El Global Consciousness Project (o Proyecto de la Conciencia Global) es uno de los esfuerzos más serios que se han realizado en los últimos años por explorar las fronteras de la conciencia humana, arriesgando translimitar los paradigmas dominantes de la ciencia. Criticado por muchos al aventurarse dentro de lo que supuestamente es del dominio exclusivo de la parapsicología y de lo paranormal, este proyecto, encabezado por Roger Nelson desde la Universidad de Princeton, se dedica a probar la elegante y radical hipótesis de que la conciencia global puede medirse y es capaz de hacerse tangible en el mundo material.

Para llevar a cabo esta empresa, el Global Consciousness Project ha conformado una red de científicos, ingenieros, artistas y programadores en decenas de países que contribuyen a realizar mediciones en momentos específicos en los que, debido a un evento de escala mundial, se considera probable la manifestación de esta “conciencia global”.

Para medir este elusivo coeficiente de “conciencia global” se utilizan una red de generadores numéricos aleatorios distribuidos en distintos lugares del mundo. Estos nodos generan números al azar constantemente y son registrados en una base de datos sincronizada en el servidor de Princeton. La tesis del proyecto es que si durante eventos de escala global los números que generan estos instrumentos varían estadísticamente del mero azar, generando patrones numéricos con una probabilidad de ocurrir de menos de 1 en mil millones, entonces es plausible afirmar que la concentración del pensamiento humano colectivo está influyendo en los resultados. Estos instrumentos, también conocidos como EGG’s (electro-gaia-gramas), son sofisticados equivalentes a tirar una moneda cada segundo al aire y registrar los resultados –buscando desviaciones estadísticas.

Los resultados, midiendo eventos como la muerte de la Princesa Diana o la final de la Copa del Mundo, son estadísticamente significativos. “El comportamiento de nuestra red de fuentes aleatorias está correlacionado con la conciencia humana interconectada en una escala global. Existe un efecto general significativo en los instrumentos del Global Consciousness Project durante tiempos especiales que identificamos como ‘eventos globales’ que reúnen a grandes cantidades de personas que comparten emociones y conciencia”, escribe en el sitio de este proyecto Roger Nelson.

La inspiración del Global Consciousness Project es el concepto de la Noósfera del paleontólogo y sacerdote jesuita Pierre Teilhard de Chardin, quien contrariamente a su formación cristiana, consideraba que el hombre estaba evolucionando al punto de crear una capa pensante colectiva o una esfera de energía psíquica planetaria. Este estadio evolutivo, según Teilhard de Chardin, era el resultado de la aceleración de la complejidad de la materia en el universo, de la cual el hombre era la punta de lanza, disparándose hacia un Punto Omega.

¿En realidad existe una conciencia colectiva que interconecta a la humanidad? ¿Es la conciencia capaz de manifestare en el mundo fenomenológico y alterar los procesos materiales? Resulta difícil afirmarlo categóricamente, pero acaso el trabajo de un grupo de aguzados emprendedores apunta en una dirección positiva. Científicos que poseen una gran apreciación estética e incluso hacen poemas de este misterioso fenómeno en el centro de la existencia: la conciencia que invade al mundo.

El Global Consciousness Project (o Proyecto de la Conciencia Global) es uno de los esfuerzos más serios que se han realizado en los últimos años por explorar las fronteras de la conciencia humana, arriesgando translimitar los paradigmas dominantes de la ciencia. Criticado por muchos al aventurarse dentro de lo que supuestamente es del dominio exclusivo de la parapsicología y de lo paranormal, este proyecto, encabezado por Roger Nelson desde la Universidad de Princeton, se dedica a probar la elegante y radical hipótesis de que la conciencia global puede medirse y es capaz de hacerse tangible en el mundo material.

Para llevar a cabo esta empresa, el Global Consciousness Project ha conformado una red de científicos, ingenieros, artistas y programadores en decenas de países que contribuyen a realizar mediciones en momentos específicos en los que, debido a un evento de escala mundial, se considera probable la manifestación de esta “conciencia global”.

Para medir este elusivo coeficiente de “conciencia global” se utilizan una red de generadores numéricos aleatorios distribuidos en distintos lugares del mundo. Estos nodos generan números al azar constantemente y son registrados en una base de datos sincronizada en el servidor de Princeton. La tesis del proyecto es que si durante eventos de escala global los números que generan estos instrumentos varían estadísticamente del mero azar, generando patrones numéricos con una probabilidad de ocurrir de menos de 1 en mil millones, entonces es plausible afirmar que la concentración del pensamiento humano colectivo está influyendo en los resultados. Estos instrumentos, también conocidos como EGG’s (electro-gaia-gramas), son sofisticados equivalentes a tirar una moneda cada segundo al aire y registrar los resultados –buscando desviaciones estadísticas.

Los resultados, midiendo eventos como la muerte de la Princesa Diana o la final de la Copa del Mundo, son estadísticamente significativos. “El comportamiento de nuestra red de fuentes aleatorias está correlacionado con la conciencia humana interconectada en una escala global. Existe un efecto general significativo en los instrumentos del Global Consciousness Project durante tiempos especiales que identificamos como ‘eventos globales’ que reúnen a grandes cantidades de personas que comparten emociones y conciencia”, escribe en el sitio de este proyecto Roger Nelson.

La inspiración del Global Consciousness Project es el concepto de la Noósfera del paleontólogo y sacerdote jesuita Pierre Teilhard de Chardin, quien contrariamente a su formación cristiana, consideraba que el hombre estaba evolucionando al punto de crear una capa pensante colectiva o una esfera de energía psíquica planetaria. Este estadio evolutivo, según Teilhard de Chardin, era el resultado de la aceleración de la complejidad de la materia en el universo, de la cual el hombre era la punta de lanza, disparándose hacia un Punto Omega.

¿En realidad existe una conciencia colectiva que interconecta a la humanidad? ¿Es la conciencia capaz de manifestare en el mundo fenomenológico y alterar los procesos materiales? Resulta difícil afirmarlo categóricamente, pero acaso el trabajo de un grupo de aguzados emprendedores apunta en una dirección positiva. Científicos que poseen una gran apreciación estética e incluso hacen poemas de este misterioso fenómeno en el centro de la existencia: la conciencia que invade al mundo.

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