la tecnología. Tomemos en cuenta que cuando Illich escribió su teoría, el Internet era apenas un proyecto por revisar en los archivos de la DARPA. ¿Y en qué deberían consistir estas redes? En relaciones personales de gente con necesidad de aprender y hambre por enseñar, y viceversa, las cuales podrían apoyarse en la tecnología para convertir cada momento de nuestras vidas en instantes de aprendizaje compartido.

De hecho, Illich esboza una suerte de red social educativa cuyo modelo recuerda al de ciertos foros para aprender idiomas o compartir contenidos (desde recetas de cocina hasta tips de aeromodelaje); en el caso de su red de aprendizaje, se trataría de algo que nada tiene que ver con el consumo ni el entretenimiento (valores que han acelerado el crecimiento y la pérdida de sentido del Internet), pues se trataría de una red para conectar a la gente, no para sustituir el contacto humano por likes. En su visión, escribe Illich:

La operación de una red de búsqueda de colegas sería sencilla. El usuario se identificaría con su nombre y dirección, y describiría la actividad para la que busca un compañero. Una computadora después le enviará los nombres y direcciones de todos los que han insertado la misma descripción. Es sorprendente que algo tan simple nunca haya sido usado a gran escala para actividades de valor público.

The operation of a peer-matching network would be simple. The user would identify himself by name and address and describe the activity for which he sought a peer. A computer would send him back the names and addresses of all those who had inserted the same description. It is amazing that such a simple utility has never been used on a broad scale for publicly valued activity

Probablemente la sociedad haya comenzado una fase posescolar, pues a pesar de todas sus fallas, el Internet es una poderosa herramienta educativa que hace justamente lo que Illich describía para lograr la educación directa: volvernos a la vez maestros y estudiantes de los demás. Sin embargo, lo que mantiene el proyecto de Illich olvidado (y lo que le supuso muchas críticas) fue su carácter utópico, “irreal”; es triste, pero vivimos todavía en un mundo donde el medio laboral exige altos niveles de escolaridad para tareas que podrían aprenderse realizándolas (como también recomendaba Aristóteles, un pedagogo notable), y que no valora el ocio ni la conversación como fuentes de conocimiento. La ciencia y sus avances, así como el arte y su belleza, no suelen surgir de las escuelas como si se tratara de productos fabricados en serie; en los grandes centros de investigación y en los problemas prácticos de la vida, los seres humanos avanzamos tendiendo lazos comunes, pidiendo ayuda y prestándola cuando estamos en posibilidad de hacerlo.

.

Imágenes:

1. Beth Conklin 

2. Simon Prades

.

A menudo confundimos la palabra “educación” con un sistema escolarizado: es un chiste que se cuenta a menudo en los jardines de niños decir que éstos deben ir a la escuela “ya educados”, es decir, con valores formativos que habrán aprendido de la práctica de la repetición (o mímesis, como le gustaba llamarla a Aristóteles), y que en la escuela aprenden conocimientos del orden de lo práctico, científico y hasta hace poco tiempo, también filosófico. Una buena escuela no garantiza una “buena” educación, así se trate de la Academia de Platón o de Harvard, pues la sociedad donde tal educación impacta está cambiando todo el tiempo, por lo que los modelos educativos deben transformarse a su vez, aprovechando para mejorar.

En 1971, el filósofo y sacerdote Ivan Illich publicó un libro que lleva la polémica desde el nombre, Deschooling Society (Desescolarizando a la sociedad), una premisa desafiante que recuerda cierto tipo de anarquía, en el sentido de libertad ejercida con conciencia. Para Illich, el objetivo de alcanzar la “educación universal” no es factible mediante el sistema escolarizado donde la enseñanza y el aprendizaje son centralizados y administrados por especialistas, además de que no toda la gente tiene los recursos materiales para asistir a la escuela ni tener acceso a tecnologías educativas.

Simon PradesCon un aire visionario, Illich recomendaba sustituir la educación institucional por “redes educativas”, que podían echarse a andar a través de la tecnología. Tomemos en cuenta que cuando Illich escribió su teoría, el Internet era apenas un proyecto por revisar en los archivos de la DARPA. ¿Y en qué deberían consistir estas redes? En relaciones personales de gente con necesidad de aprender y hambre por enseñar, y viceversa, las cuales podrían apoyarse en la tecnología para convertir cada momento de nuestras vidas en instantes de aprendizaje compartido.

De hecho, Illich esboza una suerte de red social educativa cuyo modelo recuerda al de ciertos foros para aprender idiomas o compartir contenidos (desde recetas de cocina hasta tips de aeromodelaje); en el caso de su red de aprendizaje, se trataría de algo que nada tiene que ver con el consumo ni el entretenimiento (valores que han acelerado el crecimiento y la pérdida de sentido del Internet), pues se trataría de una red para conectar a la gente, no para sustituir el contacto humano por likes. En su visión, escribe Illich:

La operación de una red de búsqueda de colegas sería sencilla. El usuario se identificaría con su nombre y dirección, y describiría la actividad para la que busca un compañero. Una computadora después le enviará los nombres y direcciones de todos los que han insertado la misma descripción. Es sorprendente que algo tan simple nunca haya sido usado a gran escala para actividades de valor público.

The operation of a peer-matching network would be simple. The user would identify himself by name and address and describe the activity for which he sought a peer. A computer would send him back the names and addresses of all those who had inserted the same description. It is amazing that such a simple utility has never been used on a broad scale for publicly valued activity

Probablemente la sociedad haya comenzado una fase posescolar, pues a pesar de todas sus fallas, el Internet es una poderosa herramienta educativa que hace justamente lo que Illich describía para lograr la educación directa: volvernos a la vez maestros y estudiantes de los demás. Sin embargo, lo que mantiene el proyecto de Illich olvidado (y lo que le supuso muchas críticas) fue su carácter utópico, “irreal”; es triste, pero vivimos todavía en un mundo donde el medio laboral exige altos niveles de escolaridad para tareas que podrían aprenderse realizándolas (como también recomendaba Aristóteles, un pedagogo notable), y que no valora el ocio ni la conversación como fuentes de conocimiento. La ciencia y sus avances, así como el arte y su belleza, no suelen surgir de las escuelas como si se tratara de productos fabricados en serie; en los grandes centros de investigación y en los problemas prácticos de la vida, los seres humanos avanzamos tendiendo lazos comunes, pidiendo ayuda y prestándola cuando estamos en posibilidad de hacerlo.

.

Imágenes:

1. Beth Conklin 

2. Simon Prades

.

Etiquetado: , ,