En septiembre de 2017 la nave espacial Cassini se incendió al llegar a la atmósfera de Saturno. Pero dos semanas antes de eso, la cosmonave de la NASA reunió una gran cantidad de información del sexto planeta del Sistema Solar que incluye imponentes imágenes de este gigante, sus anillos y sus lunas. Además, Cassini también registró una buena cantidad de información sonora que incluye los misteriosos sonidos que surgen de la interacción entre el enorme cuerpo y una de sus lunas, Encélado.

Uno de los varios satélites de Saturno, Encélado se encuentra rodeado de una capa de hielo y desprende constantemente vapor de agua que interactúa con el campo magnético del planeta. Un instrumento dentro de Cassini grabó las ondas en plasma que resultan de ello —es decir, las oscilaciones de partículas y campos entre los dos cuerpos. Una vez en la Tierra, físicos y expertos hicieron una labor de traducción de estas ondas a sonido perceptible para el oído humano al comprimir una grabación de 16 minutos en 28.5 segundos y reducir sus frecuencias de onda.

“Encélado es un pequeño generador que orbita a Saturno, y sabemos que es una fuente continua de energía. Descubrimos que Saturno responde mandando señales en forma de ondas en plasma por líneas de circuitos del campo magnético que lo conectan a Encélado, que se encuentra a miles de kilómetros”, explica Ali Sulaiman investigador de la Universidad de Iowa.

En la Europa del Renacimiento se habló de la Musica Universalis o “Música de las esferas”, un concepto filosófico y religioso que hablaba de las proporciones de los movimientos de los cuerpos celestes; no se trataba de una música escuchable, sino de un reflejo de la armonía que existe en el universo, un sonido que nacía de la perfección del cosmos, de la obra del creador.

Los mágicos sonidos generados por Saturno y Encélado —que podrían asemejar el ruido de agudas corrientes de aire— generan una sensación extraña y fascinante, casi inquietante. Nos recuerdan todo eso que está sucediendo alrededor de nosotros y que a veces olvidamos, esas relaciones entre los astros que habitan nuestro Sistema Solar, nuestro vecindario espacial.

 

 

Imagen: Dominio público

En septiembre de 2017 la nave espacial Cassini se incendió al llegar a la atmósfera de Saturno. Pero dos semanas antes de eso, la cosmonave de la NASA reunió una gran cantidad de información del sexto planeta del Sistema Solar que incluye imponentes imágenes de este gigante, sus anillos y sus lunas. Además, Cassini también registró una buena cantidad de información sonora que incluye los misteriosos sonidos que surgen de la interacción entre el enorme cuerpo y una de sus lunas, Encélado.

Uno de los varios satélites de Saturno, Encélado se encuentra rodeado de una capa de hielo y desprende constantemente vapor de agua que interactúa con el campo magnético del planeta. Un instrumento dentro de Cassini grabó las ondas en plasma que resultan de ello —es decir, las oscilaciones de partículas y campos entre los dos cuerpos. Una vez en la Tierra, físicos y expertos hicieron una labor de traducción de estas ondas a sonido perceptible para el oído humano al comprimir una grabación de 16 minutos en 28.5 segundos y reducir sus frecuencias de onda.

“Encélado es un pequeño generador que orbita a Saturno, y sabemos que es una fuente continua de energía. Descubrimos que Saturno responde mandando señales en forma de ondas en plasma por líneas de circuitos del campo magnético que lo conectan a Encélado, que se encuentra a miles de kilómetros”, explica Ali Sulaiman investigador de la Universidad de Iowa.

En la Europa del Renacimiento se habló de la Musica Universalis o “Música de las esferas”, un concepto filosófico y religioso que hablaba de las proporciones de los movimientos de los cuerpos celestes; no se trataba de una música escuchable, sino de un reflejo de la armonía que existe en el universo, un sonido que nacía de la perfección del cosmos, de la obra del creador.

Los mágicos sonidos generados por Saturno y Encélado —que podrían asemejar el ruido de agudas corrientes de aire— generan una sensación extraña y fascinante, casi inquietante. Nos recuerdan todo eso que está sucediendo alrededor de nosotros y que a veces olvidamos, esas relaciones entre los astros que habitan nuestro Sistema Solar, nuestro vecindario espacial.

 

 

Imagen: Dominio público