El tsunami y el árbol de cerezo es una oda a la destrucción y al renacimiento. Los sobrevivientes de las áreas más devastadas del tsunami que azotó Japón en el 2010 encuentran valor y consuelo en la floración de los sakuras, árboles que para ellos son mucho más que belleza y transición.

Dirigido por la cineasta Lucy Walker y musicalizado por Moby, el documental entreteje metraje amateur del momento en que la ola comenzó a llevarse las casas y a los habitantes, y una fotografía poética de los cerezos en plenitud. En Japón existe un concepto estético y espiritual llamado “mono no aware” que resume impecablemente el tema de la película. Literalmente, esta expresión significa “el pathos de las cosas”; también se traduce como una empatía por las cosas, una consciencia ante la impermanencia cargada de “gentil tristeza” o melancolía. Esa es la naturaleza simbólica de los árboles de cerezo, que tienen un nombre para cada etapa de su floración y envuelven por completo, en pétalos diminutos, la psique de quien los observa.

“Hermosos pero no fastuosos”, los sakuras son consuelo para Japón. En el documental se muestra el terror y la belleza, pero el terror se olvida –como apunta uno de los entrevistados– cuando empieza la primavera cargada de irrealidad. En El tsunami y el árbol de cerezo aprendemos que los japoneses asocian sus memorias con la floración de los sakuras, y son sus mejores memorias.

tsunami04

“Todos ven a los árboles de cerezo de manera distinta, de acuerdo a cómo se sienten en ese momento”, apunta un cuidador de sakuras en el filme. “Si te sientes en paz, verás al árbol como pacífico, si te sientes irritado, verás al árbol como irritable. El cerezo es el árbol que simpatizará contigo”. En estos momentos, la situación emocional de la isla vincula su ilusión de reconstruir las ruinas con la impresionante sobrevivencia de estos árboles en flor.

La mayoría de los sakuras que estaban en el paso de la ola, de alguna manera sobrevivieron, lo mismo que a la radiación de Fuckushima –al igual que cada uno de los habitantes. Sobra decir que esto ha reforzado la hermandad, y ha sido una fuente inagotable de consuelo. “Si las plantas sobreviven, los humanos también deben hacerlo”, dice alguien en el documental.

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El tsunami y el árbol de cerezo es una oda a la destrucción y al renacimiento. Los sobrevivientes de las áreas más devastadas del tsunami que azotó Japón en el 2010 encuentran valor y consuelo en la floración de los sakuras, árboles que para ellos son mucho más que belleza y transición.

Dirigido por la cineasta Lucy Walker y musicalizado por Moby, el documental entreteje metraje amateur del momento en que la ola comenzó a llevarse las casas y a los habitantes, y una fotografía poética de los cerezos en plenitud. En Japón existe un concepto estético y espiritual llamado “mono no aware” que resume impecablemente el tema de la película. Literalmente, esta expresión significa “el pathos de las cosas”; también se traduce como una empatía por las cosas, una consciencia ante la impermanencia cargada de “gentil tristeza” o melancolía. Esa es la naturaleza simbólica de los árboles de cerezo, que tienen un nombre para cada etapa de su floración y envuelven por completo, en pétalos diminutos, la psique de quien los observa.

“Hermosos pero no fastuosos”, los sakuras son consuelo para Japón. En el documental se muestra el terror y la belleza, pero el terror se olvida –como apunta uno de los entrevistados– cuando empieza la primavera cargada de irrealidad. En El tsunami y el árbol de cerezo aprendemos que los japoneses asocian sus memorias con la floración de los sakuras, y son sus mejores memorias.

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“Todos ven a los árboles de cerezo de manera distinta, de acuerdo a cómo se sienten en ese momento”, apunta un cuidador de sakuras en el filme. “Si te sientes en paz, verás al árbol como pacífico, si te sientes irritado, verás al árbol como irritable. El cerezo es el árbol que simpatizará contigo”. En estos momentos, la situación emocional de la isla vincula su ilusión de reconstruir las ruinas con la impresionante sobrevivencia de estos árboles en flor.

La mayoría de los sakuras que estaban en el paso de la ola, de alguna manera sobrevivieron, lo mismo que a la radiación de Fuckushima –al igual que cada uno de los habitantes. Sobra decir que esto ha reforzado la hermandad, y ha sido una fuente inagotable de consuelo. “Si las plantas sobreviven, los humanos también deben hacerlo”, dice alguien en el documental.

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