Vivir en una ciudad es un destino paradójico. Aquí se concentran una buena parte de las “comodidades” de la vida contemporánea, pero también se magnifican algunos de los principales conflictos de la vida, tanto individuales como sociales.

El equilibrio entre estas circunstancias es una de las misiones que se ha propuesto Bloomberg Philanthropies, la organización sin fines de lucro que preside Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York entre 2002 y 2013. Tanto la fundación como el político trabajan para generar políticas públicas aplicables para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

En términos generales, Bloomberg Philanthropies ha trabajado en conjunto con gobiernos locales de Estados Unidos para poner a prueba ideas que, por calificar como arriesgadas o experimentales, no pueden financiarse con los ingresos públicos. La organización provee entonces los recursos económicos y algunos especialistas en la problemática urbana en cuestión, pero apuntando a que sea la ciudad misma y sus autoridades quienes se coloquen en el camino de la solución.

Los proyectos de urbanismo auspiciados por Bloomberg se han enfocado en la vivienda, las tasas de delincuencia, la recuperación de espacios públicos y otros. En Atlanta, Georgia, la población de personas en situación de calle se redujo en casi 75% gracias a un programa piloto que consistió en reorganizar los recursos públicos para ofrecer una estancia permanente a quienes lo necesitaban. En Memphis, Tennessee, el objetivo fue revivir la vida de vecindario para disminuir la incidencia criminal a través de acciones como la capacitación laboral, el apoyo a negocios administrados por los propios residentes o campañas para cambiar la percepción que los ciudadanos tenían del delito, el cual toleraban fácilmente.

Estos son apenas dos ejemplos de los 14 que actualmente reciben el apoyo de Bloomberg Philanthropies. En todos los casos se trata de programas que entre sus objetivos consideran la posibilidad de aplicarse en otras ciudades con circunstancias parecidas. Asimismo, aunque mencionado por separado, la fundación busca que todo sea un esfuerzo conjunto en el que una ciudad pueda aprender de la experiencia de la otra, pues al final los desafíos metropolitanos también son semejantes entre sí.

En este contexto, la innovación es sobre todo sinónimo de determinación. Cobijados por la filantropía, pero también por la seriedad de un nombre como el de Bloomberg, varios alcaldes y funcionarios públicos están tomando decisiones que quizá no tomarían en otro momento, temerosos de la sanción pública y los efectos de esta sobre su futuro político. Los problemas de las ciudades no son nuevos, y a veces tampoco las soluciones que se proponen, pero quizá la voluntad de innovación se encuentra en las personas que se enfrentan a estas problemáticas y, simultáneamente, ejercen las posibles soluciones y eso, hasta ahora, no ha sido fácil de encontrar.

Vivir en una ciudad es un destino paradójico. Aquí se concentran una buena parte de las “comodidades” de la vida contemporánea, pero también se magnifican algunos de los principales conflictos de la vida, tanto individuales como sociales.

El equilibrio entre estas circunstancias es una de las misiones que se ha propuesto Bloomberg Philanthropies, la organización sin fines de lucro que preside Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York entre 2002 y 2013. Tanto la fundación como el político trabajan para generar políticas públicas aplicables para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

En términos generales, Bloomberg Philanthropies ha trabajado en conjunto con gobiernos locales de Estados Unidos para poner a prueba ideas que, por calificar como arriesgadas o experimentales, no pueden financiarse con los ingresos públicos. La organización provee entonces los recursos económicos y algunos especialistas en la problemática urbana en cuestión, pero apuntando a que sea la ciudad misma y sus autoridades quienes se coloquen en el camino de la solución.

Los proyectos de urbanismo auspiciados por Bloomberg se han enfocado en la vivienda, las tasas de delincuencia, la recuperación de espacios públicos y otros. En Atlanta, Georgia, la población de personas en situación de calle se redujo en casi 75% gracias a un programa piloto que consistió en reorganizar los recursos públicos para ofrecer una estancia permanente a quienes lo necesitaban. En Memphis, Tennessee, el objetivo fue revivir la vida de vecindario para disminuir la incidencia criminal a través de acciones como la capacitación laboral, el apoyo a negocios administrados por los propios residentes o campañas para cambiar la percepción que los ciudadanos tenían del delito, el cual toleraban fácilmente.

Estos son apenas dos ejemplos de los 14 que actualmente reciben el apoyo de Bloomberg Philanthropies. En todos los casos se trata de programas que entre sus objetivos consideran la posibilidad de aplicarse en otras ciudades con circunstancias parecidas. Asimismo, aunque mencionado por separado, la fundación busca que todo sea un esfuerzo conjunto en el que una ciudad pueda aprender de la experiencia de la otra, pues al final los desafíos metropolitanos también son semejantes entre sí.

En este contexto, la innovación es sobre todo sinónimo de determinación. Cobijados por la filantropía, pero también por la seriedad de un nombre como el de Bloomberg, varios alcaldes y funcionarios públicos están tomando decisiones que quizá no tomarían en otro momento, temerosos de la sanción pública y los efectos de esta sobre su futuro político. Los problemas de las ciudades no son nuevos, y a veces tampoco las soluciones que se proponen, pero quizá la voluntad de innovación se encuentra en las personas que se enfrentan a estas problemáticas y, simultáneamente, ejercen las posibles soluciones y eso, hasta ahora, no ha sido fácil de encontrar.

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