La lucha de las mujeres por la igualdad social tiene una historia larga y tortuosa, con victorias parciales y desde luego muchas batallas aún por pelear. Pero una de las batallas que aún no se libran –sin que se sepa muy bien en qué consistirá el escenario de la victoria— es el mundo del arte, donde la mujer sigue relegada al terreno de la curiosidad o la figura de la musa inspiradora, pero no como creadora en el pleno sentido de la palabra.

Las mujeres que logran una posición sólida como artistas, curadoras o críticas lo hacen luego de años de soportar un trato subordinado y excepcionalista, cumpliendo cuotas de género y trabajando duro frente a los prejuicios que incluso existen en el lenguaje: ¿o cuántas mujeres son referidas en catálogos, revistas especializadas u homenajes en términos de genio, ese estatus semi divino al que sólo unos pocos artistas ­­–estrictamente hombres– llegan a ser reconocidos?

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En este contexto, en 1985 surgió el colectivo anónimo Guerrilla Girls, con una acción inédita hasta entonces. El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) presentaba en ese año una revisión internacional de pintura y escultura donde se exponía el trabajo de 169 artistas, pero sólo 13 de ellos eran mujeres. La acción inaugural de Guerrilla Girls consistió en plantarse frente al museo con máscaras de simio y llevando pancartas que ironizaban acerca del lugar en que el mundo del arte sitúa a las mujeres.

En 1989 colocaron un enorme cartel frente al Museo Metropolitano de Nueva York: “Menos del 5% de los artistas en las Secciones de Arte Moderno del Met. son mujeres, pero 85% de los desnudos son femeninos.” El cartel presentaba la icónica figura de la “Gran Odalisca” de Ingres utilizando la máscara de mono que para entonces ya era parte del uniforme oficial de Guerrilla Girls.

La idea de la máscara de mono fue tomada de la película Blonde Venus, donde Marlene Dietrich aterrorizaba al público apareciendo vestida de gorila. Desde entonces, Guerrilla Girls ha seguido luchando por impulsar el reconocimiento de las mujeres en el mundo del arte –una batalla digna de un verdadero guerrero.

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La lucha de las mujeres por la igualdad social tiene una historia larga y tortuosa, con victorias parciales y desde luego muchas batallas aún por pelear. Pero una de las batallas que aún no se libran –sin que se sepa muy bien en qué consistirá el escenario de la victoria— es el mundo del arte, donde la mujer sigue relegada al terreno de la curiosidad o la figura de la musa inspiradora, pero no como creadora en el pleno sentido de la palabra.

Las mujeres que logran una posición sólida como artistas, curadoras o críticas lo hacen luego de años de soportar un trato subordinado y excepcionalista, cumpliendo cuotas de género y trabajando duro frente a los prejuicios que incluso existen en el lenguaje: ¿o cuántas mujeres son referidas en catálogos, revistas especializadas u homenajes en términos de genio, ese estatus semi divino al que sólo unos pocos artistas ­­–estrictamente hombres– llegan a ser reconocidos?

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En este contexto, en 1985 surgió el colectivo anónimo Guerrilla Girls, con una acción inédita hasta entonces. El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) presentaba en ese año una revisión internacional de pintura y escultura donde se exponía el trabajo de 169 artistas, pero sólo 13 de ellos eran mujeres. La acción inaugural de Guerrilla Girls consistió en plantarse frente al museo con máscaras de simio y llevando pancartas que ironizaban acerca del lugar en que el mundo del arte sitúa a las mujeres.

En 1989 colocaron un enorme cartel frente al Museo Metropolitano de Nueva York: “Menos del 5% de los artistas en las Secciones de Arte Moderno del Met. son mujeres, pero 85% de los desnudos son femeninos.” El cartel presentaba la icónica figura de la “Gran Odalisca” de Ingres utilizando la máscara de mono que para entonces ya era parte del uniforme oficial de Guerrilla Girls.

La idea de la máscara de mono fue tomada de la película Blonde Venus, donde Marlene Dietrich aterrorizaba al público apareciendo vestida de gorila. Desde entonces, Guerrilla Girls ha seguido luchando por impulsar el reconocimiento de las mujeres en el mundo del arte –una batalla digna de un verdadero guerrero.

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