El proceso que implica la existencia de un libro comienza con una idea que es desarrollada por un escritor, luego viene su corrección, su diseño editorial, su publicación, distribución y finalmente su contacto con los lectores, pero antes de todo esto existen varios pasos que a menudo olvidamos y que comienzan con el nacimiento y crecimiento de un árbol, ese que eventualmente será transformado en una página en blanco que surcarán pequeños caracteres. La artista escocesa Katie Paterson y su Future Library (una pieza de arte que durará al menos un siglo) cuentan esta preciosa historia, y nos recuerdan la importancia de cuidar los bosques del mundo.

Para el desarrollo de este proyecto, en 2014 se plantó un bosque de mil árboles que hoy tienen de tres años de edad en Noruega; éste, eventualmente, será transformado en una antología de cien libros que se publicarán en cien años con el papel que se produzca de estos árboles. Cada año de aquí a entonces, el Future Library Trust, escogerá a un autor que contribuya con un manuscrito que nadie podrá ver hasta el año 2114 (lo único que podrá saberse es el título de la pieza, el nombre de su autor, y la extensión del texto), cuando este fondo se encargue de cortar los árboles y convertirlos en el papel que se usará para los cien tomos de esta extraña antología.

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El lugar donde estos árboles crecen, ubicado en la zona forestal de Nordmarka en las afueras de Oslo, era un bosque que fue talado para el proyecto; la madera obtenida es actualmente utilizada para construir una nueva biblioteca pública que abrirá sus puertas en 2019, y que cuenta con una sala especialmente reservada para los manuscritos del proyecto Future Library; los libros de esta colección serán exhibidos dentro de cajas de luz y colocados en las paredes de la sala. El bosque donde actualmente crecen los pequeños árboles ya es visitado anualmente y considerado por algunos un bosque sagrado.

Hasta el día de hoy se han comisionado cuatro libros —sus autores son Margaret Atwood, el novelista inglés David Mitchell, el narrador islandés Sjón y la escritora Elif Şafak— y los autores se escogen, anualmente, de una lista previamente seleccionada de escritores. Los criterios de selección del Future Library Trust toman en cuenta las contribuciones a la narrativa y la poesía de cada artista; en el futuro, cuando tenga que imprimirse el material, esta mesa directiva deberá tomar decisiones sobre su publicación y si este material será editado, impreso y distribuido mundialmente. La entrega de cada nuevo manuscrito se llevará a cabo en una ceremonia anual de primavera en el bosque.

Sólo un profundo amor por los libros y lo que estos objetos pueden transmitir (pensemos en los hermosos libros congelados de la artista Basia Irland) podría derivar en un proyecto como este, uno que se basa en la confianza de que alguien más lo continuará una vez que su creadora haya muerto, y una iniciativa de diálogo con quienes habitarán nuestro planeta en cien años. Además, Future Library habla sobre el valor de los libros como objetos artesanales —recordándonos, incluso, los libros medievales que se escribían e ilustraban a mano. Se trata de una pieza de arte que respira y crece, que nos invita a cuidar nuestro planeta y a pensar en las generaciones futuras, un cadáver exquisito de textos que da por sentado que en cien años seguirán existiendo los libros y los bosques (una idea maravillosa), un bosque futuro que también nos habla sobre el paso del tiempo y la paciencia, y nos recuerda que casi todo lo que vale la pena en la vida toma tiempo.

 

*Imágenes: Future Library

El proceso que implica la existencia de un libro comienza con una idea que es desarrollada por un escritor, luego viene su corrección, su diseño editorial, su publicación, distribución y finalmente su contacto con los lectores, pero antes de todo esto existen varios pasos que a menudo olvidamos y que comienzan con el nacimiento y crecimiento de un árbol, ese que eventualmente será transformado en una página en blanco que surcarán pequeños caracteres. La artista escocesa Katie Paterson y su Future Library (una pieza de arte que durará al menos un siglo) cuentan esta preciosa historia, y nos recuerdan la importancia de cuidar los bosques del mundo.

Para el desarrollo de este proyecto, en 2014 se plantó un bosque de mil árboles que hoy tienen de tres años de edad en Noruega; éste, eventualmente, será transformado en una antología de cien libros que se publicarán en cien años con el papel que se produzca de estos árboles. Cada año de aquí a entonces, el Future Library Trust, escogerá a un autor que contribuya con un manuscrito que nadie podrá ver hasta el año 2114 (lo único que podrá saberse es el título de la pieza, el nombre de su autor, y la extensión del texto), cuando este fondo se encargue de cortar los árboles y convertirlos en el papel que se usará para los cien tomos de esta extraña antología.

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El lugar donde estos árboles crecen, ubicado en la zona forestal de Nordmarka en las afueras de Oslo, era un bosque que fue talado para el proyecto; la madera obtenida es actualmente utilizada para construir una nueva biblioteca pública que abrirá sus puertas en 2019, y que cuenta con una sala especialmente reservada para los manuscritos del proyecto Future Library; los libros de esta colección serán exhibidos dentro de cajas de luz y colocados en las paredes de la sala. El bosque donde actualmente crecen los pequeños árboles ya es visitado anualmente y considerado por algunos un bosque sagrado.

Hasta el día de hoy se han comisionado cuatro libros —sus autores son Margaret Atwood, el novelista inglés David Mitchell, el narrador islandés Sjón y la escritora Elif Şafak— y los autores se escogen, anualmente, de una lista previamente seleccionada de escritores. Los criterios de selección del Future Library Trust toman en cuenta las contribuciones a la narrativa y la poesía de cada artista; en el futuro, cuando tenga que imprimirse el material, esta mesa directiva deberá tomar decisiones sobre su publicación y si este material será editado, impreso y distribuido mundialmente. La entrega de cada nuevo manuscrito se llevará a cabo en una ceremonia anual de primavera en el bosque.

Sólo un profundo amor por los libros y lo que estos objetos pueden transmitir (pensemos en los hermosos libros congelados de la artista Basia Irland) podría derivar en un proyecto como este, uno que se basa en la confianza de que alguien más lo continuará una vez que su creadora haya muerto, y una iniciativa de diálogo con quienes habitarán nuestro planeta en cien años. Además, Future Library habla sobre el valor de los libros como objetos artesanales —recordándonos, incluso, los libros medievales que se escribían e ilustraban a mano. Se trata de una pieza de arte que respira y crece, que nos invita a cuidar nuestro planeta y a pensar en las generaciones futuras, un cadáver exquisito de textos que da por sentado que en cien años seguirán existiendo los libros y los bosques (una idea maravillosa), un bosque futuro que también nos habla sobre el paso del tiempo y la paciencia, y nos recuerda que casi todo lo que vale la pena en la vida toma tiempo.

 

*Imágenes: Future Library