Aunque pudiera parecer un tanto paradójico, hay sonidos que facilitan la germinación del silencio exterior. En muchos casos éstos provienen, entendiblemente, de la naturaleza –la brújula original de los estados meditativos y del equilibrio rítmico que todos, aun sin saberlo, perseguimos.

En el extremo norte del planeta, allá donde pocos llegan, existe un reino envuelto en estática blancura. En el Ártico el clima lo domina todo, y es bajo su guía que se delinea un paisaje de radical quietud; quizá por eso los sonidos que emanan de estas latitudes funcionan como un refugio perfecto frente a la ruidosa actualidad.

El siguiente video incluye una pista sonora de 10 horas confeccionada a partir de los sonidos que figuran en el ambiente ártico: “un océano congelado, hielo quebrándose, nieve cayendo, un motor rompehielos encendido pero inactivo y un distante murmullo del viento”. Se trata de sonidos blancos combinados con frecuencias extremadamente bajas, grabadas a 96 kHz–24 bit, y diseñadas para facilitar las ondas delta en el cerebro; estos ambientes sonoros inducen estados meditativos y promueven tanto la relajación como la concentración.

Déjate tomar un rato por la evanescente calma que el Ártico exhala, y por sus sonidos que parecieran diseñados para conjurar el silencio.

*Imagen: Dominio Público

Aunque pudiera parecer un tanto paradójico, hay sonidos que facilitan la germinación del silencio exterior. En muchos casos éstos provienen, entendiblemente, de la naturaleza –la brújula original de los estados meditativos y del equilibrio rítmico que todos, aun sin saberlo, perseguimos.

En el extremo norte del planeta, allá donde pocos llegan, existe un reino envuelto en estática blancura. En el Ártico el clima lo domina todo, y es bajo su guía que se delinea un paisaje de radical quietud; quizá por eso los sonidos que emanan de estas latitudes funcionan como un refugio perfecto frente a la ruidosa actualidad.

El siguiente video incluye una pista sonora de 10 horas confeccionada a partir de los sonidos que figuran en el ambiente ártico: “un océano congelado, hielo quebrándose, nieve cayendo, un motor rompehielos encendido pero inactivo y un distante murmullo del viento”. Se trata de sonidos blancos combinados con frecuencias extremadamente bajas, grabadas a 96 kHz–24 bit, y diseñadas para facilitar las ondas delta en el cerebro; estos ambientes sonoros inducen estados meditativos y promueven tanto la relajación como la concentración.

Déjate tomar un rato por la evanescente calma que el Ártico exhala, y por sus sonidos que parecieran diseñados para conjurar el silencio.

*Imagen: Dominio Público