El acto de describir el firmamento, o nuestro planeta, en forma de mapas es un osado despliegue de imaginación, abstracción y ficción. ¿Cómo plasmar en una superficie plana lo que nunca hemos visto o aquello excede nuestra percepción de lo espacial y lo temporal? Existe una preciosa colección de mapas, hechos en la Inglaterra del siglo XII, que nos invita a adentrarnos en los misterios del firmamento, de nuestro planeta y sus innumerables formas de representarlo.

Esta serie de diagramas y esquemas que integra sólo nueve folios —una especie de panfleto cosmográfico— fue hallado en un manuscrito medieval, un documento tan científico como teológico realizado por monjes que buscaban reunir el conocimiento del cosmos proveniente del cristianismo más temprano, compilado por escritores como Bede e Isodere que, a su vez, abrevaron de textos antiguos sobre el universo, principalmente los de Plinio el Viejo (adaptándolos, claramente, al contexto católico en el que nacieron).

Este manuscrito, que actualmente habita el Walters Art Museum en Baltimore, ofrece una inspiradora visualización del cielo y la tierra, las estaciones del año, los vientos (representados como rostros humanos que soplan), las mareas, el zodiaco y las muchas maneras en que éstos se relacionaban con el hombre y su imaginario en la época que fueron producidos. Una buena parte de estos esquemas fueron dibujados en forma de rueda, una técnica común para presentar información cosmológica y científica durante la Edad Media que permitía organizar información compleja de una forma clara, ordenada, comprensible y fácil de recordar. Además, el círculo fue la representación de la perfección, del orden y de Dios, un símbolo que también se usó para describir lo cíclico del tiempo, de la naturaleza y de la Creación, así como la lógica, orden y armonía del universo.

En la colección también existen dos diagramas cuya estructura se conoce como “mapa de T en O”, nombre que proviene del latín Orbis Terrarum, lo equivalente a un mapamundi del Medievo, caracterizado por su fuerte carga teológica —un mapa conceptual hecho, entre otras cosas, para mostrar las posiciones relativas de los tres continentes.

Lo que vemos en los mapas no solamente son representaciones del cielo o de las fuerzas naturales, son también imágenes que incluyen una enorme cantidad de información simbólica, traducida a un hermoso lenguaje gráfico: órbitas, planetas, constelaciones y mediciones se conjugan en una colección de imágenes capaces de estimular nuestra imaginación y acercarnos a lo que la ciencia la Edad Media pudo leer en los cuerpos que habitan el universo.

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Imágenes: Public Domain Review

El acto de describir el firmamento, o nuestro planeta, en forma de mapas es un osado despliegue de imaginación, abstracción y ficción. ¿Cómo plasmar en una superficie plana lo que nunca hemos visto o aquello excede nuestra percepción de lo espacial y lo temporal? Existe una preciosa colección de mapas, hechos en la Inglaterra del siglo XII, que nos invita a adentrarnos en los misterios del firmamento, de nuestro planeta y sus innumerables formas de representarlo.

Esta serie de diagramas y esquemas que integra sólo nueve folios —una especie de panfleto cosmográfico— fue hallado en un manuscrito medieval, un documento tan científico como teológico realizado por monjes que buscaban reunir el conocimiento del cosmos proveniente del cristianismo más temprano, compilado por escritores como Bede e Isodere que, a su vez, abrevaron de textos antiguos sobre el universo, principalmente los de Plinio el Viejo (adaptándolos, claramente, al contexto católico en el que nacieron).

Este manuscrito, que actualmente habita el Walters Art Museum en Baltimore, ofrece una inspiradora visualización del cielo y la tierra, las estaciones del año, los vientos (representados como rostros humanos que soplan), las mareas, el zodiaco y las muchas maneras en que éstos se relacionaban con el hombre y su imaginario en la época que fueron producidos. Una buena parte de estos esquemas fueron dibujados en forma de rueda, una técnica común para presentar información cosmológica y científica durante la Edad Media que permitía organizar información compleja de una forma clara, ordenada, comprensible y fácil de recordar. Además, el círculo fue la representación de la perfección, del orden y de Dios, un símbolo que también se usó para describir lo cíclico del tiempo, de la naturaleza y de la Creación, así como la lógica, orden y armonía del universo.

En la colección también existen dos diagramas cuya estructura se conoce como “mapa de T en O”, nombre que proviene del latín Orbis Terrarum, lo equivalente a un mapamundi del Medievo, caracterizado por su fuerte carga teológica —un mapa conceptual hecho, entre otras cosas, para mostrar las posiciones relativas de los tres continentes.

Lo que vemos en los mapas no solamente son representaciones del cielo o de las fuerzas naturales, son también imágenes que incluyen una enorme cantidad de información simbólica, traducida a un hermoso lenguaje gráfico: órbitas, planetas, constelaciones y mediciones se conjugan en una colección de imágenes capaces de estimular nuestra imaginación y acercarnos a lo que la ciencia la Edad Media pudo leer en los cuerpos que habitan el universo.

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Imágenes: Public Domain Review