Como sabemos, Nikola Tesla fue uno de los grandes inventores de la historia, una especie de Leonardo da Vinci moderno que si bien careció de la amplitud de intereses del renacentista, destacó igualmente por el genio y la innovación con que se desenvolvió en su campo de trabajo.

Pero más allá de su trayectoria profesional, que ha sido ampliamente documentada, uno de sus rasgos más notables se encuentra en su vida cotidiana, la cual está salpicada de ciertas excentricidades en las que, hasta la fecha, se quiere encontrar si no la explicación de su genio al menos sí una de las formas en que encontró vehículo de expresión.

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En una entrevista realizada en 1933, cuando Tesla tenía 77 años de edad, reveló algunos detalles respecto de sus hábitos, en particular su dieta y las actividades que realizaba para mantenerse en forma. Ambos aspectos eran especialmente importantes para él porque, como aseguró en la misma ocasión, tanto una mala alimentación como la falta de ejercicio se traducen en “condiciones tóxicas en el cuerpo que hacen imposible desechar los venenos acumulados”.

¿Qué hacía Tesla para mantener a raya sus sustancias tóxicas? Según declaró:

Comer dos veces al día.

Evitar alimentos relacionados con la generación de ácidos (como los chícharos o los fijoles).

Comer verduras en abundancia.

Comer pescado y carne en pocas ocasiones (“el pescado, aunque tiene reputación de ser alimento para el cerebro, provoca una fuerte reacción ácida, y contiene una gran cantidad de fósforo”, dijo).

Comer papas, al menos una vez al día, por “su alto contenido en sales”.

En estas medidas, como se ve, uno de los grandes temores de Tesla era la acidez, que a su parecer era “por mucho, la mayor enemiga a combatir en la vejez”.

En cuanto al ejercicio, el inventor solía caminar poco más de 15 kilómetros diarios y tomar baños de agua caliente seguidos de una ducha fría. Ambas actividades mantenían su cuerpo en un nivel de actividad por encima de lo aceptable y necesario.

Cabe mencionar, por último, que para Tesla dormir 4 o 5 horas en una noche era un lujo que se permitía sólo una vez en muchos meses. Y con esos hábitos llegó hasta los 86 años de edad.

¿Qué te parece? ¿Estás listo para imitar la rutina de un genio?

Como sabemos, Nikola Tesla fue uno de los grandes inventores de la historia, una especie de Leonardo da Vinci moderno que si bien careció de la amplitud de intereses del renacentista, destacó igualmente por el genio y la innovación con que se desenvolvió en su campo de trabajo.

Pero más allá de su trayectoria profesional, que ha sido ampliamente documentada, uno de sus rasgos más notables se encuentra en su vida cotidiana, la cual está salpicada de ciertas excentricidades en las que, hasta la fecha, se quiere encontrar si no la explicación de su genio al menos sí una de las formas en que encontró vehículo de expresión.

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En una entrevista realizada en 1933, cuando Tesla tenía 77 años de edad, reveló algunos detalles respecto de sus hábitos, en particular su dieta y las actividades que realizaba para mantenerse en forma. Ambos aspectos eran especialmente importantes para él porque, como aseguró en la misma ocasión, tanto una mala alimentación como la falta de ejercicio se traducen en “condiciones tóxicas en el cuerpo que hacen imposible desechar los venenos acumulados”.

¿Qué hacía Tesla para mantener a raya sus sustancias tóxicas? Según declaró:

Comer dos veces al día.

Evitar alimentos relacionados con la generación de ácidos (como los chícharos o los fijoles).

Comer verduras en abundancia.

Comer pescado y carne en pocas ocasiones (“el pescado, aunque tiene reputación de ser alimento para el cerebro, provoca una fuerte reacción ácida, y contiene una gran cantidad de fósforo”, dijo).

Comer papas, al menos una vez al día, por “su alto contenido en sales”.

En estas medidas, como se ve, uno de los grandes temores de Tesla era la acidez, que a su parecer era “por mucho, la mayor enemiga a combatir en la vejez”.

En cuanto al ejercicio, el inventor solía caminar poco más de 15 kilómetros diarios y tomar baños de agua caliente seguidos de una ducha fría. Ambas actividades mantenían su cuerpo en un nivel de actividad por encima de lo aceptable y necesario.

Cabe mencionar, por último, que para Tesla dormir 4 o 5 horas en una noche era un lujo que se permitía sólo una vez en muchos meses. Y con esos hábitos llegó hasta los 86 años de edad.

¿Qué te parece? ¿Estás listo para imitar la rutina de un genio?

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