Los faros son faros y son, también, todas las metáforas que los habitan. Luces que iluminan la oscuridad de la noche, guías que muestran el camino en medio de la tormenta, su lado utilitario se entremezcla desde siempre con su nobleza y, también, con el eco que hacen a viejas historias de marineros. Son edificaciones altruistas por antonomasia, “construidos exclusivamente para servir”, acertó alguna vez George Bernard Shaw, y su aspecto es casi siempre regular —una gran torre con una luz en la cúspide. Pero existe un faro en Somerset, Inglaterra, que se caracteriza por su rareza y originalidad, y se ha convertido en un destino para locales y turistas que pasean por las costas del Canal de Bristol.

Conocido como Low lighthouse (“Faro bajo”) o Lighthouse on legs (“Faro sobre patas”), este raro espécimen es uno de los tres faros que habitan el pequeño pueblo costero de Burnham-on-Sea, cerca del estero del Río Parrett, y el único que sigue en funciones. Mide 11 metros de altura y descansa sobre nueve pilares de madera. Su superficie, también de madera, lo hace ver como una extraño cobertizo, adornado con una contundente y vertical línea roja.

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Extraño y rígido, a diferencia de otros de su especie, este faro pareciera no encajar con el paisaje que habita. El Faro bajo emite un destello de luz cada 0.75 segundos, así como una luz direccional blanca roja o verde, dependiendo la orientación. Fue construido en 1832 por Joseph Nelson, reconocido ingeniero de la época, para guiar a los barcos por el Canal de Bristol, una zona de difícil navegación por sus cambiantes bancos de arena y notables variaciones en las mareas.

El actual faro fue construido para sustituir uno viejo, cuya visibilidad resultaba insuficiente. Estuvo en desuso de 1969 a 1993, cuando un faro de mayor altura que se utilizaba en la zona fue vendido. Hoy, el extraño faro no sólo sirve para guiar barcos, también es una guía para quienes caminan por la playa. Cuando la marea es baja, es posible acercarse hasta él y disfrutar de su singular presencia.

El escritor Carlos Monsiváis llamó a los faros “ojos de la noche” y este faro inglés, aún en pie, pareciera hacer un homenaje, luminoso y original, a todos los faros de la historia que, aunque en peligro de extinción, siguen iluminando el camino de quienes visitan la playa o surcan el mar.

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Imágenes: 1) IDS.photos – Wikimedia Commons 2) Michael Maggs – Wikimedia Commons 3) Andi Campbell-Jones – flickr

Los faros son faros y son, también, todas las metáforas que los habitan. Luces que iluminan la oscuridad de la noche, guías que muestran el camino en medio de la tormenta, su lado utilitario se entremezcla desde siempre con su nobleza y, también, con el eco que hacen a viejas historias de marineros. Son edificaciones altruistas por antonomasia, “construidos exclusivamente para servir”, acertó alguna vez George Bernard Shaw, y su aspecto es casi siempre regular —una gran torre con una luz en la cúspide. Pero existe un faro en Somerset, Inglaterra, que se caracteriza por su rareza y originalidad, y se ha convertido en un destino para locales y turistas que pasean por las costas del Canal de Bristol.

Conocido como Low lighthouse (“Faro bajo”) o Lighthouse on legs (“Faro sobre patas”), este raro espécimen es uno de los tres faros que habitan el pequeño pueblo costero de Burnham-on-Sea, cerca del estero del Río Parrett, y el único que sigue en funciones. Mide 11 metros de altura y descansa sobre nueve pilares de madera. Su superficie, también de madera, lo hace ver como una extraño cobertizo, adornado con una contundente y vertical línea roja.

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Extraño y rígido, a diferencia de otros de su especie, este faro pareciera no encajar con el paisaje que habita. El Faro bajo emite un destello de luz cada 0.75 segundos, así como una luz direccional blanca roja o verde, dependiendo la orientación. Fue construido en 1832 por Joseph Nelson, reconocido ingeniero de la época, para guiar a los barcos por el Canal de Bristol, una zona de difícil navegación por sus cambiantes bancos de arena y notables variaciones en las mareas.

El actual faro fue construido para sustituir uno viejo, cuya visibilidad resultaba insuficiente. Estuvo en desuso de 1969 a 1993, cuando un faro de mayor altura que se utilizaba en la zona fue vendido. Hoy, el extraño faro no sólo sirve para guiar barcos, también es una guía para quienes caminan por la playa. Cuando la marea es baja, es posible acercarse hasta él y disfrutar de su singular presencia.

El escritor Carlos Monsiváis llamó a los faros “ojos de la noche” y este faro inglés, aún en pie, pareciera hacer un homenaje, luminoso y original, a todos los faros de la historia que, aunque en peligro de extinción, siguen iluminando el camino de quienes visitan la playa o surcan el mar.

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Imágenes: 1) IDS.photos – Wikimedia Commons 2) Michael Maggs – Wikimedia Commons 3) Andi Campbell-Jones – flickr