Abraham Gottlob Werner (1749-1817) era, en realidad, un geólogo consagrado. Inspector de minas y profesor de mineralogía alemán, una de sus más excéntricas obras fue el desarrollo de una teoría en torno al origen de los minerales que existen en nuestro planeta que llegó a ser conocida como Neptunismo. En sus últimos años de vida, Werner se dedicó a una tarea que, sin duda alguna, se inclinó hacia el mundo del arte y la estética más que cualquier otra de sus obras, Nomenclature of Colours, with Additions, arranged so as to render it useful to the Arts and Sciences. Esta nomenclatura del color fue utilizada por el mismo Darwin durante sus observaciones de la naturaleza, admirada por el poeta Novalis y, recientemente, convertida en una plataforma digital por el diseñador Nicholas Rougeux.

Al igual que el catálogo de colores de A. Boogert, la nomenclatura de Werner (que describe deliciosamente 11 tonos de azul) podría considerarse como una predecesora de otros sistemas de clasificación de los colores más modernos, como la escala Pantone. Pero, en el caso de Werner, el suyo se basa en los tonos de los minerales, algo que inauguró todo un lenguaje para describir los colores, que llevan en su propia naturaleza una cualidad casi innombrable.

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Como su título lo indica, la nomenclatura de Werner fue diseñada para ser utilizada tanto por científicos como por artistas y, en su primera versión, utilizaba exclusivamente palabras para nombrar los 110 colores que contiene, descripciones basadas en la naturaleza, los animales, las plantas y los minerales —recurriendo a explicaciones tan detalladas como “el reverso de los pétalos de la Hepatica morada”.

Fue en 1821 cuando el pintor escocés Patrick Syme actualizó la guía de Werner con muestras de cada uno de los colores, la mayoría de ellas hechas con los minerales de las descripciones del autor alemán. De hecho, fue la segunda edición de esta guía ilustrada por Syme la que habría de acompañar a Darwin en su viaje de 1831 a bordo del HMS Beagle en el que utilizó la nomenclatura de Werner para catalogar la flora y fauna que más adelante habrían de ser parte de su teoría de la selección natural. Este catálogo ayudó a muchos científicos posteriores a distinguir entre distintas especies, pues el color de una planta, por ejemplo, es capaz de dar información sobre la especie y subespecie a la que pertenece, además de la evolución de distintas subespecies en distintas regiones.

Después de la guía de Werner surgieron otras más, que siempre aspiraron al nivel de detalle y categorización de la nomenclatura del geólogo —algo que en la actualidad ha sido sustituido por información digital en computadoras e impresoras. Esto hace profundamente disfrutable (y hasta poético) la simpleza de describir un color por medio de palabras.

La versión digital de la nomenclatura de Werner tiene algunas adiciones a la versión original, como fotografías de animales, plantas y minerales de cada uno de los tonos descritos por el texto original, algo que su creador nunca hubiera podido imaginar. Además, Rougeux creo un documento público en el que comparte los códigos digitales de cada uno de los colores. A pesar de que esta nueva versión de la antigua nomenclatura podría carecer de la poética del original, su mérito radica en poner a disposición de cualquier interesado esta información que, desde hace unos 200 años, ha alimentado la imaginación de artistas y científicos por igual.

Puedes explorar la nomenclatura de Werner en su versión digital siguiendo este enlace

 

 

 

Imágenes: Internet Archive

Abraham Gottlob Werner (1749-1817) era, en realidad, un geólogo consagrado. Inspector de minas y profesor de mineralogía alemán, una de sus más excéntricas obras fue el desarrollo de una teoría en torno al origen de los minerales que existen en nuestro planeta que llegó a ser conocida como Neptunismo. En sus últimos años de vida, Werner se dedicó a una tarea que, sin duda alguna, se inclinó hacia el mundo del arte y la estética más que cualquier otra de sus obras, Nomenclature of Colours, with Additions, arranged so as to render it useful to the Arts and Sciences. Esta nomenclatura del color fue utilizada por el mismo Darwin durante sus observaciones de la naturaleza, admirada por el poeta Novalis y, recientemente, convertida en una plataforma digital por el diseñador Nicholas Rougeux.

Al igual que el catálogo de colores de A. Boogert, la nomenclatura de Werner (que describe deliciosamente 11 tonos de azul) podría considerarse como una predecesora de otros sistemas de clasificación de los colores más modernos, como la escala Pantone. Pero, en el caso de Werner, el suyo se basa en los tonos de los minerales, algo que inauguró todo un lenguaje para describir los colores, que llevan en su propia naturaleza una cualidad casi innombrable.

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Como su título lo indica, la nomenclatura de Werner fue diseñada para ser utilizada tanto por científicos como por artistas y, en su primera versión, utilizaba exclusivamente palabras para nombrar los 110 colores que contiene, descripciones basadas en la naturaleza, los animales, las plantas y los minerales —recurriendo a explicaciones tan detalladas como “el reverso de los pétalos de la Hepatica morada”.

Fue en 1821 cuando el pintor escocés Patrick Syme actualizó la guía de Werner con muestras de cada uno de los colores, la mayoría de ellas hechas con los minerales de las descripciones del autor alemán. De hecho, fue la segunda edición de esta guía ilustrada por Syme la que habría de acompañar a Darwin en su viaje de 1831 a bordo del HMS Beagle en el que utilizó la nomenclatura de Werner para catalogar la flora y fauna que más adelante habrían de ser parte de su teoría de la selección natural. Este catálogo ayudó a muchos científicos posteriores a distinguir entre distintas especies, pues el color de una planta, por ejemplo, es capaz de dar información sobre la especie y subespecie a la que pertenece, además de la evolución de distintas subespecies en distintas regiones.

Después de la guía de Werner surgieron otras más, que siempre aspiraron al nivel de detalle y categorización de la nomenclatura del geólogo —algo que en la actualidad ha sido sustituido por información digital en computadoras e impresoras. Esto hace profundamente disfrutable (y hasta poético) la simpleza de describir un color por medio de palabras.

La versión digital de la nomenclatura de Werner tiene algunas adiciones a la versión original, como fotografías de animales, plantas y minerales de cada uno de los tonos descritos por el texto original, algo que su creador nunca hubiera podido imaginar. Además, Rougeux creo un documento público en el que comparte los códigos digitales de cada uno de los colores. A pesar de que esta nueva versión de la antigua nomenclatura podría carecer de la poética del original, su mérito radica en poner a disposición de cualquier interesado esta información que, desde hace unos 200 años, ha alimentado la imaginación de artistas y científicos por igual.

Puedes explorar la nomenclatura de Werner en su versión digital siguiendo este enlace

 

 

 

Imágenes: Internet Archive