En el entorno web, a menudo escuchamos sobre la “filosofía” hacker: mostrar las vulnerabilidades de estructuras de seguridad informática no para sacar provecho monetario o mediático, sino como una forma honesta de trabajo, de reingeniería inversa, e incluso de imaginación. Pero, ¿qué pueden enseñarnos los hackers de redes informáticas sobre la manera en que percibimos el mundo 1.0, es decir, el mundo que ocurre fuera del ámbito restringido de nuestras pantallas?

Paul Buchheit, uno de los más brillantes programadores de Google, afirma que “a menudo se nos dice que no existen atajos para el éxito –que siempre se trata de trabajo duro y de seguir órdenes. La mente del hacker funciona al revés: siempre existen atajos y cabos sueltos. Por esta razón, el hacking a veces es percibido como hacer trampa, o como injusto, y puede serlo.”

La diferencia entre un hacker y un programador es menor de la que puede pensarse: el programador se encarga de dar forma y funcionalidad a la estructura de una red informática; el hacker conoce, además de la forma de dicha estructura, todas sus vulnerabilidades. Notar la forma en que nuestra realidad está construida y comprender que se trata de convenciones y hábitos aprendidos nos dará la posibilidad de modificarlos y establecer rutinas que se ajusten a nuestras necesidades. ¿No te gusta algo en tu vida? No le des más rodeos y trata de aprender cómo funciona aquello que te disgusta: descubrirás con toda probabilidad algo sobre ti mismo que reside, precisamente, en aquello que te disgusta –y una vez detectado, entonces podrás modificarlo.

Para Buchheit, todos los nuevos negocios son formas de hacking que inciden en un entorno económico: piensen en cualquier producto o servicio exitoso y piensen en el mundo antes de que este producto o servicio existiera. La necesidad podía estar o no en el aire, pero alguien vio una vulnerabilidad (en el esquema de nuestras necesidades) y decidió explotarla. Pero la filosofía hacker no sólo puede hacerte millonario, también, y antes que cualquier otra cosa, más consciente de tu mundo. Al igual que el filósofo, el hacker no cesa en un empeño continuado por encontrar la verdad detrás de la apariencia: esta verdad subyacente es lo que tienen en común todas las revoluciones y cambios de paradigma. Un hueco, un fallo, algo que puede mejorarse. Un pequeño movimiento en las piezas hace colapsar el castillo de cartas.

De alguna manera, cualquiera que adopte una perspectiva diferente frente al estado de cosas es un hacker, y precisamente son estos personajes hoy históricos –este espíritu sediento–, los que han creado aquellos modelos con los que opera nuestra realidad (instituciones, compañías, iglesias, gobiernos). Y lo hicieron hackeando y reinventando los sistemas previos. Al igual que el místico, el hacker “busca la verdadera naturaleza de la realidad, a la vez que se da cuenta de que no poseemos la verdad en ningún momento, y que nunca lo haremos.”

La filosofía hacker va mucho más allá de saber cómo ordenar inacabables tiras de código informático: se trata de diseñar, deconstruir y rediseñar probables futuros.

En el entorno web, a menudo escuchamos sobre la “filosofía” hacker: mostrar las vulnerabilidades de estructuras de seguridad informática no para sacar provecho monetario o mediático, sino como una forma honesta de trabajo, de reingeniería inversa, e incluso de imaginación. Pero, ¿qué pueden enseñarnos los hackers de redes informáticas sobre la manera en que percibimos el mundo 1.0, es decir, el mundo que ocurre fuera del ámbito restringido de nuestras pantallas?

Paul Buchheit, uno de los más brillantes programadores de Google, afirma que “a menudo se nos dice que no existen atajos para el éxito –que siempre se trata de trabajo duro y de seguir órdenes. La mente del hacker funciona al revés: siempre existen atajos y cabos sueltos. Por esta razón, el hacking a veces es percibido como hacer trampa, o como injusto, y puede serlo.”

La diferencia entre un hacker y un programador es menor de la que puede pensarse: el programador se encarga de dar forma y funcionalidad a la estructura de una red informática; el hacker conoce, además de la forma de dicha estructura, todas sus vulnerabilidades. Notar la forma en que nuestra realidad está construida y comprender que se trata de convenciones y hábitos aprendidos nos dará la posibilidad de modificarlos y establecer rutinas que se ajusten a nuestras necesidades. ¿No te gusta algo en tu vida? No le des más rodeos y trata de aprender cómo funciona aquello que te disgusta: descubrirás con toda probabilidad algo sobre ti mismo que reside, precisamente, en aquello que te disgusta –y una vez detectado, entonces podrás modificarlo.

Para Buchheit, todos los nuevos negocios son formas de hacking que inciden en un entorno económico: piensen en cualquier producto o servicio exitoso y piensen en el mundo antes de que este producto o servicio existiera. La necesidad podía estar o no en el aire, pero alguien vio una vulnerabilidad (en el esquema de nuestras necesidades) y decidió explotarla. Pero la filosofía hacker no sólo puede hacerte millonario, también, y antes que cualquier otra cosa, más consciente de tu mundo. Al igual que el filósofo, el hacker no cesa en un empeño continuado por encontrar la verdad detrás de la apariencia: esta verdad subyacente es lo que tienen en común todas las revoluciones y cambios de paradigma. Un hueco, un fallo, algo que puede mejorarse. Un pequeño movimiento en las piezas hace colapsar el castillo de cartas.

De alguna manera, cualquiera que adopte una perspectiva diferente frente al estado de cosas es un hacker, y precisamente son estos personajes hoy históricos –este espíritu sediento–, los que han creado aquellos modelos con los que opera nuestra realidad (instituciones, compañías, iglesias, gobiernos). Y lo hicieron hackeando y reinventando los sistemas previos. Al igual que el místico, el hacker “busca la verdadera naturaleza de la realidad, a la vez que se da cuenta de que no poseemos la verdad en ningún momento, y que nunca lo haremos.”

La filosofía hacker va mucho más allá de saber cómo ordenar inacabables tiras de código informático: se trata de diseñar, deconstruir y rediseñar probables futuros.

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