El 5 de junio de 1799 Alexander von Humboldt partió de La Coruña, España, en un navío llamado Pizarro. No habría de volver a Europa hasta 1804, y recorrería más de 10 mil kilómetros del continente americano para hacer uno de los más exhaustivos registros que existían hasta entonces de los distintos climas, orografía, flora, fauna y recursos naturales de América. Humboldt llegó a Quito en 1802, e hizo distintas ascensiones a los Andes ecuatorianos durante las cuales estudió el volcán Chimborazo, uno de los más altos del mundo. Fue a raíz de las observaciones que hizo de este pico, que realizó Naturgemälde (“pintura de la naturaleza”), un diagrama —y una obra de arte— que podría considerarse la primera infografía de la historia.

El esquema, en su metódica belleza, muestra una disección del volcán que describe sus distintas zonas y vegetaciones. Cientos de especies vegetales se encuentran enlistadas minuciosamente, en un extraño ejercicio que pareciera convertir las palabras en plantas. Además, este inesperado mapa incluye información sobre la altitud, la presión del aire, la refracción de la luz, la electricidad de la atmósfera, la humedad, la calidad de la tierra y algunos otros parámetros científicos hoy en desuso —como, por ejemplo, mediciones del azul del cielo hechas con uno de los objetos olvidados más encantadores del mundo, el cianómetro.

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El diagrama de Humboldt fue hecho para lo exploradores como él; así, contiene información sobre las variaciones de la temperatura de acuerdo a la altura, el espesor de la nieve y la fauna que vive en cada zona del volcán, indicaciones para quienes quisieran seguir el mismo camino que él a la cima del Chimborao. El nivel de detalle de la carta de von Humboldt es avasallador; invita a perderte en ella por horas. El explorador supo plasmar en este ejercicio el poder de lo visual como herramienta de aprendizaje y comprensión, y demostró su brillante capacidad de traducir lo abstracto a lo concreto (algo que Fritz Kahn el padre de los infográficos, llevaría a su máxima expresión en el siglo XX).

La figura de Humboldt, uno de los últimos polímatas, resulta aún deslumbrante. Este viajero fue también dueño de una mente fuera de lo común; geógrafo, astrónomo, humanista y naturalista, alcanzó, al escalar el volcán Chimborazo, la mayor altura a la que había llegado un hombre hasta entonces y logró describirlo en una infografía en donde la belleza y la ciencia se confunden.

 

 

 

Imágenes: Dominio público.

El 5 de junio de 1799 Alexander von Humboldt partió de La Coruña, España, en un navío llamado Pizarro. No habría de volver a Europa hasta 1804, y recorrería más de 10 mil kilómetros del continente americano para hacer uno de los más exhaustivos registros que existían hasta entonces de los distintos climas, orografía, flora, fauna y recursos naturales de América. Humboldt llegó a Quito en 1802, e hizo distintas ascensiones a los Andes ecuatorianos durante las cuales estudió el volcán Chimborazo, uno de los más altos del mundo. Fue a raíz de las observaciones que hizo de este pico, que realizó Naturgemälde (“pintura de la naturaleza”), un diagrama —y una obra de arte— que podría considerarse la primera infografía de la historia.

El esquema, en su metódica belleza, muestra una disección del volcán que describe sus distintas zonas y vegetaciones. Cientos de especies vegetales se encuentran enlistadas minuciosamente, en un extraño ejercicio que pareciera convertir las palabras en plantas. Además, este inesperado mapa incluye información sobre la altitud, la presión del aire, la refracción de la luz, la electricidad de la atmósfera, la humedad, la calidad de la tierra y algunos otros parámetros científicos hoy en desuso —como, por ejemplo, mediciones del azul del cielo hechas con uno de los objetos olvidados más encantadores del mundo, el cianómetro.

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El diagrama de Humboldt fue hecho para lo exploradores como él; así, contiene información sobre las variaciones de la temperatura de acuerdo a la altura, el espesor de la nieve y la fauna que vive en cada zona del volcán, indicaciones para quienes quisieran seguir el mismo camino que él a la cima del Chimborao. El nivel de detalle de la carta de von Humboldt es avasallador; invita a perderte en ella por horas. El explorador supo plasmar en este ejercicio el poder de lo visual como herramienta de aprendizaje y comprensión, y demostró su brillante capacidad de traducir lo abstracto a lo concreto (algo que Fritz Kahn el padre de los infográficos, llevaría a su máxima expresión en el siglo XX).

La figura de Humboldt, uno de los últimos polímatas, resulta aún deslumbrante. Este viajero fue también dueño de una mente fuera de lo común; geógrafo, astrónomo, humanista y naturalista, alcanzó, al escalar el volcán Chimborazo, la mayor altura a la que había llegado un hombre hasta entonces y logró describirlo en una infografía en donde la belleza y la ciencia se confunden.

 

 

 

Imágenes: Dominio público.