Las pizarras han sido el lienzo de grandes pensadores. Muchas mentes asombrosas han plasmado en ellas sus ideas. Sin embargo, al ser despojadas de su investidura académica pueden llegar a ser algo más que un documento e incluso manifestar una intrigante estética. La propuesta, del fotógrafo español Alejandro Guijarro, en su obra titulada Momentum, muestra la delgada línea existente entre el arte y la producción del conocimiento científico.

Durante tres años, Guijarro se traslado a varios de los centros más importantes en investigación de física cuántica: Oxford, Cambridge; Reino Unido, CERN; Suiza, The National Acelerator Laboratory (SLAC); EUA y el Instituto de Física Corpuscular de Valencia. Gracias a su lente, la física cuántica se vuelve por momentos comprensible para el resto de los mortales.

Las fotografías documentan las pizarras llenas de formulas, en las cuales el contenido deja de ser relevante. La abstracción deja de encontrarse en complicados teoremas sino en la forma, en las figuras que quedan al ser desvestidas de todo bagaje teórico para, al mismo tiempo, enfatizar la figura del observador cuyo rol (siguiendo las premisas de la física cuántica) es fundamental a la hora de comprender un fenómeno.

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Las pizarras han sido el lienzo de grandes pensadores. Muchas mentes asombrosas han plasmado en ellas sus ideas. Sin embargo, al ser despojadas de su investidura académica pueden llegar a ser algo más que un documento e incluso manifestar una intrigante estética. La propuesta, del fotógrafo español Alejandro Guijarro, en su obra titulada Momentum, muestra la delgada línea existente entre el arte y la producción del conocimiento científico.

Durante tres años, Guijarro se traslado a varios de los centros más importantes en investigación de física cuántica: Oxford, Cambridge; Reino Unido, CERN; Suiza, The National Acelerator Laboratory (SLAC); EUA y el Instituto de Física Corpuscular de Valencia. Gracias a su lente, la física cuántica se vuelve por momentos comprensible para el resto de los mortales.

Las fotografías documentan las pizarras llenas de formulas, en las cuales el contenido deja de ser relevante. La abstracción deja de encontrarse en complicados teoremas sino en la forma, en las figuras que quedan al ser desvestidas de todo bagaje teórico para, al mismo tiempo, enfatizar la figura del observador cuyo rol (siguiendo las premisas de la física cuántica) es fundamental a la hora de comprender un fenómeno.

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