Hay casas que te quitan el aliento y está la de Ricardo Bofill. Una exfábrica brutalista a las afueras de Barcelona que ahora es su amplio Taller de Arquitectura y su hogar. Este video, dirigido por Albert Moya, tiene la rarísima cualidad de hacernos sentir como si entráramos físicamente a ese enorme castillo industrial y respiráramos su aire fresco.

Bofill conoció esta fábrica cuando aún estaba en uso. Era la fábrica de cemento más antigua y grande de España, y una de las más contaminantes. En cuanto se enteró que iba a cerrar, reunió el dinero para comprar la estructura y comenzó la reconstrucción en 1973. La fábrica, parcialmente en ruinas, consistía de toda suerte de elementos surrealistas: galerías subterráneas, inmensos cuartos de maquinarias, escaleras que no llevaban a ningún lugar, estructuras sólidas de concreto que no sostenían nada y pedazos de hierro pendiendo de cables del techo. Lo primero que hizo fue demoler parte de la vieja estructura para dejar visibles algunas zonas que yacían escondidas bajo el concreto; escupió, de alguna manera, al gran monstruo industrial para dejar ver su costillar de belleza.

Después de esto, y para contrarrestar el humo contaminante que por tantos años salió de su chimenea, Bofill permitió que la naturaleza se apropiara de la fábrica. Hoy el complejo yace en medio de jardines de eucalipto, olivos, enredaderas y cipreses. El brutalismo de la antigua fábrica acoge al romanticismo de las nuevas ventanas, jardines y amplísimos espacios con largas cortinas que parecen fantasmas. La fábrica es ahora un teatro para decenas de estados de ánimo, todos ellos con espacio para discurrir.

Pero dejemos que el genial director Albert Moya nos haga el recorrido visual de los interiores, y que el propio Bofill termine de contar su historia.

 

.

Hay casas que te quitan el aliento y está la de Ricardo Bofill. Una exfábrica brutalista a las afueras de Barcelona que ahora es su amplio Taller de Arquitectura y su hogar. Este video, dirigido por Albert Moya, tiene la rarísima cualidad de hacernos sentir como si entráramos físicamente a ese enorme castillo industrial y respiráramos su aire fresco.

Bofill conoció esta fábrica cuando aún estaba en uso. Era la fábrica de cemento más antigua y grande de España, y una de las más contaminantes. En cuanto se enteró que iba a cerrar, reunió el dinero para comprar la estructura y comenzó la reconstrucción en 1973. La fábrica, parcialmente en ruinas, consistía de toda suerte de elementos surrealistas: galerías subterráneas, inmensos cuartos de maquinarias, escaleras que no llevaban a ningún lugar, estructuras sólidas de concreto que no sostenían nada y pedazos de hierro pendiendo de cables del techo. Lo primero que hizo fue demoler parte de la vieja estructura para dejar visibles algunas zonas que yacían escondidas bajo el concreto; escupió, de alguna manera, al gran monstruo industrial para dejar ver su costillar de belleza.

Después de esto, y para contrarrestar el humo contaminante que por tantos años salió de su chimenea, Bofill permitió que la naturaleza se apropiara de la fábrica. Hoy el complejo yace en medio de jardines de eucalipto, olivos, enredaderas y cipreses. El brutalismo de la antigua fábrica acoge al romanticismo de las nuevas ventanas, jardines y amplísimos espacios con largas cortinas que parecen fantasmas. La fábrica es ahora un teatro para decenas de estados de ánimo, todos ellos con espacio para discurrir.

Pero dejemos que el genial director Albert Moya nos haga el recorrido visual de los interiores, y que el propio Bofill termine de contar su historia.

 

.

Etiquetado: , , ,