Si los caminos del Señor son inescrutables, los de la historia no lo son menos. Azar o predestinación, a veces los destinos de los hombres se cruzan y bifurcan en su encuentro con la historia.  Que el pensamiento del autor de Anna Karenina acabara influyendo en el destino de la independencia de la India, demuestra que las leyes de causa y efecto sobrepasan con mucho nuestros limitados pronósticos.

León Tolstói y Mahatma Gandhi parecían destinados a encontrarse en el devenir tumultuoso de la historia del siglo XX. El escritor, convertido en una figura universalmente reconocida de la literatura, atravesaba una profunda crisis espiritual que lo llevó a buscar respuestas en la ciencia y en la filosofía. Incapaz de encontrar esperanza en tales disciplinas, Tolstói recurre a los dogmas de la iglesia ortodoxa, topándose de nuevo con una desesperanzada ausencia de respuestas. Será en la atenta lectura de las sagradas escrituras, donde el gigante de la literatura creerá encontrar aquellas directrices que tan ansiosamente buscaba. En el Sermón de la montaña, Tolstói localizará las  respuestas  a su angustia por el futuro de la humanidad.

El reino de Dios está en vosotros fue su conclusión. Un libro que, a pesar de la inconmensurable fama de su autor, fue censurado en Rusia en el momento de su publicación. En él, Tolstói denunciaba la tergiversación practicada por la Iglesia en el mensaje original de Jesucristo, un mensaje de amor y perdón de las ofensas, y declaraba la incompatibilidad del auténtico cristianismo y la realidad del Estado, tendente a la represión y a la violencia. El pensamiento de Gandhi fue inflamado por el escrito.

A raíz de la participación de Tolstói en la revista El Indostán libre, con su celebérrima Carta a un Hindú, en la que respondía a la petición del editor de aportar su visión sobre la situación de la India, Gandhi escribe a Tolstói dando comienzo a una fluida correspondencia. En ella, ambos pensadores intercambiaron sus opiniones con respecto al estado del mundo, y coincidieron en reconocer la no violencia como el único camino hacia el cambio. Gandhi, influido por la ley del ahimsa (no violencia) hindú, vio confirmadas sus tendencias en la revisión apasionada que el ruso hacía del mensaje de Jesucristo, en concreto del Sermón de la montaña, en la que Jesucristo llamó hijos de Dios a los pacificadores. Una doctrina de la no violencia que parecía estar catalizada por la influencia de La desobediencia civil, de Henry David Thoreau.

La correspondencia entre Gandhi y Tolstói se prolongó durante años. El gran alma hindú, hijo de una humilde familia de vaisías y mediocre abogado al que nadie podía augurar semejante destino, se había encontrado con su doble ruso, un acomodado hijo de la nobleza,  otro mahatma dispuesto a sacrificar su vida por el destino de la humanidad.

Tras abandonar a su esposa y renunciar a todos sus bienes en solidaridad con los desfavorecidos, el autor de Guerra y Paz cayó fatalmente enfermo. En 1910, fecha de la última correspondencia entre los dos grandes hombres, Tolstói muere a los 82 años en la estación ferroviaria de Astápovo. Esta última y extensa carta marcará definitivamente el rumbo de Gandhi.

Forjado como libertador y abolicionista en su lucha por la causa de los indios en Sudáfrica, país en el que residió cerca de veinte años, Gandhi regresó a la India y puso en práctica su idea de la resistencia pacífica. Su actitud logró reunir un movimiento masivo que albergó a las clases más desfavorecidas del país, y que tuvo como consecuencia la independencia de la India en 1947. Vestido con su tradicional dothi blanco, Gandhi demostró que el amor y la paz son armas más válidas contra la opresión que la sed de venganza y la lucha militar.

Cabe pensar que Tolstói, en su época de estudiante de derecho y lenguas orientales de la Universidad de Kazán, tuvo su primer contacto con la cultura india, y que, presumiblemente, esto influyó en su futura doctrina de la no violencia. De ser así, todo parecería estar predestinado para estos dos hombres irrepetibles. Cómo si el destino de todo un país estuviera ya inscrito en sus corazones, separados por fronteras geográficas pero unidos por un mismo amor a la humanidad.

Si los caminos del Señor son inescrutables, los de la historia no lo son menos. Azar o predestinación, a veces los destinos de los hombres se cruzan y bifurcan en su encuentro con la historia.  Que el pensamiento del autor de Anna Karenina acabara influyendo en el destino de la independencia de la India, demuestra que las leyes de causa y efecto sobrepasan con mucho nuestros limitados pronósticos.

León Tolstói y Mahatma Gandhi parecían destinados a encontrarse en el devenir tumultuoso de la historia del siglo XX. El escritor, convertido en una figura universalmente reconocida de la literatura, atravesaba una profunda crisis espiritual que lo llevó a buscar respuestas en la ciencia y en la filosofía. Incapaz de encontrar esperanza en tales disciplinas, Tolstói recurre a los dogmas de la iglesia ortodoxa, topándose de nuevo con una desesperanzada ausencia de respuestas. Será en la atenta lectura de las sagradas escrituras, donde el gigante de la literatura creerá encontrar aquellas directrices que tan ansiosamente buscaba. En el Sermón de la montaña, Tolstói localizará las  respuestas  a su angustia por el futuro de la humanidad.

El reino de Dios está en vosotros fue su conclusión. Un libro que, a pesar de la inconmensurable fama de su autor, fue censurado en Rusia en el momento de su publicación. En él, Tolstói denunciaba la tergiversación practicada por la Iglesia en el mensaje original de Jesucristo, un mensaje de amor y perdón de las ofensas, y declaraba la incompatibilidad del auténtico cristianismo y la realidad del Estado, tendente a la represión y a la violencia. El pensamiento de Gandhi fue inflamado por el escrito.

A raíz de la participación de Tolstói en la revista El Indostán libre, con su celebérrima Carta a un Hindú, en la que respondía a la petición del editor de aportar su visión sobre la situación de la India, Gandhi escribe a Tolstói dando comienzo a una fluida correspondencia. En ella, ambos pensadores intercambiaron sus opiniones con respecto al estado del mundo, y coincidieron en reconocer la no violencia como el único camino hacia el cambio. Gandhi, influido por la ley del ahimsa (no violencia) hindú, vio confirmadas sus tendencias en la revisión apasionada que el ruso hacía del mensaje de Jesucristo, en concreto del Sermón de la montaña, en la que Jesucristo llamó hijos de Dios a los pacificadores. Una doctrina de la no violencia que parecía estar catalizada por la influencia de La desobediencia civil, de Henry David Thoreau.

La correspondencia entre Gandhi y Tolstói se prolongó durante años. El gran alma hindú, hijo de una humilde familia de vaisías y mediocre abogado al que nadie podía augurar semejante destino, se había encontrado con su doble ruso, un acomodado hijo de la nobleza,  otro mahatma dispuesto a sacrificar su vida por el destino de la humanidad.

Tras abandonar a su esposa y renunciar a todos sus bienes en solidaridad con los desfavorecidos, el autor de Guerra y Paz cayó fatalmente enfermo. En 1910, fecha de la última correspondencia entre los dos grandes hombres, Tolstói muere a los 82 años en la estación ferroviaria de Astápovo. Esta última y extensa carta marcará definitivamente el rumbo de Gandhi.

Forjado como libertador y abolicionista en su lucha por la causa de los indios en Sudáfrica, país en el que residió cerca de veinte años, Gandhi regresó a la India y puso en práctica su idea de la resistencia pacífica. Su actitud logró reunir un movimiento masivo que albergó a las clases más desfavorecidas del país, y que tuvo como consecuencia la independencia de la India en 1947. Vestido con su tradicional dothi blanco, Gandhi demostró que el amor y la paz son armas más válidas contra la opresión que la sed de venganza y la lucha militar.

Cabe pensar que Tolstói, en su época de estudiante de derecho y lenguas orientales de la Universidad de Kazán, tuvo su primer contacto con la cultura india, y que, presumiblemente, esto influyó en su futura doctrina de la no violencia. De ser así, todo parecería estar predestinado para estos dos hombres irrepetibles. Cómo si el destino de todo un país estuviera ya inscrito en sus corazones, separados por fronteras geográficas pero unidos por un mismo amor a la humanidad.

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