Los gemelos Cástor y Pólux devotos a Helena; las peligrosas, irresistibles sirenas; Afrodita, la hermosa diosa del amor seduciendo guerreros; ancestros y semidioses copulando, adolescentes erotizadas por un pastor con una flauta o dioses sometiendo animales para dar a luz a otros hermosos semidioses. Las alusiones sexuales en la antigua Grecia estaban presentes en todas partes, aunque el debate acerca de la verdadera naturaleza de esta costumbre nunca se haya resuelto: ¿lo que los griegos llaman eros, “un amor pasional que agita la vida” o philia, “una intimidad afectuosa” era esencialmente sublime o sodomita? Algunas veces lo aprobaban completamente, incluso hasta sugerir que era la forma más alta y noble del amor, y otras veces parecían condenarlo.

Screen shot 2016-01-12 at 2.52.55 PM

La imaginación de la antigua cultura griega es de hecho una constelación de cópulas entre especies y reinos. Una especie de armada de amantes mitológicos que quedó manifiesta, además de en la literatura, en decenas de grabados que luego un problemático historiador del arte llamado Pierre-François Hugues d’Hancarville recopilaría en dos libros: Monumens de la vie privée des douze Césars, Monumens du culte secret des dames romaines y el presentado aquí, Veneres uti observantur in gemmis antiquis, que fue publicado 1785. El libro probó ser tan popular que se tradujo al inglés casi inmediatamente.

Figura 1

En las imágenes vemos desde el maridaje de Hércules y Hebe (la alianza de la belleza con el coraje y la virtud) en plena consumación del acto hasta estatuas penetrando a semidioses, dioses violando animales (Leda y el cisne) o animales mitológicos (como el fauno) copulando con doncellas. Muchas de ellas son sátiras, como explica el autor del libro, que ilustraban escenas del teatro popular; pero muchas otras eran representaciones gráficas de la imaginación cosmogónica de la época y el lugar.

figura 16

El autor se deslinda explícitamente de la “pornografía” que recopila, apelando más bien a la maestría artística de los grabados. Se mofa, también, de “la ingenua y salvaje imaginación de los griegos” y sus “ridículos dioses”, como distanciándose del posible erotismo o deseo que pudieran provocar. En su prólogo explica:

Si alguien hallara falta en que presente las imágenes tan pequeñas, les ruego que observen que entre más pequeñas son, tanto más cercanas estarán al original; además, serían aun más indecentes si fuera de otra manera.

Por demás, el libro es un fascinante testimonio de la imaginación erótica de los comienzos de la civilización y un gran entretenimiento si leemos los comentarios, a todas luces hipócritas y tiernos, del francés d’Hancarville.

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PriapoJardines

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Los gemelos Cástor y Pólux devotos a Helena; las peligrosas, irresistibles sirenas; Afrodita, la hermosa diosa del amor seduciendo guerreros; ancestros y semidioses copulando, adolescentes erotizadas por un pastor con una flauta o dioses sometiendo animales para dar a luz a otros hermosos semidioses. Las alusiones sexuales en la antigua Grecia estaban presentes en todas partes, aunque el debate acerca de la verdadera naturaleza de esta costumbre nunca se haya resuelto: ¿lo que los griegos llaman eros, “un amor pasional que agita la vida” o philia, “una intimidad afectuosa” era esencialmente sublime o sodomita? Algunas veces lo aprobaban completamente, incluso hasta sugerir que era la forma más alta y noble del amor, y otras veces parecían condenarlo.

Screen shot 2016-01-12 at 2.52.55 PM

La imaginación de la antigua cultura griega es de hecho una constelación de cópulas entre especies y reinos. Una especie de armada de amantes mitológicos que quedó manifiesta, además de en la literatura, en decenas de grabados que luego un problemático historiador del arte llamado Pierre-François Hugues d’Hancarville recopilaría en dos libros: Monumens de la vie privée des douze Césars, Monumens du culte secret des dames romaines y el presentado aquí, Veneres uti observantur in gemmis antiquis, que fue publicado 1785. El libro probó ser tan popular que se tradujo al inglés casi inmediatamente.

Figura 1

En las imágenes vemos desde el maridaje de Hércules y Hebe (la alianza de la belleza con el coraje y la virtud) en plena consumación del acto hasta estatuas penetrando a semidioses, dioses violando animales (Leda y el cisne) o animales mitológicos (como el fauno) copulando con doncellas. Muchas de ellas son sátiras, como explica el autor del libro, que ilustraban escenas del teatro popular; pero muchas otras eran representaciones gráficas de la imaginación cosmogónica de la época y el lugar.

figura 16

El autor se deslinda explícitamente de la “pornografía” que recopila, apelando más bien a la maestría artística de los grabados. Se mofa, también, de “la ingenua y salvaje imaginación de los griegos” y sus “ridículos dioses”, como distanciándose del posible erotismo o deseo que pudieran provocar. En su prólogo explica:

Si alguien hallara falta en que presente las imágenes tan pequeñas, les ruego que observen que entre más pequeñas son, tanto más cercanas estarán al original; además, serían aun más indecentes si fuera de otra manera.

Por demás, el libro es un fascinante testimonio de la imaginación erótica de los comienzos de la civilización y un gran entretenimiento si leemos los comentarios, a todas luces hipócritas y tiernos, del francés d’Hancarville.

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