Las ciudades tienen su propia identidad. Casi como si se tratase de personas, cada una posee rasgos que al mismo tiempo las definen y las diferencian. Sus habitantes, cierta especie de árbol distintivo que adorna sus espacios públicos, el trazado, la historia de su desarrollo y, por supuesto, su arquitectura.

En el caso de Buenos Aires, desde el año 2011 existe un proyecto coordinado por el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) de la ciudad cuyo propósito es rescatar y, en cierta forma, traer al presente las obras arquitectónica realizadas en la capital porteña entre las décadas de 1930 y 1970, periodo que, de acuerdo con el CPAU, comprende la transformación de Buenos Aires en una metrópoli.

kavanagh-moderna-ba

Dichos años, además, están enriquecidos por una abundante cantidad de flujos que se concentraron en la ciudad. Los migratorios, por ejemplo, de personas que huían de la guerra en Europa. Pero quizá especialmente los flujos creativos de escuelas de arquitectura de otras partes del mundo que, en cierta forma, también se estaban enfrentando al desafío de crear edificios funcionales pero también artísticos, útiles y habitables pero sin menoscabo de la inteligencia y aun el genio. Estilos como el de la Bauhaus de Alemania o el de L’Esprit Nouveau de Francia también quedaron impresos en Buenos Aires, como testigos pero también actores de los cambios que ocurrían en el corazón mismo de la ciudad.

La plataforma “Moderna Buenos Aires” busca hacer visibles esas construcciones que son como prismas en donde se puede atisbar dicho desarrollo histórico. Las construcciones, sin embargo, no como entes aislados, sino como ese elemento que conecta y reúne a otras piezas también fundamentales: arquitectos, instituciones, la ciudad misma y su panorama, habitantes, etcétera.

Screen shot 2016-04-18 at 11.59.12 AM

De hecho, esa es una de las características más interesantes del proyecto: anima a cualquiera a sumarse a él a través de la fotografía de un edificio distintivo de la época mencionada. Esto es, hace que sea el propio habitante de la ciudad, la persona que quizá vive en una de estas construcciones, o trabaja ahí, o es parte de su rutina cotidiana de alguna otra manera, quien se apropie de dicha historia, quien de algún modo la recupere para sí, no para el archivo y la catalogación sino para la vida corriente de todos los días, la cual, como podemos advertir por este proyecto, bien puede estar rodeada de genio, creatividad e inspiración, aunque a veces no nos demos cuenta de ello.

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Las ciudades tienen su propia identidad. Casi como si se tratase de personas, cada una posee rasgos que al mismo tiempo las definen y las diferencian. Sus habitantes, cierta especie de árbol distintivo que adorna sus espacios públicos, el trazado, la historia de su desarrollo y, por supuesto, su arquitectura.

En el caso de Buenos Aires, desde el año 2011 existe un proyecto coordinado por el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) de la ciudad cuyo propósito es rescatar y, en cierta forma, traer al presente las obras arquitectónica realizadas en la capital porteña entre las décadas de 1930 y 1970, periodo que, de acuerdo con el CPAU, comprende la transformación de Buenos Aires en una metrópoli.

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Dichos años, además, están enriquecidos por una abundante cantidad de flujos que se concentraron en la ciudad. Los migratorios, por ejemplo, de personas que huían de la guerra en Europa. Pero quizá especialmente los flujos creativos de escuelas de arquitectura de otras partes del mundo que, en cierta forma, también se estaban enfrentando al desafío de crear edificios funcionales pero también artísticos, útiles y habitables pero sin menoscabo de la inteligencia y aun el genio. Estilos como el de la Bauhaus de Alemania o el de L’Esprit Nouveau de Francia también quedaron impresos en Buenos Aires, como testigos pero también actores de los cambios que ocurrían en el corazón mismo de la ciudad.

La plataforma “Moderna Buenos Aires” busca hacer visibles esas construcciones que son como prismas en donde se puede atisbar dicho desarrollo histórico. Las construcciones, sin embargo, no como entes aislados, sino como ese elemento que conecta y reúne a otras piezas también fundamentales: arquitectos, instituciones, la ciudad misma y su panorama, habitantes, etcétera.

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De hecho, esa es una de las características más interesantes del proyecto: anima a cualquiera a sumarse a él a través de la fotografía de un edificio distintivo de la época mencionada. Esto es, hace que sea el propio habitante de la ciudad, la persona que quizá vive en una de estas construcciones, o trabaja ahí, o es parte de su rutina cotidiana de alguna otra manera, quien se apropie de dicha historia, quien de algún modo la recupere para sí, no para el archivo y la catalogación sino para la vida corriente de todos los días, la cual, como podemos advertir por este proyecto, bien puede estar rodeada de genio, creatividad e inspiración, aunque a veces no nos demos cuenta de ello.

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