Actualmente nos encontramos expuestos a estilos de vida que se confrontan con los ritmos naturales de nuestro cuerpo y nuestra mente. Tal vez por ello es que el estrés se ha consolidado como un agente patológico de nuestra cotidianidad, fenómeno al cual se asocian múltiples malestares e incluso enfermedades crónicas.

Resulta un tanto paradójica la relevancia que ha tomado el estrés cuando tenemos a nuestra disposición diversos recursos completamente accesibles para hacerle frente y neutralizar sus poco deseables efectos. Sin embargo, muchas personas desconocen que para hacerle frente no es necesario acudir a especialistas médicos o adquirir costosos fármacos. En realidad existen diversos antídotos que te permitirán eludir los estragos de este popular enemigo. Uno de ellos es la meditación.

Esta técnica milenaria, recurrida particularmente por las culturas orientales, provee de forma casi inmediata beneficios para la salud física y emocional de una persona –algo que por cierto ha sido comprobado en decenas de estudios científicos, muchos de ellos elaborados en prestigiadas instituciones. Pero al invitarte a meditar no necesariamente nos referimos a esas épicas sesiones que nos requieren largas horas de dedicación y el aprendizaje de complejas posturas corporales, cantos sacros, o sofisticada parafernalia.

Existen formas muy sencillas de meditar que indudablemente te aportarán beneficios significativos. Y si bien es probable que al experimentar las mieles de esta práctica decidas profundizar en alguna de sus escuelas, lo cierto es que con dedicar alrededor de diez minutos diarios a meditar bastaría para que se convierta en una herramienta anti-estrés.

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Indicaciones:

1- Colócate sentado en una silla, tapete, o almohada (el criterio para elegir tu lugar debe ser una postura que te permita mantener la espalda recta, pero relajada, y que el peso de tu cuerpo se encuentre completamente sostenido sobre la superficie en la que estás sentado).

2- Manteniendo la cabeza en sintonía con el cuerpo, es decir con el cuello recto y relajado, desciende ligeramente tu barbilla (de manera que tu vista quede naturalmente apuntando al piso, a una distancia de aproximadamente un metro).

3. Coloca tu lengua de forma que haga contacto con tu paladar, y entrecierra tus ojos (permitiendo un haz de luz entre los párpados).

4. Comienza a respirar ordinariamente y centra tu atención en la respiración, y en sus tres fases (inhalación, retención, exhalación).

5. Cuando los pensamientos comiencen a llegar, apartando así tu atención del ritmo respiratorio, no intentes combatirlos pero evita engancharte a ellos, simplemente obsérvalos y deja que sigan su camino hacia la nada.

6. Mantente así a lo largo de diez minutos y repite este ejercicio diariamente. * Los beneficios florecerán antes de lo que te imaginas, pero lo harán siempre de manera discreta, armónica.

Si te interesa conocer más sobre los beneficios de la meditación para tu salud, todas las tardes a las 2pm puedes disfrutar de una clase gratuita de meditación en Faena Spa.

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Actualmente nos encontramos expuestos a estilos de vida que se confrontan con los ritmos naturales de nuestro cuerpo y nuestra mente. Tal vez por ello es que el estrés se ha consolidado como un agente patológico de nuestra cotidianidad, fenómeno al cual se asocian múltiples malestares e incluso enfermedades crónicas.

Resulta un tanto paradójica la relevancia que ha tomado el estrés cuando tenemos a nuestra disposición diversos recursos completamente accesibles para hacerle frente y neutralizar sus poco deseables efectos. Sin embargo, muchas personas desconocen que para hacerle frente no es necesario acudir a especialistas médicos o adquirir costosos fármacos. En realidad existen diversos antídotos que te permitirán eludir los estragos de este popular enemigo. Uno de ellos es la meditación.

Esta técnica milenaria, recurrida particularmente por las culturas orientales, provee de forma casi inmediata beneficios para la salud física y emocional de una persona –algo que por cierto ha sido comprobado en decenas de estudios científicos, muchos de ellos elaborados en prestigiadas instituciones. Pero al invitarte a meditar no necesariamente nos referimos a esas épicas sesiones que nos requieren largas horas de dedicación y el aprendizaje de complejas posturas corporales, cantos sacros, o sofisticada parafernalia.

Existen formas muy sencillas de meditar que indudablemente te aportarán beneficios significativos. Y si bien es probable que al experimentar las mieles de esta práctica decidas profundizar en alguna de sus escuelas, lo cierto es que con dedicar alrededor de diez minutos diarios a meditar bastaría para que se convierta en una herramienta anti-estrés.

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Indicaciones:

1- Colócate sentado en una silla, tapete, o almohada (el criterio para elegir tu lugar debe ser una postura que te permita mantener la espalda recta, pero relajada, y que el peso de tu cuerpo se encuentre completamente sostenido sobre la superficie en la que estás sentado).

2- Manteniendo la cabeza en sintonía con el cuerpo, es decir con el cuello recto y relajado, desciende ligeramente tu barbilla (de manera que tu vista quede naturalmente apuntando al piso, a una distancia de aproximadamente un metro).

3. Coloca tu lengua de forma que haga contacto con tu paladar, y entrecierra tus ojos (permitiendo un haz de luz entre los párpados).

4. Comienza a respirar ordinariamente y centra tu atención en la respiración, y en sus tres fases (inhalación, retención, exhalación).

5. Cuando los pensamientos comiencen a llegar, apartando así tu atención del ritmo respiratorio, no intentes combatirlos pero evita engancharte a ellos, simplemente obsérvalos y deja que sigan su camino hacia la nada.

6. Mantente así a lo largo de diez minutos y repite este ejercicio diariamente. * Los beneficios florecerán antes de lo que te imaginas, pero lo harán siempre de manera discreta, armónica.

Si te interesa conocer más sobre los beneficios de la meditación para tu salud, todas las tardes a las 2pm puedes disfrutar de una clase gratuita de meditación en Faena Spa.

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