Mucho menos conocido en la actualidad que otros grabadores-pintores como Rembrandt o Durero —del que fue admirador—, Hendrick Goltzius (1558- 1617) fue una superestrella del grabado entre sus contemporáneos. Tanto es así que, según los testimonios de la época, Goltzius (latinización de su verdadero apellido paterno Goltz) tenía que ocultar su rostro durante sus paseos por Roma, ciudad a la que viajaba a absorber las enseñanzas de su admirado Miguel Ángel, para no ser descubierto por una turba de admiradores incondicionales.

Pero de poco le valía a Goltzius esconder su rostro, cualquier ademán podía poner al descubierto la que era su seña más característica: su mano derecha. Debido a un incendio, a la temprana edad de un año, Goltzius sufrió graves quemaduras en su mano derecha, que desde entonces quedó parcialmente lisiada.

El “defecto” de Goltzius, su particular estigma, no hizo más que acrecentar su fama. La elevada calidad artística de sus grabados se consideraba poco común, y eran muchos los que atribuían su virtuosismo a las características sui generis de su mano derecha. Tanto es así que, según Karel Van Mander, amigo y biógrafo del grabador, el artista dibujaba con la mano izquierda, pero para grabar al buril lo hacía exclusivamente con la derecha. Según el historiador Mayor A. Hyatt, era precisamente la particular disposición de su mano lisiada la que le permitía agarrar con más firmeza el buril “al ser forzado a dibujar con los grandes músculos de su brazo y hombro, de forma que dominó el giro de las líneas”.

Goltzius adquirió gran parte de su destreza durante su juventud, en el taller de su padre. Éste se dedicaba a la pintura sobre vidrio y, bajo su tutela, el futuro grabador aprendió a dominar sus especiales características físicas y a ponerlas al servicio de una ambición artística sin límites.

El hecho de que Goltzius era consciente de que su deformidad se había convertido en una ventaja, en algo especial, queda patente en los diferentes dibujos y grabados en los que retrató su mano derecha. El virtuosismo y perfección de su línea es evidente en grabados tan fascinantes como los que dedica a los cuatro caídos de la mitología griega ( Faetón, Ixión, Ícaro y Tántalo). Su historia — recuperada en la película Goltzius and the Pelican Company de Peter Greenaway— es un testimonio sorprendente de cómo una limitación física puede llegar a convertirse en un don.

goltzius1
 

Imágenes: 1) Dominio público 2) Dominio público

Mucho menos conocido en la actualidad que otros grabadores-pintores como Rembrandt o Durero —del que fue admirador—, Hendrick Goltzius (1558- 1617) fue una superestrella del grabado entre sus contemporáneos. Tanto es así que, según los testimonios de la época, Goltzius (latinización de su verdadero apellido paterno Goltz) tenía que ocultar su rostro durante sus paseos por Roma, ciudad a la que viajaba a absorber las enseñanzas de su admirado Miguel Ángel, para no ser descubierto por una turba de admiradores incondicionales.

Pero de poco le valía a Goltzius esconder su rostro, cualquier ademán podía poner al descubierto la que era su seña más característica: su mano derecha. Debido a un incendio, a la temprana edad de un año, Goltzius sufrió graves quemaduras en su mano derecha, que desde entonces quedó parcialmente lisiada.

El “defecto” de Goltzius, su particular estigma, no hizo más que acrecentar su fama. La elevada calidad artística de sus grabados se consideraba poco común, y eran muchos los que atribuían su virtuosismo a las características sui generis de su mano derecha. Tanto es así que, según Karel Van Mander, amigo y biógrafo del grabador, el artista dibujaba con la mano izquierda, pero para grabar al buril lo hacía exclusivamente con la derecha. Según el historiador Mayor A. Hyatt, era precisamente la particular disposición de su mano lisiada la que le permitía agarrar con más firmeza el buril “al ser forzado a dibujar con los grandes músculos de su brazo y hombro, de forma que dominó el giro de las líneas”.

Goltzius adquirió gran parte de su destreza durante su juventud, en el taller de su padre. Éste se dedicaba a la pintura sobre vidrio y, bajo su tutela, el futuro grabador aprendió a dominar sus especiales características físicas y a ponerlas al servicio de una ambición artística sin límites.

El hecho de que Goltzius era consciente de que su deformidad se había convertido en una ventaja, en algo especial, queda patente en los diferentes dibujos y grabados en los que retrató su mano derecha. El virtuosismo y perfección de su línea es evidente en grabados tan fascinantes como los que dedica a los cuatro caídos de la mitología griega ( Faetón, Ixión, Ícaro y Tántalo). Su historia — recuperada en la película Goltzius and the Pelican Company de Peter Greenaway— es un testimonio sorprendente de cómo una limitación física puede llegar a convertirse en un don.

goltzius1
 

Imágenes: 1) Dominio público 2) Dominio público