Supongo que la Deidad goza de salud mental, y sólo Él.

-John Haslam

En 1810 fue publicado Ilustraciones de la locura, el primer recuento pormenorizado de un caso clínico de esquizofrenia paranoide —el paciente cero de todos aquellos que han creído que un agente interno o externo, natural o sobrenatural, terrestre o extraterrestre es capaz de controlar su cuerpo, su mente y su voluntad. El autor, John Haslam, fue un boticario londinense que terminó sus días ofreciendo opiniones en la Corte acerca de la salud mental de los detenidos, luego de que el caso de James Tilly Matthews, su más célebre paciente, arruinara su carrera.

En honor a la verdad, todos estaban un poco locos a finales del siglo XVIII. Las guerras napoleónicas, la Revolución Francesa, la guerra contra Inglaterra y una era de Terror de Estado sin precedentes se cernían sobre Europa. Mientras América se preparaba para las gestas independentistas, el viejo continente confrontaba sus añejas tradiciones médicas y civiles con nuevas ideas, y nuevas palabras para describirlas. “Psiquiatría” todavía no calaba en el imaginario, pero “melancolía” estaba en boca de todos. Hasta entonces, los locos y los indeseables no gozaban de una jerarquía ni de un catálogo muy claro (como demuestra Foucault en su clásica Historia de la locura), y en el infame Hospital Real Bethlem, conocido por sus internos simplemente como Bedlam, los casos clínicos y los presos políticos eran compañeros de celda.

L0020897 'Air-loom machine'.

Al igual que el destino del profesor Fleschig y Daniel Paul Screber, o el de Sigmund Freud y el “hombre de los lobos” quedarían unidos en la historia de la clínica psiquiátrica, los nombres de John Haslam y James Tilly Matthews no se separarían a partir de 1797, cuando este último fue juzgado como traidor, loco y enviado a Bedlam.

Por sus escritos, el temperamento de Haslam no difiere demasiado de un hombre de ciencia de finales del siglo XVIII: apuesta todo a sus primeras intuiciones y jamás considera la posibilidad de que el mundo pueda ser diferente del esquema mental que se ha construido a base de prejuicios. Para Haslam, la personalidad inteligente y detallista de Matthews debió ser en sí misma un signo de locura.

Sin embargo, Matthews no era un preso político sin más: creía que una banda de anarquistas controlaba sus pensamientos a través de una máquina futurista llamada “Molino de Aire” (Air Loom). Ilustraciones de la locura muestra muchos dibujos de Matthews donde se detalla con increíble exactitud no sólo el funcionamiento del molino, sino su localización física en Londres, sus dimensiones y los siniestros personajes que la operan (alguno de los cuales pudo servir de modelo a los anarquistas de J.K. Chesterton).

El “mesmerismo”, o la creencia de que el magnetismo animal podía ser intervenido por medios mecánicos, era utilizado en la narrativa de Matthews como tejido conector para dar forma a su paranoia. La banda de malvados se acercaba a personas de influencia política y militar y, sin que estos se dieran cuenta, les daban a oler soluciones “mesmerizadas”, esto es, magnetizadas con intenciones impías. Según Matthews, el primer ministro William Pitt estaba totalmente bajo el control del Molino de Aire.

L0020897 'Air-loom machine'.

Durante los más de 10 años que Matthews pasó en Bedlam, Haslam tuvo la oportunidad única de asistir al desarrollo de su exhaustivo mundo interior. Haslam publicó su recuento con la esperanza (infructuosa) de ganar notoriedad en el mundo psiquiátrico, pero Matthews fue analizado por otros médicos quienes siempre lo consideraron una persona no sólo sana, sino muy inteligente. Uno de los diagnósticos incluso supone que la paranoia de Matthews era causada por la negativa de las propias autoridades a dejarlo salir. Y es que su detención dentro de Bedlam no era tan paranoica como podría creerse.

Matthews fue un activista político en favor de la paz durante la Revolución Francesa, tratando de poner fin a la guerra con diferentes gestiones (encubiertas, pero documentables) entre París y Londres. Luego de la ejecución de Luis XVI, Matthews permaneció prisionero en París al sospecharse que era espía británico. El miedo a la guillotina (una de las principales causas de muerte en aquel entonces) pudo haber sido el origen de su temor y fascinación con las máquinas.

Durante su arresto escribió infructuosamente a Lord Liverpool para pedir ayuda. Luego de ser liberado en 1796, regresó a Londres donde confrontó al gobierno corrupto del primer ministro Pitt y la Cámara de los Comunes. Fue arrestado, juzgado y enviado a Bedlam hasta 1814.

 A causa de Ilustraciones de la locura, el caso de Matthews se hizo conocido, y se le permitió enseñar dibujo y grabado. Su familia logró transferirlo a un hospital psiquiátrico privado luego de que inspectores de salubridad reprobaran las prácticas estándares de Bedlam, como mantener a los internos encadenados y diferenciar difícilmente a los “locos” de los guardias alcoholizados. El último médico de Matthews, el doctor Samuel Fox, no encontró nada extraño en su famoso paciente, y Matthews le ayudó a llevar los libros de cuentas y a realizar pequeños trabajos de jardinería en el Hospital Fox’s London House, hasta su muerte.

.

Imagen cortesía de Wellcome Images / Wellcome Trust

.

Supongo que la Deidad goza de salud mental, y sólo Él.

-John Haslam

En 1810 fue publicado Ilustraciones de la locura, el primer recuento pormenorizado de un caso clínico de esquizofrenia paranoide —el paciente cero de todos aquellos que han creído que un agente interno o externo, natural o sobrenatural, terrestre o extraterrestre es capaz de controlar su cuerpo, su mente y su voluntad. El autor, John Haslam, fue un boticario londinense que terminó sus días ofreciendo opiniones en la Corte acerca de la salud mental de los detenidos, luego de que el caso de James Tilly Matthews, su más célebre paciente, arruinara su carrera.

En honor a la verdad, todos estaban un poco locos a finales del siglo XVIII. Las guerras napoleónicas, la Revolución Francesa, la guerra contra Inglaterra y una era de Terror de Estado sin precedentes se cernían sobre Europa. Mientras América se preparaba para las gestas independentistas, el viejo continente confrontaba sus añejas tradiciones médicas y civiles con nuevas ideas, y nuevas palabras para describirlas. “Psiquiatría” todavía no calaba en el imaginario, pero “melancolía” estaba en boca de todos. Hasta entonces, los locos y los indeseables no gozaban de una jerarquía ni de un catálogo muy claro (como demuestra Foucault en su clásica Historia de la locura), y en el infame Hospital Real Bethlem, conocido por sus internos simplemente como Bedlam, los casos clínicos y los presos políticos eran compañeros de celda.

L0020897 'Air-loom machine'.

Al igual que el destino del profesor Fleschig y Daniel Paul Screber, o el de Sigmund Freud y el “hombre de los lobos” quedarían unidos en la historia de la clínica psiquiátrica, los nombres de John Haslam y James Tilly Matthews no se separarían a partir de 1797, cuando este último fue juzgado como traidor, loco y enviado a Bedlam.

Por sus escritos, el temperamento de Haslam no difiere demasiado de un hombre de ciencia de finales del siglo XVIII: apuesta todo a sus primeras intuiciones y jamás considera la posibilidad de que el mundo pueda ser diferente del esquema mental que se ha construido a base de prejuicios. Para Haslam, la personalidad inteligente y detallista de Matthews debió ser en sí misma un signo de locura.

Sin embargo, Matthews no era un preso político sin más: creía que una banda de anarquistas controlaba sus pensamientos a través de una máquina futurista llamada “Molino de Aire” (Air Loom). Ilustraciones de la locura muestra muchos dibujos de Matthews donde se detalla con increíble exactitud no sólo el funcionamiento del molino, sino su localización física en Londres, sus dimensiones y los siniestros personajes que la operan (alguno de los cuales pudo servir de modelo a los anarquistas de J.K. Chesterton).

El “mesmerismo”, o la creencia de que el magnetismo animal podía ser intervenido por medios mecánicos, era utilizado en la narrativa de Matthews como tejido conector para dar forma a su paranoia. La banda de malvados se acercaba a personas de influencia política y militar y, sin que estos se dieran cuenta, les daban a oler soluciones “mesmerizadas”, esto es, magnetizadas con intenciones impías. Según Matthews, el primer ministro William Pitt estaba totalmente bajo el control del Molino de Aire.

L0020897 'Air-loom machine'.

Durante los más de 10 años que Matthews pasó en Bedlam, Haslam tuvo la oportunidad única de asistir al desarrollo de su exhaustivo mundo interior. Haslam publicó su recuento con la esperanza (infructuosa) de ganar notoriedad en el mundo psiquiátrico, pero Matthews fue analizado por otros médicos quienes siempre lo consideraron una persona no sólo sana, sino muy inteligente. Uno de los diagnósticos incluso supone que la paranoia de Matthews era causada por la negativa de las propias autoridades a dejarlo salir. Y es que su detención dentro de Bedlam no era tan paranoica como podría creerse.

Matthews fue un activista político en favor de la paz durante la Revolución Francesa, tratando de poner fin a la guerra con diferentes gestiones (encubiertas, pero documentables) entre París y Londres. Luego de la ejecución de Luis XVI, Matthews permaneció prisionero en París al sospecharse que era espía británico. El miedo a la guillotina (una de las principales causas de muerte en aquel entonces) pudo haber sido el origen de su temor y fascinación con las máquinas.

Durante su arresto escribió infructuosamente a Lord Liverpool para pedir ayuda. Luego de ser liberado en 1796, regresó a Londres donde confrontó al gobierno corrupto del primer ministro Pitt y la Cámara de los Comunes. Fue arrestado, juzgado y enviado a Bedlam hasta 1814.

 A causa de Ilustraciones de la locura, el caso de Matthews se hizo conocido, y se le permitió enseñar dibujo y grabado. Su familia logró transferirlo a un hospital psiquiátrico privado luego de que inspectores de salubridad reprobaran las prácticas estándares de Bedlam, como mantener a los internos encadenados y diferenciar difícilmente a los “locos” de los guardias alcoholizados. El último médico de Matthews, el doctor Samuel Fox, no encontró nada extraño en su famoso paciente, y Matthews le ayudó a llevar los libros de cuentas y a realizar pequeños trabajos de jardinería en el Hospital Fox’s London House, hasta su muerte.

.

Imagen cortesía de Wellcome Images / Wellcome Trust

.

Etiquetado: , ,